Borges, cuatro décadas después. Entrevista con Martín Kohan
- Mario Bravo - Saturday, 08 Aug 2026 22:29
Fama y disuasión
–¿Por qué la figura literaria de Borges permanece tan vigente, a pesar de que han transcurrido cuatro décadas desde su muerte?
–En la década de los cuarenta quedó en evidencia que la literatura argentina había producido, por fin, un verdadero genio. En esos años publicó sus libros más significativos: Ficciones y El Aleph. En un ámbito más amplio, durante la década de los setenta, Borges alcanzó una notoriedad muy fuerte. No es exagerado decir que era famoso, con una presencia asidua en los espacios masivos de comunicación, no sólo en zonas de la crítica cultural o literaria, sino también en medios populares de difusión general. Daba entrevistas a quien las pidiera. Esa notoriedad y el tipo de admiración que fue suscitando (no necesariamente en correlación proporcional con la lectura efectiva de su literatura) produjeron una rara discordancia: se activó una veneración cargada de solemnidad que provocó un efecto inhibitorio e intimidatorio. La figura mayúscula de Borges, en lugar de invitar a leerlo, disuadía por un efecto de inhibición, pues en torno a él se creó la idea de que su literatura era demasiado difícil, demasiado compleja, demasiado exigente; una literatura para la cual muchos de sus admiradores no se sentían listos. También aparecieron las posiciones políticas predominantes en Borges. Digo predominantes porque sostuvo posturas políticas distintas y, en algún sentido, incluso contradictorias en diferentes etapas de su vida. En muchos casos, esos posicionamientos llevaron a desistir de leerlo por razones ideológicas. En la pregunta, vos formulas cómo, a pesar de los años transcurridos, se sigue leyendo a Borges… Y yo diría: gracias a los años transcurridos se lo sigue leyendo.
Universo Borges
–El periodista Juan Forn expresó que el antídoto para la escritura compleja de Borges es Roberto Arlt, bastante leído por los sectores populares argentinos, aunque “escribiera mal”, tal como se decía en tiempos del autor de El juguete rabioso. ¿Cómo ha envejecido la contradicción
Borges vs. Arlt?
–Marcas un aspecto clave. El hecho de que Borges haya vivido tanto (hasta los ochenta y seis años) se combina con el hecho de que Arlt murió joven, a los cuarenta y dos. A veces, eso hace perder perspectiva de su estricta contemporaneidad. Ambos fueron escritores disímiles y contrastantes. Arlt funcionó como una irrupción al desacomodar los parámetros del valor literario, desde donde se consideraba que escribía mal. Alguien dijo, cierta vez, que cualquiera podía corregir una página de Roberto Arlt, pero sólo él podía escribirla. La incidencia de Roberto Arlt es enormemente poderosa y, en algún punto, ha funcionado de manera antinómica con Borges.
Una literatura como la de Borges produce un efecto de totalidad. Cuando esa totalidad se activa, parece no haber otra literatura que no sea borgeana, en cierto modo. Los intelectuales nucleados alrededor de la revista Contorno, tales como David Viñas, Noé Jitrik, Juan José Sebreli, Óscar Masotta y León Rozitchner, acertaron al abrir un universo literario distinto al de Borges y matizar el efecto abrumador de su obra. Así, se afirmó que existía otra literatura posible, otra relación con la lengua, con los saberes y con lo social: Roberto Arlt. En realidad, esto fue una contraposición de imaginarios de la literatura. Vos ponés un pie en una página de Borges y toda la literatura parece estar ahí. Y, en cierto modo, lo está. ¿Cómo abrirle una brecha a eso? ¿Cómo abrirle una alternativa a eso? Situar a Arlt, remitirse a Arlt, empezar con la legitimación de esa mala escritura de Arlt; no para trasladarlo a la buena escritura, sino para desestabilizar un orden de valores que alteraba también los parámetros del universo Borges. Fue fabulosa esa intervención por la cual, al situarse allí, se rearmaba un mapa de la literatura argentina sin desalojar a Borges, pues habría sido una torpeza desacreditar su legítima centralidad.
Antiperonista
–¿Cómo explica los discutibles y criticables posicionamientos políticos de alguien tan intelectualmente brillante como Borges? ¿Ingenuidad, torpeza o ante qué estamos?
