La complejidad de lo real: paradigma para comprender el mundo

- Alejandro Montes - Saturday, 20 Jun 2026 21:28 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
La realidad es sin duda multidimensional y, por lo tanto, compleja, lo cual supone un cúmulo de problemas y un reto para la filosofía, pero también para la ciencia, y cuya solución es esencial para la comprensión y en consecuencia la conservación de la vida en el planeta. Este ensayo se acerca a los avatares de ese reto y, entre otros conceptos, afirma: “Los sistemas complejos no son estáticos ni permanecen en reposo sino que, además de estar en movimiento constante e interactuar con su entorno, se alejan del equilibrio para mantener estructuras disipativas, poder autoorganizarse y conservar la vida misma de la Tierra.”

El humano soluciona problemas

El ser humano ha solucionado problemas desde que reside en la Tierra. Hacer habitable el entorno natural, conseguir alimentos y agua potable o estar a salvo de depredadores, son ejemplos de problemas antiguos que se han configurado desde los albores de la humanidad. Las diferentes etapas históricas han expuesto al ser humano ante diversos tipos de problemas: físicos, naturales, sociales, culturales. En la prehistoria, un problema fue domesticar el fuego; en la aAntigüedad, uno de los desafíos radicó en desarrollar el comercio o la arquitectura mediante el uso de las matemáticas; en la Edad Media, fue combatir las pestes; en los siglos XV y XVI, las guerras entre reinos para forjar Estados-nación representaron problemas sociales; en el siglo XX, las crisis económicas impidieron el desarrollo homogéneo entre países industrializados y aquellos “en vías de”, y en el siglo XXI, la tecnificación digital ha simulado la inteligencia humana mediante la inteligencia artificial. Ante esto, el ser humano ha diseñado formas de solución para resolver problemas que han surgido a lo largo del tiempo.

Un problema es un conflicto por resolver entre la realidad y lo deseable (en medio de estos dos polos se encuentra el conflicto). Por ejemplo, la realidad muestra que hay muertes ocasionadas por agentes virales; lo deseable es evitar al máximo ese tipo de muertes. El conflicto entre la realidad y lo deseable es conseguir medios médicos que desactiven esos agentes virales. Por eso, el ser humano ideó las vacunas como la acción modificadora de la realidad.

Una característica histórica del ser humano es desarrollar la capacidad de transformar su realidad a partir de acciones. Las acciones que modifican la realidad de manera calculada son el producto de un diseño mental. La domesticación del fuego permitió cocer carne y alejar depredadores; establecer calendarios astronómicos fijó el orden de la siembra y la cosecha; el uso del agua y el viento provocó la invención de molinos… Los ejemplos anteriores muestran que el ser humano siempre ha modificado la realidad según su conveniencia y desde las competencias cognitivas y herramientas técnicas que haya tenido a su alcance.

Según sea el tipo de problema que el ser humano identifique en la realidad, así como su capacidad intelectual y avances técnicos disponibles para solucionarlo por medio de acciones transformadoras, estas intervenciones manifiestan la tendencia cognitiva imperante de cada época histórica.

Resolución de problemas simples

No todos los problemas son de la misma dimensión, pues según sea su tipo de conflicto será su grado de solución. Para establecer una lógica básica, los problemas simples se definen a partir de su número de variables (tiempo, velocidad, fuerza, masa, aceleración…); las partes no dependen entre sí y su comportamiento es lineal. Por ello, los problemas lineales tienen un conflicto único (el cual define su propia naturaleza), la solución depende de ese conflicto desde la relación causa-consecuencia simple, y el nivel de solución se establece en función de cuánto se resuelve el conflicto sin considerar interacciones con otros factores.

Desde finales del siglo XVI se inició un gran período científico que abordó la realidad desde los problemas lineales (no que fueran los únicos, sino que el paradigma científico de ese momento sólo podía alcanzarlos). Nicolás Copérnico, con su teoría heliocéntrica, dejó de lado la visión geocéntrica medieval ptolemaica. Francis Bacon, en su Novum Organum, planteó un método inductivo experimental que objeta la tradición escolástica al proponer la observación sistemática de la naturaleza y la acumulación de datos en vez de deducciones abstractas. Galileo Galilei, al perfeccionar el telescopio, afirmó que la Tierra gira alrededor del Sol, además de exponer los principios de inercia (un cuerpo se sigue moviendo a velocidad constante si no hay una fuerza externa que lo impida) y de caída libre (todos los cuerpos caen con la misma aceleración independientemente de su masa). Johannes Kepler, en sus Astronomia nova y Harmonices Mundi, formuló las tres leyes del movimiento planetario: los planetas se mueven alrededor del Sol en órbitas elípticas, los planetas se mueven más rápido cuando están más cerca del Sol y más lento cuando están más lejos de éste.

René Descartes, en el Discurso del método, abrió la puerta al racionalismo gracias a su duda sistemática como método de conocimiento, donde nada es verdadero si no tiene evidencia clara;
asimismo, su geometría analítica articuló el
álgebra con la geometría. Por su parte, Isaac Newton demostró en su Principia Mathematica sus leyes del movimiento y la ley de la gravitación universal, con lo cual inauguró la Física clásica.

