Cinexcusas / Los ricos también matan
- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 01 Aug 2026 21:53
...y no sólo eso sino que también cogen: ese podría ser uno de los varios rebautizos aplicables a un largometraje netflixeano de ficción estrenado apenas hace unos días, pues lo que ahí se cuenta, si bien involucra el Deseo (2026) del título que le dieron, en efecto involucra deseo carnal pero, conforme avanza la trama, las lubricidades y lo sicalíptico van quedando atrás, reducidas al mínimo, mientras dejan su lugar a la pulsión tanática.
Así no fuera sino para distinguirlo al menos un poquito de las decenas de películas tituladas exactamente igual, quizá con alguna otra palabra añadida, pudo ser bueno que las coguionistas Giulia Cardamone y Vanessa Miklos para empezar; la estadunidense Teresa Simone, directora debutante, si es que realmente tuvo el control de su ópera prima, o el bastante experimentado productor Pablo Cruz, se hubieran roto un poquito la cabeza para darle a este mero y simple producto de consumo audiovisual un título menos obvio y mercachifle, sobre todo porque así le habrían hecho algo de justicia al verdadero asunto del que trata.
Se decía, pues, que en Deseo los ricos también cogen, y quien está a cargo de tan salutífera función es Lucero (Ludwika Paleta, lejos de otros desempeños bastante mejores), una abogada en sus cuarentas que, nomás arrancar el filme, vende trama cuando al salir de la alberca donde nada todas las mañanas, pasa por detrás del joven y musculoso Matías (Óscar Casas, español, sin más relieve que una hoja de papel bond) y uno sabe que se lo va a coger sí o sí, cosa que sucede más pronto que tarde porque, sépase, Lucero habló desde endenantes con su esposo Fernando (José María Yazpik anodino y nada más) de coger o, mejor dicho, de que hace un buen que ya no cogen y sobre la posibilidad, nunca establecida claramente, de cogerse a otra u otro.
Como es más que obvio, ese punto de partida no daba para mucho: previsiblemente, los sexagarrones entre Lucero y Matías iban a terminar siendo clausurados por la razón que fuera, pero hete aquí que a Cardamone y Miklos les debió surgir algún recuerdo tal vez inconsciente de la casi cuarentona y bien conocida película Atracción fatal porque, a partir del punto en que Lucero le informa a su amante que ya no más, éste no se obsesiona sino lo que le sigue, por lo cual, enamoradísimo según lo entiende, le arma un chantaje a ella,
y lo que sigue en la trama es un batiburrillo que guionistas y directora, generosas que son consigo mismas, quieren ver como si de un thriller erótico se tratara: doblemente chantajeada, para que no la cachen en sus movidas Lucero le incumple a su amigo y cliente –el mismísimo procurador de Justicia capitalino, ahí nomás– en el divorcio que tramita, pero como Matías es más tozudo que inteligente y al final él solito confiesa que al principio ni la amaba sino que fue contratado por Fernando, figurada/literalmente para que le bajara la calentura a su esposa, no sólo el matrimonio sino la familia entera –es decir, con el concurso de los adolescentes hijo e hija, ella ligándose a quien también era su entrenador de natación, él dando inicio al homicidio– decide que la única solución es matar al buen Matías.
Y tan tan, o no tanto, porque si bien los ricos también cogen y matan, lo hacen porque entre otras tienen la suerte de ser propietarios del club de natación donde el entrenador/amante/chantejeador es ultimado, pero sobre todo la inestimable de ser amigos del procurador, que, cuando le aplica a Lucero lo que para ella viene siendo el tercer chantaje para lograr en su divorcio lo que quería, los cubre con el manto de la impunidad y entonces sí, como dijera Serrat, vuelven la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas…
Así la cosa, el Deseo del título quedó extraviado en el enredado camino de la trama, tanto como la declarada intención de proponer y exaltar, con este filme, algo semejante a una reivindicación del deseo y el erotismo de una mujer madura.