El adiós de un clásico: la despedida del Cuarteto Latinoamericano
- Álvaro Bitrán - Sunday, 26 Jul 2026 02:42
Muy buenas noches y gracias por acompañarnos en esta noche tan especial para nosotros. Antes de tocar me gustaría leerles un breve texto que escribí en relación a lo que ha sido para nosotros esta maravillosa aventura llamada Cuarteto Latinoamericano. Antes de hacerlo nos gustaría agradecer a la licenciada Alejandra de la Paz, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes, y al maestro José María Serralde, coordinador nacional de Música y Ópera, por la invitación que nos hicieron para llevar a cabo este concierto de despedida en el Palacio de Bellas Artes, que de alguna manera ha sido nuestra casa a lo largo de muchos años. Igualmente agradecemos al personal de la Coordinación y a los trabajadores del Palacio sus esfuerzos para hacer de esta una noche especial.
También queremos agradecer muy sentidamente a nuestro querido amigo, el maestro Rodolfo Ritter, por acceder a tocar con nosotros el maravilloso quinteto de Robert Schumann en este
significativo concierto.
A medida que se acercan las últimas presentaciones del Cuarteto Latinoamericano, siento la necesidad de intentar dejar por escrito algunas reflexiones y tratar de salvar algunas migajas del implacable remolino del olvido. ¿Pero cómo resumir cuarenta y cuatro años de carrera? ¿Cómo intentar describir una aventura de esta magnitud? ¿Cómo seleccionar entre tantos conciertos, viajes, ensayos, trenes, sol y nieve? ¿Cómo hablar de tantas risas, complicidades y lágrimas compartidas?
Empezaré por lo más fácil: ¿Qué hicimos en el terreno artístico? Tuvimos, por ejemplo, el gran privilegio de tocar junto a algunos de los artistas más relevantes de la música clásica del siglo XX. Por nombrar sólo a cinco: Janos Starker, Manuel Barrueco, Narciso Yepes, Philip Glass y el gran director de orquesta mexicano Eduardo Mata.
Sin embargo, desde mi punto de vista, lo más relevante que logramos en el terreno profesional fue grabar todos los cuartetos de los más importantes compositores “clásicos” latinoamericanos: Heitor Villa-Lobos, Alberto Ginastera, Carlos Chávez, Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas, por nombrar sólo algunos. Además de esas grabaciones, registramos más de cien discos, mismos que, gracias a la magia de la era digital, circulan hoy por todo el mundo. Muchos de ellos se han convertido en referentes para las siguientes
generaciones.
La Academia Latinoamericana para Cuartetos de Cuerda
Un capítulo fundamental en la historia del Cuarteto Latinoamericano fue sin duda nuestra relación de más de quince años con la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Estados Unidos. El contacto con una universidad de tan alto nivel y el intercambio con los músicos de la Pittsburgh Symphony fueron fundamentales en el desarrollo profesional de nuestro grupo. Además, en esa querida ciudad nacieron nada menos que tres de los diez hijos del Cuarteto
Latinoamericano.
Otro asunto muy importante para nosotros fue, y sigue siendo, la gran cantidad de alumnos que han pasado por nuestras aulas. Además de dar clases en las principales instituciones musicales mexicanas, fuimos invitados con frecuencia a dar cursos en otros países, sobre todo en Estados Unidos y en Venezuela, donde creamos la Academia Latinoamericana para Cuartetos de Cuerda. Gracias a ese proyecto tuvimos el placer de enseñar durante quince años a una generación maravillosa de músicos venezolanos que ocupan hoy plazas en muchas de las mejores orquestas del mundo, incluyendo por cierto al gran Gustavo Dudamel, que entonces era un joven violinista.
Salas y espacios musicales
Así como la mayoría de los teatros donde tocamos pasaron al olvido, hay otros que persisten en mi memoria. Están por ejemplo el Carnegie Hall en Nueva York, el Concertgebouw en Ámsterdam, la Scala de Milán y el Palacio Real de Madrid, en donde tuvimos el privilegio de tocar con instrumentos maravillosos construidos por Antonio Stradivari, por encargo real, en el siglo XVII.
Sin embargo, creo que la sala de conciertos que más me impactó fue la del Palacio de Esterhazy, en la Austria bohemia. No sólo por la belleza y la acústica de la misma, sino porque ahí trabajó casi toda su vida Franz Joseph Haydn, y la han mantenido lo más fiel posible a su estado original.
Otra sala impresionante desde luego es esta sala del Palacio de Bellas Artes, en donde estamos reunidos hoy. Aquí hemos tenido la oportunidad de presentarnos en diversas ocasiones, destacando aquellas relacionadas con los aniversarios del Cuarteto Latinoamericano. Y desde luego esta noche, que para nosotros ya es inolvidable.
