Cuento. Matar un dukifat

- Javier Bustillos Zamorano - Saturday, 01 Aug 2026 21:51 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Hay conmoción en la Organización de Aves Unidas (OAU). Desde hace dos semanas centenares de dukifats, también conocidos como abubillas, han sido encontrados muertos en diferentes regiones de Asia Occidental y en otras partes del mundo. De acuerdo con investigaciones, habrían sido asesinados, unos envenenados y otros por golpes y ahogamiento.

La reunión de la OAU fue convocada de urgencia debido a que no sólo los dukifats adultos estaban siendo eliminados, sino también recién nacidos que fueron encontrados muertos en oquedades naturales y huecos de árboles, según denunció en su discurso el embajador de la región dukifat, que acusó a la OAU de indolencia ante lo que llamó exterminio de su especie.

Ante el reclamo, el secretario general de la OAU propuso a los representantes de las avifaunas presentes, la conformación de un ejército multiregional que se traslade de inmediato a la zona en busca de los perpetradores de la matanza, pues se sospechaba de una bandada de halcones que fue vista merodeando por el sitio.

En la reunión que se prolongó por más de cinco horas, hablaron los representantes de varias regiones, pero el discurso más enérgico fue el del enviado del territorio de las águilas calvas, que no sólo se sumó a la iniciativa del ejército multinacional, sino que se comprometió a financiarlo y dotarlo de armamento capaz de borrar de la troposfera cualquier grupo de seres voladores; misiles supersónicos que serían enviados junto a portaaviones y destructores navales.

La lista de oradores se fue agotando; sólo faltaba el representante de las selvas tropicales y bosques montañosos, donde habitan los loros. Convocado por el secretario general de la OAU, el embajador loro se dirigió al estrado, no volando como hicieron los demás, sino con un andar parsimonioso y bamboleante; llevaba en su pico una pequeña hoja de papel que acomodó en el atril. Aclaró su garganta y esto dijo:

“Señoras y señores: he oído todos y cada uno de los discursos proferidos en esta sala y ninguno, repito, ¡ninguno!, salvo el de las señoras palomas, se refirió al origen de este conflicto que hoy, lamentablemente, desembocó en esta matanza indiscriminada de dukifats. Ignoro si por desconocimiento o franca hipocresía, pues todos sabemos por qué los están matando…

”La memoria, señores, está hecha de recuerdos, pero también de olvidos, unos involuntarios, pero otros absolutamente voluntarios. El humano José Saramago dijo que ‘hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia’. Por eso, a ese tipo de olvidadizos debo contarles de nuevo el origen de esta historia…

”Hace muchos años, la especie dukifat llegó en pequeñas bandadas al territorio de los colibríes suimanga a pedir, con fingida humildad, que les proporcionaran un pedazo de su hábitat para establecerse junto a ellos. Los colibríes suimanga, pacíficos y generosos, aceptaron con la sola condición de vivir en paz y respetando los límites del territorio compartido. ¿Y qué pasó después? Que fueron llegando más bandadas de dukifats, cientos de dukifats, que no sólo no respetaron los acuerdos, sino que despojaron a los suimanga de su territorio, asesinando a los que se opusieron y dominando a los sumisos. Así, los dukifats, con la ayuda de las águilas calvas, obligaron a los colibríes suimanga a dejar sus tierras y vivir apiñados en una pequeña franja de lo que antes fue su ancestral territorio…

”Miles de colibríes suimanga fueron y son asesinados bajo la impasible mirada de organizaciones internacionales como ésta que hoy se ha convertido en cómplice de este exterminio, éste sí; un exterminio que hoy derivó en la matanza de dukifats en diferentes partes
del mundo.
No, señores, no sólo son los halcones los que se solidarizaron con los suimanga en este sangriento ajuste de cuentas. También están las gaviotas y garzas que cazan dukifats y los ahogan; los cuervos y zanates que los matan a picotazos; los gorriones y ruiseñores que los envenenan. Ellos escogieron estar del lado de los colibríes suimanga, todos con un solo pensamiento: matar un dukifat. ¿Quieren parar este río de sangre? Obliguen a los dukifats a detener su masacre contra los colibríes suimanga. ¿Quieren paz en esa región? Devuélvanle su territorio e indemnicen a los sobrevivientes”.

El loro terminó de hablar. Sin dar las acostumbradas gracias, tomó su hoja del atril y regresó a su sitio. No hubo aplausos pero tampoco recriminaciones, sólo un silencio tan denso e incómodo como que el de un velorio.

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