Con las anteriores aportaciones científicas se llegaron a considerar cuatro principios: el todo es la suma de sus partes; el equilibrio constituye el estado natural de las cosas; el movimiento de un mecanismo es estable en el tiempo y el cambio se produce por un movimiento predeterminado y predecible; el sentido del tiempo es absoluto porque los mecanismos funcionan siempre igual. El mundo físico se concibe como un mecanismo que sigue leyes universales y se sintetiza en la metáfora: el universo es un reloj.

Ante problemas no lineales

Bajo el paradigma mecanicista de la naturaleza, la ciencia y la tecnología avanzaron de manera consistente durante varios siglos. Pero no todo era lineal ni predecible, y el mecanicismo tuvo una crisis epistemológica, pues hay fenómenos que no se rigen por la sola lógica de causa-efecto simple: el movimiento de millones de moléculas en un gas, el choque de dos moléculas en el aire, el azar en las mutaciones genéticas o en los mercados financieros son ejemplos que obligan a reflexionar que la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad también están presentes en el mundo físico.

La causalidad y el determinismo son insuficientes para resolver problemas con más de una variable, con interdependencia múltiple de sus partes y comportamientos no lineales ni previsibles. Ante esto, la complejidad se manifiesta como un nuevo panorama que el ser humano debe afrontar. Cambios inesperados en un lapso de tiempo breve, no saber a ciencia cierta qué pasará, la interacción de varios factores diferentes y las muchas maneras de interpretar algo son algunas de las características principales de la complejidad.

De entornos simples se transitó a entornos complejos donde la certidumbre se fracturó, pues la realidad no necesariamente se gobierna con patrones estables (donde causas y efectos se corresponden por su magnitud: grandes causas suscitan grandes efectos), sino que pequeñas causas pueden concebir grandes efectos, es decir, si en las condiciones iniciales de un sistema hay una mínima variación, éste puede presentar cambios inesperados en su comportamiento. La variación mínima de la temperatura del agua del mar, por ejemplo, puede provocar la muerte de corales y, con ello, de especies marinas. La complejidad conlleva no linealidad, patrones inestables, atractores internos o externos que provocan incertidumbre.

Con los principios de la termodinámica se planteó cómo los sistemas abiertos, al intercambiar energía y materia, pueden generar circulaciones ordenadas y no ordenadas. Asimismo, Warren Weaver diferenció la simplicidad, la complejidad desorganizada y la complejidad organizada; Ilya Prigogine demostró con su teoría de las estructuras disipativas que del caos puede surgir el orden; Stuart Kauffman focalizó sus estudios biológicos en la autoorganización y las redes de vida; John Holland investigó sobre algoritmos genéticos y los sistemas adaptativos complejos. Son autores que permitieron ver la realidad desde la complejidad y plantear que la no linealidad (no proporcionalidad entre causa y efecto), la emergencia (el todo no sólo es la suma de sus partes, sino la relación de éstas), la autoorganización (capacidad de organizarse por sí misma) y la adaptación (aprender del cambio) son propiedades de la complejidad.

 

Interconexión de sistemas complejos

Lo dicho hasta aquí permite plantear que la complejidad se formula como sistemas y que los sistemas complejos están muy lejos del equilibrio, pero cerca del “filo del caos”. Dicho en otras palabras, los sistemas complejos no son estáticos ni permanecen en reposo sino que, además de estar en movimiento constante e interactuar con su entorno, se alejan del equilibrio para mantener estructuras disipativas, poder autoorganizarse y conservar la vida misma de la Tierra.

Si los sistemas complejos pueden adaptarse, autoorganizarse y concebir nuevas propiedades, entonces son fundamentales para la vida planetaria. Hay diferentes tipos de sistemas complejos, como los ecosistemas (al interactuar diferentes especies de formas distintas, debe prevalecer la biodiversidad), la economía (una decisión mínima puede provocar crisis) o las ciudades (la urbe, el transporte, los servicios… interactúan de forma interdependiente). Entender la realidad como un sistema complejo ayuda a resolver problemas globales que afectan a la sociedad; se logra gestionar la incertidumbre por tener un carácter no algorítmico; predecir el futuro a partir de la modelación y simulación para anticipar consecuencias de cambios inesperados; desarrollar una transdisciplinariedad que rompa con las fronteras de conocimientos parcelados.

Pero el principal sistema complejo que jamás debemos olvidar es el propio ser humano. Éste tiene relaciones sistémicas que interactúan entre sí y con su entorno: consigo mismo, con los demás y con el mundo. Tiene un cerebro donde interactúan miles de millones de neuronas (sinapsis), no es lineal (un mínimo estímulo puede provocar diferentes reacciones), puede adaptarse (neuroplasticidad)… La complejidad humana produce conciencia, memoria, lenguaje, emociones, imaginación… sin las cuales nuestra experiencia en el mundo sería totalmente lineal l

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