El desafío de la complejidad: la filosofía de Edgar Morin (1921-2026)

- Miguel Ángel Adame Cerón - Saturday, 20 Jun 2026 21:19 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Nadie puede dudar sobre la complejidad del mundo en que vivimos, pero pensar esa complejidad supone una estructura muy rigurosa de conceptos y su desarrollo, base esencial de la obra del filósofo francés recientemente fallecido Edgar Nahoum Morin (1921-2026), cuyas ideas se resumen en este artículo.

 

Las teorías complejas y el Paradigma homo

El erudito sociólogo y filósofo francés Edgar Nahoum Morin (1921-2026) militó de manera crítica y autocrítica en el Partido Comunista francés durante diez años (de 1941 a 1951), hasta su expulsión en 1952 por salirse de los dogmas-verdades estalinistas; también participó en el Movimiento de Resistencia y en la liberación de París en la segunda guerra mundial. En 1952 ingresó al Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) y, a partir de entonces y con su participación en el Instituto Salk de California a finales de la década de los años sesenta, se interesó por integrar a la dialéctica marxista las teorías complejas de la biogenética, la cibernética, la teoría de los sistemas, la teoría de la información y la de la autoorganización.

Una de sus primeras obras donde implementa su propuesta interdisciplinaria es el brillante ensayo de bioantropología El paradigma perdido, de 1973: Le paradigme perdu: la nature humaine, donde concibe al ser humano y una historia de la humanidad inmersos en procesos contradictorios basados en múltiples factores interaccionando: la ecología, el sistema nervioso, la corporeidad, el proceso de trabajo, la mente-imaginario y las relaciones sociales e históricas; se trata, dice, de la constitución de un homo sapiens-demens, donde la hybris o desmesura juega un papel relevante: el bucle interactivo del caos del homo locuax alimenta la genialidad del homo rationale. A esta propuesta la llamará el “Paradigma Homo”.

En el quinto de los seis tomos de su serie maestra que llamó La Méthode, llamado “La Humanidad de la Humanidad” (L’Humanité de l’Humanité,2001), reafirma y enriquece esa concepción de los seres humanos y su historicidad hipercompleja (historicus hipercomplexus).

Pensamiento, conceptualización y episteme compleja

De manera central, a Edgar Morin le interesó superar la episteme simplista en todas sus modalidades, pues opera con lógicas reductoras que implican constantes disyunciones y reduccionismos, entre otros, por ejemplo, el orden y el desorden, entre la coherencia absoluta y la incoherencia absoluta, entre la edificación de la razón o su demolición (desconstructivismo a la Derrida), entre la objetividad y la subjetividad, entre el determinismo y el indeterminismo, en la reducción de la razón como razón instrumental y la racionalización, etcétera. A Morin le interesó fundamentar su paradigma en una razón no racionalizadora sino racional, que “corresponda a una voluntad de tener una visión coherente de los fenómenos, de las cosas del universo”. Asimismo, le interesó hacer hincapié en que su paradigma rebasara la simplicidad al manejar nociones que puedan dar cuenta de la multidimensionalidad y solidaridad de toda realidad. De esta manera, continuamente recalca su oposición a los “delirios” extremos, tratando de buscar la unidad en la diversidad y el conjunto sin negar las particularidades; apuntó, para ello, a la necesidad de construir agrupaciones conceptuales que tuvieran una integración interna y una jerarquización en su dinámica funcional; concretamente, propuso la existencia de macroconceptos, constelaciones y solidaridades de conceptos que trabajen los nudos y no subrayen fronteras, como los siguientes:

Nociones maestras: paradigma, razón, coherencia, complejidad…incertidumbre

Nociones clave: orden-desorden-organización, autoorganización-autonomía, desintegración-integración, complicación… incertidumbre.

Principios clave: recursividad organizacional, dialogismo, hologramatismo…incertidumbre

Operaciones lógicas: distinción, conjunción compleja, unidad-multiplicidad, implicación-retroacción…incertidumbre…

En suma, plantea una postura: a) dialoguista, b) multicausal, c) recursiva y d) hologramática –del todo en las partes y éstas en el todo–, lo cual, en un sentido importante, está actualizando la dialéctica hegeliana y marxiana, pues así apunta a la posibilidad y la necesidad de la aprehensión integradora y, de esta manera, la explicación verídica de la realidad. Al mismo tiempo declara que se fundamenta en la racionalidad y la coherencia, lo cual pareciera que insiste en el carácter positivo (no positivista) y científico del “conocimiento del conocimiento” (tomo 3 de su Méthode, 1986).

En su clásico “Introducción al Pensamiento complejo” señala que la complejidad es “el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que constituyen nuestro mundo fenoménico; la complejidad se presenta con los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre”. De allí el imperativo para el conocimiento, de poner orden a los acontecimientos, sucesos y fenómenos. Sin embargo, Morin termina por dar más peso definitivo al desorden y a la incertidumbre respecto al orden y la certidumbre. Así, dice que “no podremos escapar jamás a la incertidumbre y jamás podremos tener un saber total, pues la Totalidad es la no verdad. Estamos condenados al pensamiento acribillado de agujeros, a un pensamiento que no tiene ningún fundamento absoluto en la incertidumbre”.

Dialéctica de la certidumbre-incertidumbre-certidumbre (Demócrito, Hegel, Marx, Bloch)

Empero, esta declaratoria la postula como una “certidumbre absoluta”, lo cual es, a mi parecer, una incoherencia con su planteamiento que se dice dialógico y que rechaza los absolutismos. Morin se cuida tanto de no caer en la “deificación” de la razón totalitaria, que se inclina o cae en los brazos deificadore de la Sinrazón encarnada en la incertidumbre.

No es que pensemos que la incertidumbre no sea necesaria en la dialéctica idealista (Hegel) y más en la materialista y en las teorías de la complejidad e hipercomplejidad para captar y explicar la vida, la cultura, la humanidad, la persona y el cosmos. Tampoco se trata de ontologizar la certidumbre pura o total como episteme y método. En efecto –como quiere el pensador francés recientemente fallecido– después de una longeva y prolífica vida, se trata de valorar el rol de cada cual y su interconexión en el proceso de las praxis y de la producción material, natural y sociocultural. La incertidumbre, como lo indeterminado (clinamen para Demócrito, que Marx valoró profundamente en su tesis doctoral), abre posibilidades para el devenir, el principio de esperanza (Ernest Bloch dixit) y las utopías libertarias; pero la certidumbre mueve a la acción y las realiza como utopías concretas y objetivas.

Nada puede hacerse y nada se hace si no existe esa dialéctica procesual o historicidad, en donde la certidumbre es la parte afirmadora que se vale de las incertidumbres que incitan a ser superadas pasiva y activamente, mental y materialmente, subjetiva y objetivamente l

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