Galería / La postfotografía en la época digital
- José Rivera Guadarrama - Saturday, 01 Aug 2026 22:18
Es cierto que parte de nuestro aprendizaje lo hacemos mediante representaciones visuales, pero a estas alturas del desarrollo humano es evidente que estamos inmersos en una sociedad en donde sobreabundan las imágenes. En consecuencia, estamos expuestos al constante acoso y ruido visual. Ya no es una cuestión relacionada con el erotismo de la mirada, más bien corresponde a una reiterada saturación. Por lo tanto, la fotografía comienza a transitar por diversos derroteros, en donde la manipulación de las imágenes es cada vez más fácil y notoria, muy a la par de los procesos discursivos y las lógicas de recepción en los que está inserta. De esta manera, se puede decir que ya estamos ante un cambio importante de esta disciplina, es decir, en los años de la postfotografía.
En sus inicios, la fotografía fue una herramienta efectiva para registrar las múltiples dimensiones materiales y sociales de los desarrollos culturales. El problema es que ahora predomina la saturación de imágenes que son más reproducibles, se pueden manipular con mayor facilidad, al instante, listas para usarse y repetirse en diferentes redes sociales. Con todas estas recientes técnicas de postproducción, ¿qué queda de las imágenes? ¿Qué queremos decir con ellas? ¿Cuál es el propósito de mostrarlas?
Para Susan Sontag, la fotografía no es sólo una imagen en el sentido en que lo es una pintura, una interpretación de lo real; también es un vestigio, un rastro directo de lo real, como una huella o una máscara mortuoria.
Para Joan Fontcuberta, un especialista en fotografía, esta revolución digital en la que predominan las redes sociales, la telefonía móvil, la sociedad hipermoderna con sus excesos de consumo, es lo que consolida a la postfotografía. En su libro La furia de las imágenes sostiene que “la postfotografía hace referencia a la fotografía que fluye en el espacio híbrido de la sociabilidad digital y que es consecuencia de la superabundancia visual”. Pero debemos agregar otras cosas, por ejemplo, en los espacios públicos estamos expuestos a una continua vigilancia visual, con los teléfonos celulares, las cámaras de vigilancia ubicadas en calles y domicilios particulares, o con drones y satélites, como es el caso de Google Street View.
Así, la postfotografía no sólo es consecuencia de las redes sociodigitales, pues se puede extender a todo nuestro entorno. Estamos hipervigilados y este exceso de tecnología es lo que en realidad disipa y repercute en el rigor artístico, en la capacidad de composición estética del material fotográfico.
En este sentido, para Fontcuberta, “si la fotografía nos hablaba del pasado, la postfotografía nos habla del presente, porque lo que hace es mantenernos en un presente en suspensión, eternizado” y, además, se puede agregar que nos mantiene angustiados por el exceso de imágenes reproducibles en diferentes formatos.
En su análisis, Fontcuberta acierta en que a estas alturas “todos somos productores y consumidores de imágenes”. Pero hay un punto importante que hace en defensa de la actividad profesional de la fotografía, en el sentido de que las fotos que se comparten de manera inmediata “ya no recogen recuerdos para guardar sino mensajes para enviar e intercambiar”, que obedecen a diferentes motivaciones.
Por lo tanto, en la postfotografía, el discurso de narrar o captar lo social está atravesado por la prescripción de sentimientos. Ahora lo que se expone es el reciclaje de situaciones repetitivas que sitúan a la imagen como un elemento más plástico, que tergiversa los elementos indispensables de la comunicación asertiva, para convertirla en un lenguaje de aceptación, de mayor superficialidad, despojándola de toda complicación técnica y de composición estética, y que desplaza el erotismo visual por una saturación más inmediata e insustancial l