De Colombia para el mundo: Taller Arte Dos Gráfico

- José Ángel Leyva - Saturday, 01 Aug 2026 21:42 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Desde hace cincuenta años el Taller arte Dos Gráfico y su derivado El taller de Subachoque, han generado obra gráfica de altísima calidad con la participación de un gran número de artistas de toda Latinoamérica. Este texto ofrece un panorama de la historia del taller fundado por María Eugenia Niño y Luis Ángel Parra, cuyo lema, dicen, es simple: “la técnica está al servicio de la obra”.

 

Museo taller

La historia inicia entre dos chicos de la Universidad Nacional de Colombia. Fue a inicios de los años setenta cuando María Eugenia Niño, estudiante de arte, descubrió al actor y estudiante de química Luis Ángel Parra en una obra de teatro. Cuentan ambos que allí comenzó un proyecto artístico y una historia de amor en la que aún se siente la química. Arte Dos Gráfico fue la derivación de una actividad en la que la pareja comenzó a producir afiches para promover el teatro y las actividades culturales en la Universidad, luego también con objetivos políticos, pero sobre todo prácticos, pues debían de pagar el cuarto en el que vivían juntos.

1973 fue el año en que nació su hija Mariángela y el Golpe Militar en Chile intensificó la efervescencia política en las universidades. Los afiches fueron parte de la protesta y de una estética militante. “Algunos amigos nos decían que nosotros éramos capaces de hacer la revolución con tal de hacer el afiche”, sentencia jocoso Luis Ángel. En 1976, el golpe de Estado en Argentina echó más leña a la hoguera represora en el Cono Sur pero, ya desde 1975, la pareja había comenzado a producir algunos grabados. Al año siguiente, el proyecto Arte Dos Gráfico nació y cuajó como un taller que se proponía ser en sí una obra de arte conceptual: salvar del desahucio las máquinas de impresión, sustituidas por nuevas tecnologías, y responder a las necesidades y propuestas de los artistas gráficos. Una media centena de prensas han sido reparadas y operadas por una veintena de técnicos con más de treinta años de fidelidad al proyecto cultural. El taller posee, además, un acervo tipográfico muy extenso, con piezas que pueden tener hasta 200 años de antigüedad. Coleccionistas de imprentas de Estados Unidos, Puerto Rico, Europa, han visitado el taller en Bogotá y Subachoque para ver cómo esas viejas imprentas son parte de un museo activo, funcional, al servicio del arte gráfico y ya no de la producción industrial.

Cincuenta años al servicio de la gráfica

Como afirman sus creadores, María Eugenia y Luis Ángel, no hubo una fecha específica de inauguración, fue un proceso de intenciones alrededor del nombre y en un caldo de entusiasmos que no ha hecho sino engordar con el tiempo. Todo comenzó cuando artistas de la talla de Gustavo Zalamea, quien producía sus afiches en serigrafía con ellos, les pidió que le hicieran también la obra gráfica. De la serigrafía pasaron a las aguafuertes y aguatintas. Eso les exigió hacerse de algunas máquinas y buscar una casita más grande donde pudieran vivir y tener el taller, como ha sido siempre: hogar y taller juntos. Han transcurrido cincuenta años desde aquellos primeros grabados de Arte Dos Gráfico y treinta y cinco desde que fundaron la galería Sextante (1981), con la intención de mostrar que la gráfica es un medio de creación y no sólo de reproducción. Un año antes habían realizado la primera exposición.

Al inicio del proyecto fueron muy importantes las colaboraciones de amigos que se prodigaron en colaboraciones con el taller, como fue el caso de los poetas Juan Manuel Roca y Fernando Herrera, de los escritores Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y William Ospina, artistas de la talla de Antonio Samudio, Fernando de Szyszlo, Luis Fernando Peláez, Beatriz González, Ana Mercedes Hoyos, Fernando Urbina. “Los coleccionistas han sido fundamentales, son parte de esta obra. Pero en realidad no los pensamos como coleccionistas sino como gente enamorada del arte que no pretende coleccionar, sino disfrutar determinadas obras de ciertos autores”, enfatiza Luis Ángel Parra.

Si la gráfica es el eje rector del proyecto, a su dinámica cultural se suman las actividades de la Galería Sextante, la edición de libros objeto, con textos de reconocidos autores y grabados de artistas de mucho prestigio, como es el libro En este pueblo no hay ladrones, de Gabriel García Márquez, y obra de Saturnino Ramírez. El conocido cuento del autor de Cien años de soledad se imprimió con tipografía de grabado en un tiraje de cien ejemplares firmados por el Premio Nobel colombiano. Esta labor de editores especializados en libros de artista y libros objeto ha conformado un acervo muy valioso, ya presente en las colecciones del Banco de la República y de la Biblioteca Nacional, además de una larga lista de bibliotecas en el mundo.

Para el artista colombiano José Alejandro Restrepo, quien ha elaborado dos libros de artista: Purgatorio y Microdosis –en esas máquinas rescatadas de la chatarrería–, se trata de un taller experimental que a lo largo de su existencia ha enriquecido las posibilidades de la gráfica expandida, bajo un criterio de absoluta libertad para los artistas intervinientes y poniendo a disposición de la obra técnicas tradicionales y procedimientos digitales muy actualizados. “Experimentación, innovación y estímulo a la creatividad son constantes que se viven en Arte Dos Gráfico”, manifiesta Restrepo.

