Anécdotas / El antimachismo de Thomas Sankara
- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 01 Aug 2026 22:00
A Mayte
¡Cómo he pensado en usted, doña Clofis! He recordado nuestras largas charlas, debates y posturas en variados temas. Usted es una feminista contumaz, versada sobre el tema. La admiro por eso. Esa es la razón por la cual, esta vez, le comparto fragmentos de un discurso que tal vez no conoce: el que ofreció Thomas Sankara el Día Internacional de la Mujer, en 1987.
Aquel día, llena la plaza de Uagadugú, en Burkina Faso, el presidente Sankara se dirigió a ellas haciendo un recuento histórico-político de la marginación de la mujer; no sólo de la africana sino de todas, a lo largo del tiempo: desde el Medievo a la actualidad, pasando por todos los sistemas de gobierno que ha habido y cuál ha sido su condición. Dijo:
“La ternura protectora de la mujer hacia su familia y su clan son una trampa que la somete al dominio del macho. La inocencia y la generosidad son víctimas del disimulo y los cálculos egoístas. Se hace burla del amor,
se mancilla la dignidad. […] A partir de entonces el sentido de la hospitalidad y de compartir que tienen las mujeres sucumbe a las artimañas de los astutos.”
Así han actuado todos los hombres, o casi todos, incluido él. Los machos nos ven “negligentes, por no decir cabezas de chorlito”. En la sociedad burkinesa, la madre ha sido víctima de la fatalidad si parió a una niña. En el mejor de los casos, a la criatura se le verá “como un regalo que servirá para producir alimentos y reproducir el género humano”. Ella es “mujer fuente de vida, pero también mujer objeto. Madre, pero criada servil. Mujer nodriza, pero mujer excusa. Trabajadora en el campo y en casa, pero figura sin rostro y sin voz. Mujer bisagra, mujer confluencia, pero mujer encadenada, mujer sombra a la sombra del hombre”.
El comportamiento masculino, aquí y allá, prosigue, se ha caracterizado por la “vanidad, irresponsabilidad, arrogancia y violencia de todo tipo para con la mujer”. Esas actitudes los coloca como “estúpidos […] machos oprimidos que, con el trato brutal a su mujer, pretenden recuperar por su cuenta una humanidad que el sistema de explotación les niega”.
¿Por qué ha ocurrido esta tragedia contra ellas?, se preguntó aquel día Sankara. La respuesta estaría en la predominancia de un sistema esclavizante: “la suerte de la mujer sólo va a mejorar con la liquidación del sistema que la explota”. La mujer negra ha sido especialmente herida: “otros hombres consiguieron someter pueblos enteros porque el origen y la explicación del color de su piel les dieron una justificación supuestamente ‘científica’ para […] el dominio colonial. Es el apartheid”. Pero la blanca no ha escapado: los “hombres blancos lúbricos”, para “olvidar sus fechorías contra los negros se entregan a un desenfreno desordenado y perverso de relaciones sexuales bestiales”.
Podría seguir. No hay desperdicio en ningún renglón de aquel discurso. Thomas Sankara, quien al parecer sigue gozando de una gran simpatía en Burkina Faso, no logró mucho en los cuatro años que gobernó. Lo traicionaron sus antiguos compañeros de armas como Blaise Compoaré, y lo mataron el 15 de octubre de 1987.
Cuál es la condición de ellas en ese país africano? Hoy, el alfabetismo es del treinta y tres por ciento; la violencia de género está muy arraigada y se ha denunciado en organismos internacionales que prosigue la mutilación genital. Brutal todo esto. Este discurso me ha tocado el alma. Me impacta leer a un hombre público antimachista con esa claridad rara de encontrar. ¡Ah! Y esta carta nació porque el 5 de agosto es el Día de la Independencia de Burkina Faso.