Galería / Tutivillus, el demonio de los errores en la escritura

- José Rivera Guadarrama - Saturday, 18 Jul 2026 22:38 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

 

Cuando se cometen errores en la escritura, ya sean ortográficos, de edición o de impresión, el responsable de tales equivocaciones es sometido al escarnio constante, al vituperio o a cualquier otro tipo de reprimenda pública y, a estas alturas de nuestros tiempos en donde prima la inmediatez, el acto ya no se limita a señalar la falta y el apremio es mayor.

Es cierto que nadie está exento de errores pero, cuando se trata de señalarlos, aparecen los expertos por todos lados con su erudición en tal o cual tema. Esa es la dinámica de las actuales redes sociales con sus singulares cargas de excesiva violencia.

Pero qué pasaría si, en lugar de señalar a las personas por estos errores, en realidad se le atribuyeran a un demonio, a uno muy pérfido, cuya labor sea provocar esas fallas por pura maldad y regocijo. De esa manera, cada vez que se cometiera un error podríamos justificarnos y librarnos así de tal descuido y salir airosos. Por otro lado, para evitar caer en esas faltas, podríamos encomendarnos a él para que nos libre de todo mal gramatical.

Aunque esto pereciera un sinsentido o un despropósito, en realidad parece que sí existe tal demonio, pero hay algunas discrepancias en cuanto al momento de su origen, pues hay datos que lo ubican en la Edad Media, sin que esto sea concluyente.

Se trata de Tutivillus o Titivillus, a quien se le describe como un demonio medieval provocador de omisiones y errores en textos, rezos e incluso en imágenes. Dentro de sus funciones estaba la de anotar en un pergamino las sílabas y palabras omitidas por los clérigos en las misas, en las plegarias y en los cantos litúrgicos, para luego presentar esas palabras como pruebas en su contra el día del Juicio Final.

Hay mucha confusión sobre las referencias en donde está citado, pero esto no le resta valor a los atrevimientos que se le atribuyen, y que resultan divertidos. Se dice que la historia de Tutivillus se menciona por primera vez en los Sermones vulgares y en la Historia Occidentalis, de Jaques de Vitry (ca. 1201-20), pero no se menciona específicamente su nombre. Para confundirnos más, otros señalan que aparece en el Tractatus de Penitentia, de Juan de Gales (ca. 1270-1285).

Uno de los investigadores más especializados en el tema es Julio González Montañés, quien asegura que en realidad es a partir del siglo XIX cuando se le atribuye a este demonio el acto de provocar en los scriptoria medievales errores, pero que esto sería como una excusa de los copistas o del impresor para justificar las erratas, lo que hace a Tutivillus el responsable y el principal causante de los errores en las copias de libros y luego en los de imprenta.

Además, aclara que esas facetas de Tutivillus no aparecen mencionadas en los textos medievales, y que tampoco se le menciona en el arte de la Edad Media; más bien sostiene que es una creación francesa de la segunda mitad del siglo XIX, a partir de una asociación de ideas de Victor Leclerc difundida en
los diccionarios de la época y popularizada por el escritor Anatole France.

Lo notorio es que la popularidad de este demonio ha crecido, al grado de considerarlo el patrono maligno de los escribas e impresores, a quien le adjudican la labor de confundirlos, señalándolo como el causante de los errores en la copias de los manuscritos. De manera que, cuando se comete un desacierto, se puede decir que no fue culpa de una persona, sino de ese demonio embaucador.

De cualquier manera, exista o no ese demonio, y en caso de que haya errores en este texto, la culpa no será del autor ni del editor. Para seguir con la tradición, el causante será Tutivillus, a quien de paso ya nos hemos encomendado l

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