El lema, según María Eugenia Niño, es “la técnica está al servicio de la obra”. Por eso ella no le teme a la inteligencia artificial; está convencida de que la inteligencia humana va dictando las preguntas a las máquinas y a la vida misma. Nunca la técnica ni la tecnología han explorado en el misterio, ni han emprendido búsquedas en la incertidumbre y mucho menos han creado nuevos lenguajes.

“De México ha venido mucha gente como Laura Restrepo, Emilio Payán, Felipe y Matías Ehrenberg, José Luis Cuevas, el colombomexicano Santiago Rebolledo, quien fue de los primeros en trabajar con pulpa de papel. Leonel Góngora, colombiano, pero ya muy mexicanizado. Tenemos además a Norma Adame, Enrique Canales, Alberto Cavazos, Joaquín Rodríguez del Paso y Patricia Subirán”, comenta Luis Ángel.

El taller de Subachoque: la utopía gráfica

En la actualidad desarrollan un gran proyecto con la Fundación Cartier en su taller de Subachoque, en Cundinamarca, a hora y media de Bogotá, con Sheroanawe Hakihiiwe, artista de la etnia yanomami. La pareja recuerda a Felipe Ehrenberg y su libro El arte de vivir del arte, porque ellos han sido “deliciosamente independientes”, según palabras de Parra. Han logrado sostener un ritmo de crecimiento y desarrollo sin verse obligados a pedir apoyos institucionales. Su dinámica se rige por las ventas, que sostienen una nómina de casi treinta empleados. No obstante, ambos reconocen que el azar es un gran aliado, sobre todo si se tiene el instinto para tomar las oportunidades que conlleva. Así surge Subachoque en sus vidas. Cuando no podían viajar a sus fincas de Útica y de Sierra Nevada porque la violencia impedía llegar a esos lugares, les llamó Carlos Lersundy, publicista y artista colombiano, quien deseaba irse de Colombia por un tiempo y les ofreció unas oficinas a cambio de obra gráfica, pues pensaba que era más fácil venderla entre su círculo de amistades. Luego de seis meses de no usar las instalaciones y de acumular deuda por mantenimiento y limpieza, decidieron ofrecerlas a cambio de una finca en Subachoque, cuya fama era de ser el sitio más seguro de Colombia. Pusieron un aviso en El Tiempo y ese mismo día apareció un comandante de las Fuerzas Militares que aceptaba el cambalache. Se enamoraron del lugar y vieron posibilidades de establecer allí su utopía gráfica.

Además de ser más experimental y para mayores formatos, en ese taller se encuentra el molino de papel. Arte Dos en Bogotá es el lugar de recepción de los artistas que luego se desplazan a Subachoque para realizar obras de gran formato, de hasta 2.20x2.30 metros. Las exigencias técnicas pueden ser muy complejas y Subachoque reúne óptimas condiciones para darles respuesta.

La pandemia no impidió que el taller continuara trabajando. Subachoque era un lugar para permanecer aislados y trabajar al aire libre. Un par de artistas y varios de los tipógrafos y operarios decidieron vivir durante ese período en Subachoque. En Bogotá sucedió lo mismo, los trabajadores trasladaron sus colchones para vivir el confinamiento allí. “Nunca dejamos de pagar la nómina a nuestros trabajadores, que tampoco bajaron la guardia en la producción”, afirma emocionada la pareja.

El proyecto Sheroanawe de Cartier

Luis Romero, artista, curador, dueño de la galería Abra en Venezuela, comenta que el proyecto surge de una serie de collages que Sheroanawe Hakihiiwe había realizado en 2025 y deseaba trabajar en gran formato. Romero se encontró con Luis Ángel Parra en sus frecuentes visitas a Caracas y le propuso buscar financiamiento para emprender esta obra. La Fundación Cartier aceptó subvencionar el proyecto. La obra se basa en el empleo de pulpa de color sobre pulpa blanca y serigrafía, cuyo marco referencial es la cultura yanomami. Dos semanas de trabajo muy intenso con técnicas novedosas, para producir trece obras de gran formato: 2 metros por uno cincuenta y dípticos que ocupan el doble de espacio. “Arte Dos Gráfico hace posible que obras excepcionales salgan de sus talleres, no sólo por sus recursos técnicos sino por su disposición a resolver los problemas que les presentan los artistas”, afirma Luis Romero.

Para María Eugenia Niño, el artista yanomani es también un poco chamán. Afirma que unos espíritus descienden a sus manos para manifestarse en la obra y plasmar los significados, inherentes al origen de su comunidad. Explica sus procesos creativos, detalla la simbología de cada imagen, lee poemas en yanomani y se los traduce al español. “En dos semanas de convivencia hemos aprendido mucho también de la profundidad espiritual de Sheroanawe –precisa María Eugenia– e intentamos responder a esa espiritualidad

ofreciéndole soluciones gráficas. El proyecto de Sheroanawe es pulpa sobre pulpa, sobre pulpa de papel. Esto representa problemas que demandan soluciones efectivas como es el desplazamiento de las hojas, los procesos de secado, etcétera, para luego someter la obra a la acción de la serigrafía. Técnicas inéditas en el taller.”

El porvenir

Artistas de toda Latinoamérica han dejado huellas en el enorme acervo gráfico y plástico del Taller y la Galería. ¿Qué va a ser de las 4 mil planchas, de las maquetas de los libros, de los dibujos, de las prensas, de la infraestructura, del proyecto? Ambos sonríen y responden: “Es una pregunta sin respuesta, hay tanto por hacer.

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