Una biblioteca de partituras
Otro rubro que quisiera destacar es la enorme cantidad de partituras escritas para nosotros a lo largo de estos años, mismas que circulan hoy en las manos de muchos ensambles alrededor del mundo. Por esa razón decidimos crear una Biblioteca Virtual en nuestra página web, desde la cual se puede descargar de manera gratuita gran parte de nuestro repertorio o, en su defecto, encontrar la liga para comprarlas.
Los viajes fueron sin duda alguna el aspecto no musical más relevante de nuestra larga carrera. Afortunadamente la mayoría fueron hermosos y muy disfrutables, pero desde luego que hubo también viajes horribles, en los cuales tuvimos que superar serios problemas personales e incluso enfermedades para seguir adelante y enfrentarnos de lleno a la soledad de los hoteles y al rigor de
los conciertos.
¡Cuántas décadas de sufrir la ausencia y la distancia, sabiendo que no había mucho en lo que podíamos ayudar a nuestras familias estando tan lejos! Desvelos interminables, sumidos en el espeso caos de la culpa y de la ausencia. Pero por otra parte, ¡cuántos momentos maravillosos! Paisajes increíbles... cuántas caminatas por el bosque, cuantos teatros, hoteles, aviones, ¡cuántos conciertos! Vivencias que se escapan, que se difuminan en la niebla de la memoria.
El final: asombro y gratitud
¿Cómo hablar de todo lo que se ha perdido? ¿De las complicidades de antes y durante un concierto? ¿De las miles de horas compartidas en carros, aviones y aeropuertos? ¿De las risas, de los chistes internos y las incontables anécdotas? ¿De las enfermedades, los conflictos personales o familiares de cada uno de nosotros, que de alguna manera permearon en nuestra vida grupal? Lo primero que se me antoja decir es que me sorprendo entrando en esta etapa con alegría. Siempre temí que al hablar del final del Cuarteto lo haría en un estado apesadumbrado. Pero han llegado nuevas sensaciones que revolotean a mi alrededor con optimismo, como queriendo entrar. Ayer, por ejemplo, disfrutando en mi casa la lluvia de Ciudad de México, pensé que así estaba muy bien. Que el panorama de los viajes y de los conciertos, si bien aún mantenía un alto grado de emoción, era algo ya vivido de manera abundante y suficiente por más de cuarenta y cuatro años ininterrumpidos. Y que había llegado la hora de parar. Me descubrí pensando que logramos mucho más de lo que jamás imaginamos, y que no nos quedan mayores retos por alcanzar.
Fue la primera vez que tuve la sensación de que cuando el Cuarteto acabe yo estaré feliz, agradecido, y sobre todo sorprendido por lo que me ha tocado vivir. Y que los ingredientes que prevalecerán serán el asombro y la gratitud. ¡Y eso fue una enorme revelación!
Hemos sido inmensamente felices, de eso no me cabe la menor duda. Y además de felices muy afortunados, porque me resulta sorprendente la cantidad de factores positivos que marcaron nuestra carrera, siendo la suerte a mi juicio el más importante. Hemos sido testigos de un sinnúmero de ensambles que se separan por factores como incompatibilidad de caracteres, irresponsabilidad, egos irreconciliables, faltas de respeto, impuntualidad o enfermedades, por nombrar las más comunes. Nosotros, además de haber sorteado estos obstáculos, tuvimos la fortuna de tener parejas que supieron tolerar nuestras frecuentes ausencias y ritmos de vida frenéticos. Los cuatro sabemos bien que el cimiento donde se equilibra de manera asombrosa esta vida extraña es la paz y el amor familiar. Y todos hemos disfrutado y seguimos disfrutando de ese privilegio.
¿Cómo será jamás volver a tocar el cuarteto de Ravel con mis colegas de toda la vida? ¿O el quinteto de Mozart con clarinete? ¿O los cuartetos de Brahms? ¿O ese adagio del quinteto de Bruckner, que me llenó los ojos de lágrimas hace un par de días en uno de nuestros últimos conciertos? Porque música seguiré tocando, pero cuartetos ya no.
Me consuela la alegría de haber sido partícipe de un largo y fantástico viaje por la senda del tiempo. Un viaje que nos vio mudar de la juventud a las canas, de los cuartetos de Mozart a los de Revueltas, del ímpetu al cansancio… Y ya habiendo finalmente dejado por escrito lo anterior, me siento con el privilegio de admitir y proclamar una gran certeza: ¡qué bien nos la pasamos en estos cuarenta y cuatro años del Cuarteto Latinoamericano! ¡Cuántas anécdotas, cuántas risas, cuántas alegrías! ¡Brindo por todo lo vivido, por tanta música hermosa y por esa aventura mágica con mis tres colegas maravillosos! ¡Gracias Saúl, gracias Arón, gracias Javier! l