La otra escena / Singer y Lomnitz: creación y pedagogía teatral
- Miguel Ángel Quemain quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 01 Aug 2026 22:15
El Retrato del Señor Molière como joven creador del Sistema Nacional de Apoyos a la creación dirigida por Martín Acosta, cuya versión de largo aliento se erige a partir de la Improvisación de Versalles y de El Misántropo de Molière, es una muestra de lo que hay que saber, saber hacer y dominar en una carrera de actuación que se construye en la horizontalidad de un proceso de montaje.
Se trata de una puesta en escena de finalización en la Escuela Libre de Artes Escénicas (ELAE) de casi dos horas, que es la conclusión de un trabajo actoral sostenido en el rigor de una pedagogía trenzada con la creación y la originalidad profesional, para presentar un montaje lleno de riesgos, pero controlados por el ingenio, la sabiduría escénica y la generosidad de un director que presenta a un conjunto muy solvente de actores que ponen sobre la escena las exigencias que les permitirán resolver la mayor parte de problemas que pueden presentarse en un montaje.
Así, Retrato del Señor Molière es un “menú”, sobre la escena, del conjunto de cualidades de las que un director quisiera disponer en un actor capaz de ser la herramienta y, al mismo tiempo, el que la pulsa y es capaz de recibir y saber dar lo que un director, una dramaturgia y un concepto escénico necesitan de él. Claro, aquí está al frente, sin demérito de los talentos actorales, un director que puede hacer actuar al palo más duro.
Así Retrato del Señor Molière cierra un ciclo que abre una convocatoria para
iniciar clases a finales de agosto. La manera de integrarse es comprometerse con una entrevista inicial, no una evaluación, que le permite a la escuela entender cuál es el material humano que transitará a lo largo de tres años y seis montajes profesionales. Es una estrategia pedagógica que le dará a los actores la visibilidad profesional y la posibilidad de trabajar con un conjunto de profesionales de la escena convocados por las figuras tutelares del montaje semestral. Todo esto permite que las materias del ciclo escolar graviten en torno al esfuerzo conceptual y técnico de la puesta en escena.
En plena pandemia, Alberto Lomnitz y Enrique Singer decidieron que, en los momentos más difíciles, para nuestro teatro por lo menos, habría que sembrar la semilla de un proyecto riguroso, pero que no dependiera de una parrilla atomizada y equidistante de materias necesarias aunque desarraigadas del montaje escénico, aisladas entre sí de un proyecto que amerita realizarlas en conjunto, a diferencia de las materias que cursa un alumno regular en un ámbito universitario, y que no van hacia el alumbramiento de un montaje.
Desarrollaron así un programa académico con cuatro ejes que sostienen esta máquina que nombraron Escuela Libre de Artes Escénicas: cuerpo, voz, conocimiento e imaginación. Su manera de enumerar las cualidades esenciales para que la promesa de actuar se cumpla.
Tanto Singer como Lomnitz ‒que viene de una familia donde conocimiento y afecto son los materiales indispensables‒, saben que un actor está hecho en nuestros días de disciplina y un saber continuado; de un quehacer como el de la filosofía, donde el pensador que se inicia tiene que hacerlo guiado por una mano experta, y que en ocasiones tiene que bordar con la aguja que enhebra el maestro.
El teatro es una vía para que transite todo lo que podemos llamar Actuación, así, con mayúscula, que implica formas muy variadas de ejercicio profesional que puede incluir desde la conducción en radio y televisión, hasta actuación en televisión y cine. Los cuatro ejes que comenté forman parte de todo ese mundo donde el cuerpo y la voz se colocan al servicio de la imaginación y el pensamiento.