Bemol sostenido / Creation por Sólo Jazz, en Barba Negra

- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 26 Jul 2026 03:13 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Nos gusta pensar que las ciudades se explican, en buena medida, por sus proyectos persistentes. Programas de radio, foros y clubes que sobreviven a cambios de administración, modas y formatos. En Guadalajara, uno de esos casos es Sólo Jazz. Este programa nació a mediados de los ochenta gracias a Nacho Arreola, pero desde 1990 encontró en Sara Valenzuela la voz que le daría identidad definitiva.

Entrevistas, conciertos, ciclos, pedagogía y desde 2003 las famosas Sesiones en Vivo, todo sirve como escaparate para la escena local y para sus visitantes. Así, más que un programa, Sólo Jazz se ha vuelto una estructura que forma públicos expandiendo el nicho. Así fue como se acercó, verbigracia, a Creation Experimental Music Group, un ensamble fundado en la Perla Tapatía bajo la dirección del percusionista y compositor venezolano nacido en Cuba, Ramón Granda.

Otros de sus integrantes provienen igualmente de Venezuela. Traen consigo la experiencia de una prolongada crisis política, económica e institucional, pero, paradoja interesante, varios se formaron dentro del extraordinario Sistema Nacional de Orquestas Juveniles, celebrado en toda América Latina. Empero, hoy desarrollan su profesión lejos de una realidad que expulsa talento. A esa herida se suma, por supuesto, la incertidumbre provocada por los terremotos recientes. Como imaginará, lectora, lector, la música les ha dado resistencia.

Dicho ello, el club Barba Negra de Guanatos lucía pletórico ese miércoles por la noche. Ellos diez, de tan numerosos con instrumentos, se colocaron bajo el tinglado favoreciendo una sensación inmersiva. Lo que escuchamos justificó la expectativa. Creation presentó repertorio original de gran ambición, allí donde la forma clásica dialoga con ritmos latinoamericanos, improvisación y recursos alejados del pastiche. Su esfuerzo es encomiable y su identidad genuina. Su vestimenta fue impecable. Se percibe el peso de quienes también habitan la Filarmónica de Jalisco, como el contrabajista Freddy Adrián. Él es un impecable sostén de autoridad, mientras el percusionista (timbal incluido) y las cuerdas aportan momentos especialmente refinados. Brillan asimismo el fiscorno, la trompeta y el vibráfono. Dicho ello, y justamente porque el proyecto es tan valioso, señalamos otros aspectos.

La comunicación con el público resultó tímida. Las presentaciones de las obras apenas daban contexto y sus títulos eran anodinos, casi siempre en inglés. En varios momentos se insistió en que escucharíamos “música difícil”, un comentario que condiciona la recepción. Finalmente, no sentimos que la batería y el teclado justifiquen su presencia. También llamó nuestra atención la dependencia de las partituras. Comprendemos la exigencia, pero memorizarlas abriría posibilidades interpretativas superiores.

En igual sentido, hacia el final la dirección de Granda absorbió demasiada atención, cuando convendría permitir que el discurso respirara con naturalidad. El sonido, dadas la dotación y el espacio, estuvo lejos de ser ideal. Faltó volumen a la voz. Es normal. Difícilmente el Barba Negra puede albergar un grupo de cámara sin comprometer equilibrios.

Queda, finalmente, retomar el papel de Sara Valenzuela. Su presentación fue hospitalaria. Saludó y despidió al ensamble con igual elegancia. Demostró su capacidad para tender puentes con la audiencia, lo que explica por qué Sólo Jazz sigue siendo referencia obligada después de tanto tiempo. Sintonice su frecuencia en línea. Escúchela hablar y cantar. Mírela y admírela. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

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