Biblioteca fantasma / Bárbaros y heroicos

- Evelina Gil - Sunday, 26 Jul 2026 03:09 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

“Ornitorrinco de la prosa”, así define Juan Villoro la crónica. Amalgama de ficción y reportaje, comenta Gerardo Bustamante Bermúdez, en el prólogo de un entrañable librito que nos permite ingresar a un mundo donde los cuentos de hadas se vadean con las atmósferas rulfianas. Vidas cruzadas, del sonorense Luis Álvarez Beltrán (Heroica Caborca, 1972). No habla exclusivamente de su ciudad natal, Caborca, Sonora, aunque se trate del escenario más recurrente. Como sonorense, conozco todas las ciudades y poblados que conforman este atlas poético… todas, excepto Caborca, que me resuena sólo por tratarse de la cuna del mayor poeta de Sonora, Abigael Bohórquez, de quien Bustamante Bermúdez, prologuista, es el principal estudioso.

Vidas cruzadas (Nitro Press, ISC, 2024) ganó el Concurso del Libro Sonorense en 2023. La crónica es el género más frecuentado por los autores sonorenses, pero Álvarez Beltrán, cuentista, resulta una auténtica revelación, pues es quien mejor ha entendido que se trata, ante todo, de literatura… o al menos ha elegido priorizar la prosa poética por sobre la precisión periodística, lo que vuelve tan deleitables tanto la lectura como los pormenores históricos. Caborca sigue siendo una ciudad pequeña, de poco menos de 70 mil habitantes. Fundada hace 333 años, el 18 de diciembre de 1692, por el sacerdote de origen
siciliano Eusebio Francisco Kino,
cuyo nombre llevan cientos de calles, escuelas, bibliotecas, hospitales y hasta hoteles de Sonora. Álvarez nos narra la épica de la adjetivada, sin exagerar, “heroica” ciudad de una manera muy amena y sin la desproporción que caracterizaba a cronistas de otras épocas. La llamada Doctrina Monroe de 1875 no tuvo éxito en Caborca, donde los civiles y el ejército hicieron un frente común y, lejos de dejarse atrapar, hicieron ver su suerte a los invasores, emboscándolos y fusilándolos sin miramientos. Los sonorenses gozamos fama de bárbaros, y ahí está la Historia para subrayarlo. Por desgracia, Sonora, Caborca en este caso, no ha sido inmune a la veleidad de la naturaleza, como con el desborde del río Asunción en 1867 que enlutó a ese pueblo de valientes.

Caborca, como señalé al principio, dio luz al mayor poeta de Sonora, hoy de celebridad internacional, Abigael
Bohórquez. Curiosamente, los parientes más próximos de Abigael, los Mendívil Bohórquez, eran vecinos de la familia de Luis quien, a su vez, se encontraba cursando la carrera de economía en Tijuana en la época en que Abigael retornó a Sonora, concretamente a Hermosillo, donde habría de pasar sus últimos días. Álvarez Beltrán conoció muy poco al poeta, pero lo reconstruye a través de los testimonios de sus familiares que manifiestan un gran orgullo por ese vínculo, no obstante que Abigael era homosexual, y esto le atrajo el odio, la mofa y la descalificación de quienes estaban a cargo de la cultura de la época. Abigael, sin embargo, no fue el único artista nacido en esas tierras: Sergio Rascón, “el pintor maldito” y compañero de copas del propio Abigael, amerita un capítulo aparte. A diferencia del poeta, Luis sí conoció de manera íntima al pintor que, en vida, tenía fama de “mecha-corta”. Y sin embargo, con el entonces muy joven, pero ya escritor Luis parece llevar una muy buena amistad, más centrada en la literatura que en la pintura. Muy estilo Van Gogh, en vida Rascón remataba su sui géneris obra al precio de una caguama, aunque posterior a su muerte se registran pinturas de su autoría adquiridas por hasta diez mil pesos (y el precio aumenta). Son muchos los sonorenses que pueden presumir de tener en casa “un Rascón”, a decir de Álvarez Beltrán. Hablando concretamente de Caborca como ciudad, es importante señalar que cuenta con una Casa del Migrante, ubicada en la esquina de la Calle López Collado y la Avenida Irigoyen, a ciento cincuenta metros de donde pasa La Bestia, y que, para el autor de Vidas cruzadas, es una especie de segundo hogar, que ocupa un lugar de honor acá.

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