Anécdotas / El mito del mestizaje en México
- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 26 Jul 2026 02:59
Estimada Clofis: por unas visitas rimbombantes que provinieron del extranjero, comenzó a oírse de nuevo la palabreja del “mestizaje”; esto es, que en el siglo XVI, a causa del “encuentro de dos mundos”, “descubrimiento de América”, “la invención de América” y otros tantos, el gran aporte de tal abrupta convivencia, que se volvió forzada, salió la mezcla, afirman que maravillosa, la cual nutrió a México y a España.
Esta historia contada a lo largo de siglos ha sido una pifia. De otras naciones americanas no podemos afirmar lo mismo, porque el mestizaje es un hecho consumado. Por esta razón, va esta carta con reflexiones que considero oportunas para discutir.
En los trescientos años de virreinato, el gobierno de la Nueva España definió muy bien las castas (peninsulares, mestizos y criollos), dejando aparte a los nativos, que hoy se llaman pueblos originarios. Está documentado que contraer nupcias entre indígenas y españoles dañaba la reputación de ambos, aunque en los hechos había amancebamiento, es decir, unión libre. O sea: sí nacieron hijos mestizos, pero pocos. Pedro Carrasco examinó los casamientos entre indígenas y españoles y “es evidente el número tan pequeño de uniones entre indio y española” (“Matrimonios hispanoindios”, 1991). Los que había eran autorizados por la condición de aristocracia que España otorgó a los antiguos tlatoanis y sus descendientes, como Martín Nezahualtecolotzin, hijo de Moctezuma y Hernando de Tapia, hijo de don Andrés de Tapia Motelchiuhtzin, quienes se casaron con españolas.
Para el siglo XVII, las Leyes de Indias dejaron muy claro que había una “República de Indios” y una “República de los españoles”. El mestizaje se daba a cuentagotas y, como en el siglo anterior, dependía del estatus social. Esto sin tomar en consideración que durante los tres siglos de dominación española las comunidades indígenas –la “República de Indios”– tampoco querían mezclarse, por su pudor y costumbres. Además, las comunidades estaban organizadas por separado de las de españoles, lo que imposibilitaba en los hechos el mestizaje. Les preocupaba mantener la “sangre limpia” y por tanto había “mezclas viles”, aquellas ocurridas entre españoles y negros, mulatos o mestizos (Dolores Pla Brugat, “Más desindianización que mestizaje. Una relectura de los censos generales de población”, 2011). A los indígenas en las ciudades los marginaban en barrios y se les impedía
el ingreso a la metrópoli.
Doña Clofis, ¿sabía que en 1821, luego de tres siglos de dominio español, sólo uno de cada diez mexicanos era criollo, otro mestizo (afroamericano) y el resto indígena?
La agenda revolucionaria desde 1911 estuvo puesta en la educación, cierto. Muy loable. Pero el objetivo era occidentalizar a los mexicanos. El propio José Vasconcelos (La creación de la secretaría de Educación Pública, 2011) escribió: “Intencionadamente insistí en que el Departamento Indígena no tenía otro propósito que preparar al indio para el ingreso a las escuelas comunes, dándole antes nociones de idioma español, pues me proponía contrariar la práctica norteamericana y protestante que aborda el problema de la enseñanza indígena como algo especial y separado del resto de la población.” O sea: se trataba de civilizarlos (palabra muy común en la época y hasta hace no mucho) para uniformar culturalmente al país. En México no hubo el mestizaje que se proclama. Deberíamos hablar de desindianización o aculturamiento impuesto por la
clase dominante.
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