La flor de la palabra / Lunas sobre la tierra
- Irma Pineda Santiago - Saturday, 20 Jun 2026 23:09
La belleza de las palabras y de la poesía siempre ha estado presente en la oralidad de los pueblos, donde la participación de las mujeres ha sido fundamental como guiadoras y líderes de ceremonias y rituales comunitarios, espacios donde florece la palabra poética, desde los conjuros y oraciones de
las ancianas curanderas, los rezos de las mujeres que encabezan las procesiones, o desde los cantos de cuna improvisados por las madres para arrullar a sus hijos, hasta los cuentos que las abuelas creaban para que las tardes se hicieran ligeras como el aire, o las historias de duendes, nahuales y aparecidos con las que enseñaban la importancia de respetar la noche y a sus mágicos habitantes.
Estas abuelas también cuentan que las mujeres somos las lunas sobre la tierra, que nuestros cuerpos siguen el movimiento de la madre celeste y cambian según los días o las noches, por eso en cada ciclo lunar la sangre nos llueve del vientre, y que es la luna la que hace de nosotras creadoras y criadoras de ideas, de arte, de hijos, de nuevas formas de hacer comunidad o política, de vincularnos con el mundo y de amar, porque el amor por nuestro origen y por las letras nos hacen andar los caminos, buscando tierra fértil donde sembrar sueños, palabras y acciones para crear mundos mejores.
Una de estas acciones es la creación literaria en la que las mujeres han plasmado, tanto sus ideas, emociones y vivencias personales, como la historia de sus pueblos, sus tradiciones, su cosmovisión, sus anhelos, y también las tragedias que les ha tocado vivir, las violencias que sufren cuando deciden alzar la voz y luchar para defender sus territorios, el agua, los bosques, las selvas, los minerales y todo lo que la naturaleza nos obsequia y que representa la vida misma. Aunque es importante mencionar que las mujeres indígenas llegaron un poco más tarde que los hombres a la escritura literaria, no por elección, sino por la falta de acceso a la educación, ya que en varias comunidades indígenas, aún en esta época, faltan escuelas, además de que a ello se suman algunas tradiciones que priorizan la educación de los varones por considerar que las mujeres deben dedicarse solamente al hogar, o simplemente porque la pobreza en casa es tanta, que ir a la escuela es un lujo.
Cuando corrían los años setenta, en las escuelas primarias de educación bilingüe en México, los profesores hablantes de lenguas originarias se cuestionaron acerca del papel de la escuela como responsable de la pérdida de los idiomas maternos, por lo que buscaron revertir esta situación y comenzaron a escuchar con mayor atención a los ancianos de los pueblos, para recuperar y resguardar a través de la escritura las historias que se contaban de boca en boca. Más adelante, estos profesores se dieron cuenta de que además de la recopilación, también podrían crear sus propios textos, con lo que se inicia un importante movimiento de escritores en lenguas indígenas que más allá de lograr la promoción y el aprecio por las lenguas originarias, abrieron espacios institucionales para el reconocimientos de las mismas e impulsaron de manera importante la creación de la Ley de Derechos Lingüísticos, y también formaron a varias generaciones que actualmente cuentan con diversos medios para publicar y difundir su obra.
Al principio de este movimiento la participación de las mujeres fue mínima. Es en la década de los ochenta cuando la presencia de escritoras empieza a asomarse despacio, como pequeñas gotas de una lluvia tímida, para luego arreciar y hacerse notar en los diferentes géneros literarios. En la actualidad son las mujeres indígenas las que están difundiendo con mayor fuerza su obra, las que ganan los premios literarios, las que viajan por todo el mundo llevando la lengua de las madres y la palabra de las abuelas, las que nos recuerdan que las mujeres somos lunas sobre la tierra y que, desde la literatura, podemos iluminar el mundo.