–Borges mismo se presentaba como alguien que no profundizaba las cuestiones políticas en demasía. Se pronunciaba fuertemente sobre un asunto en el que no le interesaba tampoco matizar ni ahondar demasiado. Cabe hacer una salvedad: sus posiciones de juventud no fueron iguales a las que expresó a partir de las décadas de los treinta y cuarenta. Incluso, en algunos aspectos, tuvo una tesitura muy contrastante, por no decir opuesta con los posicionamientos que tendría años después. No existe un solo Borges políticamente. Sí hubo una postura dominante, más duradera y reconocible; pero no fue la única que tuvo a lo largo de su vida. Respaldó el golpe militar y a la dictadura [1976-1983]. Además, aceptó un encuentro con el dictador Jorge Rafael Videla, a quien dispensó elogios. Sin embargo, también conviene recordar esto: cuando se publicó la primera solicitud de adhesión a la lucha emprendida por las Madres de Plaza de Mayo, entre las firmas de adhesión estuvo la de Jorge Luis Borges. Asimismo, hacia 1985, poco antes de su muerte, Borges asistió a una de las sesiones del juicio a las Juntas Militares. Hechas estas distinciones, es cierto que existe un Borges dominante, de posiciones abiertamente conservadoras, que saludó fervorosamente al menos dos de los golpes militares producidos en la Argentina a lo largo del siglo XX. Y lo hizo porque fueron intervenciones del autoritarismo militar contra la democracia; pero contra una democracia sostenida, en ese momento, por un gobierno peronista. Una clave: Borges fue inteligente y brillante para detectar contradicciones, matices y gradaciones. Dislocó binarismos rígidos cuando escribió sobre el tema del traidor
y del héroe, así como cuando trabajó el texto Historia del guerrero y la cautiva. Fue tan brillante como para advertir que las rigideces de las antinomias se pueden desestabilizar y complejizar. Pero fue esquemático en el reduccionismo binario del antiperonismo. Y no se movió de ahí. En la radicalidad de su fervor antiperonista, si aquello que se desencadenaba contra el peronismo era un golpe militar y una dictadura, sólo por el hecho de desencadenarse contra el peronismo para Borges era loable.
Reescribir lo leído
–Para escribir lo que Borges escribió hay que leer bastante. ¿Existe un método Borges encausado a ser lector?
–Es crucial lo que decís. Él mismo anteponía su condición de lector. Con ello, hizo toda una concepción de la literatura, no en desmedro de la escritura, sino como concepción de la misma: la escritura es reescritura de lecturas. No existe una disyuntiva entre escribir o leer porque, en la concepción borgeana, la escritura se deriva de la lectura. Por eso cobra un espesor significativo el hecho de que algunos de sus textos sean reescrituras de textos anteriores, fundamentalmente dos cuentos en los que reescribe dos episodios del Martín Fierro, de José Hernández, clásico argentino del siglo XIX: El fin y Biografía de Tadeo Isidoro Cruz. En ambos, la escritura es reescritura; es decir, elaboración de una lectura. En Borges no existe la intención de descartar la tradición para dar lugar a lo nuevo: lo nuevo se hace con la tradición y no contra ella. Pienso en el cuento “Pierre Menard, autor del Quijote”, ese juego prodigioso mediante el cual alguien aparece como el autor de un texto ya escrito. Borges no modifica una sola palabra: reproduce el documento tal cual es y, sin embargo, ese mismo texto se convierte en otro, hasta el punto de que Pierre Menard puede ser declarado su autor. Cada texto, siendo el mismo, es nuevo en cada lectura. ¿Qué hace Pierre Menard con el Quijote? ¡Lo lee! Y el hecho de leerlo en Francia y en otra época hace que ese texto adquiera sentidos que el original no tenía.
Diseccionando…
–Finalmente, ¿cómo operó la maquinaria de escritura del autor de Funes el memorioso?
–A menudo, estos procedimientos producen efectos de lectura. Borges recurre con frecuencia al procedimiento de remitirse a una escritura previa y decir: “En el artículo de la Enciclopedia Británica, aparece tal cosa…”. Ahí está el gesto empírico de volver sobre textos anteriores y reescribirlos. Pero también echa mano del recurso de producir la impresión de que una escritura viene de otra escritura. A veces esa escritura anterior es inventada, porque él no hacía siempre lo mismo. En ciertos casos sí estamos ante la reescritura de un texto anterior constatable: Cruz es un personaje de Martín Fierro, de José Hernández. En otros, en cambio, Borges inventa esa fuente previa para producir el efecto de que toda escritura procede de otra escritura. En Borges no siempre la escritura viene de otra escritura; en ocasiones proviene de un relato oral. En “El cautivo”, breve texto del libro El hacedor, escribe: “Esta historia me la refirieron en Junín o en Tapalqué.” Ahí incorpora a la escritura una historia transmitida oralmente, sin recurrir, por ejemplo, al artículo sobre Berkeley en la Enciclopedia Británica. Así como en algunos casos toma datos precisos, a veces los inventa para producir el efecto de la precisión bibliográfica. También recurre al efecto propicio de la indefinición propia del relato oral.