Bemol sostenido /
- Alonso Arreola @escribajista - Saturday, 01 Aug 2026 22:29
Le ponemos atención a las grandes teorías conspirativas. De La guerra de los mundos de Orson Welles a las alucinaciones de Donald Trump sobre el armamento nuclear ajeno, algunas falsedades son combustible peligroso para quienes reaccionan de manera irreflexiva e irreversible. ¿Por qué meternos en
semejante laberinto? Nos entenderá más adelante. Primero algunos ejemplos.
En 1998 la prestigiosa revista científica The Lancet presentó un artículo del doctor Andrew Wakefield. Allí se asociaba el autismo con la vacuna Triple Viral. El estudio tenía problemas metodológicos y sólo una muestra de doce pacientes, además de que ‒luego se supo‒ ocultaba conflictos de interés. Las consecuencias fueron enormes: las tasas de vacunación bajaron en Inglaterra y volvieron los brotes de sarampión.
También está el famoso Pizzagate en Estados Unidos,
durante 2016. Alguien afirmó que funcionarios del Partido Demócrata operaban una red de tráfico infantil desde una pizzería de Washinton. El asunto fue tan sonado que un “héroe”
entró armado al establecimiento para realizar un rescate de víctimas inexistentes. ¿O qué tal lo que vivimos durante la Pandemia de Covid? En diferentes momentos se dijo que las curas incluían beber metanol, ingerir dióxido de cloro, consumir ivermectina, etcétera. Ello trajo intoxicaciones y hospitalizaciones evitables. La Organización Mundial de la Salud, incluso, acuñó el término infodemia.
En estos y en innumerables casos más se repite la misma ruta: 1. Aparece una afirmación relevante. 2. Se comparte sin verificarse. 3. Medios de comunicación y figuras públicas la amplifican. 4. Se forma una comunidad que la refuerza. 5. Ocasiona consecuencias porque rectificar su fondo resulta más difícil que difundir el error.
Dicho fenómeno, lectora, lector, no es exclusivo de la política, la salud o las finanzas internacionales. Ocurre todo el tiempo a mucho menor escala, socavando la cultura, la educación y otros aspectos de la vida que parecen irrelevantes. Lo vivimos en el mundo de la pedagogía musical. Hablamos de lo que se conoce como “erosión del conocimiento”. Más allá de la información incorrecta, están la descontextualización, la pérdida de eslabones en la cadena de transmisión. Leyendo al respecto, encontramos que rara vez el conocimiento especializado se ve destruido por grandes mentiras, pero sí se deforma con miles de pequeñas omisiones o errores que se van repitiendo, ocasionando lo que en musicología se conoce como “propagación memética del conocimiento defectuoso” (en filología es el stemma codicum).
¿Ejemplos? Uno sería el del último cuarteto de Beethoven (Opus 135), copiado repetidamente desde la partitura general, mas no desde las correcciones que el genio hiciera tiempo después. Otro sería, finalmente, el que dio origen a esta columna. Algo que de tan nimio no merece la mirada de nadie. Nos referimos a las variaciones técnicas y armónicas, de forma y fondo, en las que tantos bajistas incurren al tocar “Army of Me” de la cantante islandesa Björk. Originalmente escrita para sintetizador análogo, cierto es que su brevedad, fuerza y carácter mántrico son irresistibles. Mientras unos tocan la sexta menor de Si bemol, otros tocan la sexta mayor. Mientras unos eligen la cejilla otros el cambio de dedos o de afinación en el instrumento. Incluso hay un famoso youtuber que la presenta dos veces con distintas notas. Más allá de la apropiación rítmica o de la interpretación personal, el fenómeno refleja descuidos hijos de la premura o la vanidad que, en esa y otras canciones, son relevantes por lo que implican a escala inmensurable (y en la construcción de la postverdad). Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos l