Anécdotas / José Gil Fortoul: poeta, periodista y político
- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 08 Aug 2026 22:32
Algo quería escribirle desde hace tiempo, doña Clofis, sobre la Revista Azul, que se publicó en México a finales del siglo XIX. Esto porque la dirigía Manuel Gutiérrez Nájera, poeta que a usted le gusta mucho y de quien me ha recitado a veces algunas piezas en voz alta.
Mirándola me encontré un texto de José Gil Fortoul, quien fue incluido en esa publicación por ser representativo del “modernismo” fundado, según le atribuyen, a Rubén Darío: lo de “azul” porque era el color de los de esa corriente que abandonaba la poética romántica para hacerse algo realista, espiritual y libre, pero a la vez “moderna”. “Notas perdidas” (Revista Azul, México, 5 de agosto de 1894) fue su relato, el cual había aparecido en El Cojo Ilustrado (Caracas, 15 de julio de 1892). Fue escrito en Carlisle, en noviembre de 1891. Le comparto unos fragmentos; me encanta la prosa de esa época.
El narrador ha sido informado por cablegrama de la muerte de su padre. Se toma la noticia con algún tipo de calma, pues el difunto lo había acostumbrado a “recibir sin sorpresa lo inesperado y a penetrar sin temor en lo desconocido”. Empero, ahí estaba el dolor “puramente orgánico que se acerca a la desesperación o a la locura” hasta que la racionalidad haga sentir al doliente que “el cerebro recupera sus funciones habituales […]. Entonces, con la resurrección del recuerdo empieza la melancólica voluptuosidad del desconsuelo”. Lo único que permanece en el mundo “queda en mi corazón y en mi memoria”. “Por el recuerdo llevamos en nosotros la existencia moral de nuestros antepasados, así como por la herencia llevamos su existencia
orgánica pues […] Cada alma es la resultante consciente de ideas
y amores que han venido repitiéndose a través de las generaciones.” Termina así: “Evoco el ser moral de mi padre y continúo conversando con él. Voy a dormir tranquilo. Mi amado viejo está conmigo puesto que vive en mi.”
¿Cree en el alma, en la permanencia de la moral de nuestros ancestros? ¿En que con ellos se puede conversar después de que se marchan para siempre? ¿Le gustan las preguntas que le hago, querida amiga?
Resultó que la curiosa de su colega se siguió de largo. Mis descubrimientos fueron harto atrayentes. Don José Gil perteneció a esa época en que, como afirmó Darío, había que ser de las “tres P”: poeta, periodista y político. El venezolano se ajustó al criterio. Trabajó en periódicos, en el servicio exterior de Venezuela y hasta alcanzó a ser presidente provisional de su país entre 1913 y 1914. Sus detractores lo acusan de apoyar dictaduras como las de Juan Vicente Gómez y de Cipriano Castro. Incluso, que fue por eso que atentaron contra su vida en el “Nuevo Circo” de Caracas el 14 de febrero de 1936: una multitud se fue encima de él a sillazos, pero no murió ese día sino hasta 1943. R. Piña Daza (Letras, 2017) incluso le reprochó militar en causas “con las cuales no estaría de acuerdo, pero preferimos echar sobre aquellas un piadoso velo de silencio” y quedarse con “los rasgos fundamentales de su vida para hilvanar sobre ella su aporte a las letras patrias”, tal como fue su prolija obra historiográfica que incluyó el clásico Historia constitucional de Venezuela (1909). Por otra parte, en aparente contradicción con su ideología política, publicó “Sufragio Popular” donde, ya desde el 22 de marzo de 1883, promovía el voto popular, directo, secreto y universal, como base del ideal republicano.
Me quedo con una anécdota de época. Para defender el honor y la fama públicas, los duelos con espada eran frecuentes. Por una diatriba de carácter administrativo, José Gil Fortoul se halló frente a frente con el famosísimo crítico literario guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, a las afueras de París, en 1908. Con dos heridas fuertes, pero sin perder la vida, Gil Fortoul ganó el duelo a Gómez Carrillo. ¿Qué le parece? Saludos calurosos.