Marginales / Elsa Aguirre y la dramaturgia mexicana
- Gonzalo Valdés Medellín - Saturday, 01 Aug 2026 22:03
En 1987 tuve el privilegio de ver, como espectador y crítico, a la enorme Elsa Aguirre en el teatro, con la obra de Pablo Salinas Las bellas imágenes, inspirada en la novela de Simone de Beauvoir: casi un monólogo, el peso total recaía en ella que, avalada por su regia presencia y gracia inigualable, lograba seducir, porque ese era el gran encanto de Elsa Aguirre como actriz, no sólo del cine, sino del teatro y de la vida misma como personaje público: la seducción. Fue la última obra que hizo.
Pero Elsa Aguirre había debutado treinta años atrás en los escenarios mexicanos, con la emblemática pieza de la dramaturgia nacional Nocturno a Rosario de Wilberto Cantón, dirigida por Jebert Darien, que desmembraba el amor loco del poeta Manuel Acuña por Rosario de la Peña hasta conducirlo al suicidio, y se convertiría siempre en tema de evocaciones entre conocedores, con la notable actuación de Elsa Aguirre, que la ubicaría entre las más notables actrices de México, sin desentonar al haber pasado del cine al teatro, como era el caso, y siendo el gran ícono viviente la Época de Oro del Cine Mexicano.
Fue una enamorada del teatro y supo escoger muy bien sus temas y autores. En 1967 estrenó del español Alejandro Casona Corona de amor y muerte, que pavimentó los caminos para lo que posteriormente realizó: el teleteatro La mulata de Córdoba (1968) guión nada menos que de la insigne cuentista mexicana Guadalupe Dueñas y producido por Ernesto Alonso, donde dio vuelo a su talento histriónico e imantó, bien podría decirse que embrujó con su hermosura, altivez, porte y grave voz, al crear un personaje que no ha vuelto a ser interpretado con el gran extremo de belleza como lo hizo ella: soberbia.
En La dama de la luna roja de Hugo Argüelles (1970), dirección de Miguel Sabido (donde lució para sorpresa de propios y extraños seis vestidos de Amando Valdés Peza, el diseñador que había vestido a María Félix y a otras tantas divas), Elsa Aguirre ya se mostraba dueña absoluta del escenario, capaz de sortear con autenticidad, solvencia y dramatismo el duro ensamblaje dramático a que la sometía el exigente texto de Argüelles.
Elsa Aguirre hizo teatro mexicano contemporáneo: Cantón, Dueñas, Argüelles, Salinas, fueron sus dramaturgos. Con eso le bastó para forjar un lugar de honor como una de las actrices más sólidas, eminentes, admiradas y respetadas de la escena mexicana del siglo XX.