La otra escena / Juan Gabriel Moreno, historia sincopada de la pantomima

- Miguel Ángel Quemain quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 06 Jun 2026 22:22 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Si los que participan en el festín de la tradición artística no comparten y exploran la genealogía de la que forman parte, están condenados al olvido y a la repetición. Eso lo sabe Humberto Ibarra y, como una tarea de sobrevivencia personal y de su arte, ha tratado de mostrarse como parte de un quehacer que parece no importarle a quienes programan y gestionan las artes escénicas en México. Por eso, y me imagino por muchas cosas más, profundas y estéticas, Humberto Ibarra le ha lanzado un salvavidas a la pantomima mexicana, para que sea atendida y rescatada por quienes gestionan, producen y programan el teatro en México. Ese salvavidas se llamó Mimos para ti in memoriam Juan Gabriel Moreno.

La tarea de salvamento ya la hizo la Secretaría de Cultura a través del Sistema de Teatros que tuvo que apoyarse de Mima Escénica México, para hacer un homenaje de entrada libre en el Teatro Sergio Magaña, e invitar a un conjunto de artistas de distintos orbes para que nos recordaran que la pantomima está viva, que tiene mucho que expresar y que hay exponentes inspiradores, como Juan Gabriel, que hicieron de la UNAM uno de los mejores espacios posibles para que la pantomima sea uno de los ejes formativos de la expresión corporal del actor y una premisa espacial para la dirección
de escena.

Humberto Ibarra realizó un libro casi por su cuenta, donde muestra de qué está hecho ese eje dramático que llamamos pantomima. En uno de esos espacios recuerda que a un año de su partida, Juan Gabriel Moreno carecía del reconocimiento suficiente y la pasaba mal en su vejez, como parece que les toca y les tocará todavía a quienes envejecen en las aulas con prestaciones que se extinguen cuando se jubilan como profesores de asignatura en el sótano de la jerarquía laboral universitaria.

Ahora ya sólo se le puede recordar y homenajear, pero no es inútil, pues sobre su polvo de estrellas esta semana trazaron una conmovedora complicidad Mimo Dago, Osvaldo Roberto García, el puertoriqueño Iván Olmo, Maryanna Cortés, Alaide Ibarra, Rafael Degar y Humberto Ibarra, iluminados por Marco Antonio Sánchez finito y la producción y logística de Verónica Soto.

Me imagino, pesimista, que quienes están al frente de la danza se preguntan “¿por qué yo?” como solía responder el Alto vacío cuando gobernó. Y quienes hacen teatro se dicen incrédulos: “a quién le importa lo que tú hagas, a quién le importa lo que tú digas”. En una conversación de Humberto Ibarra en Primer movimiento en Radio UNAM, no dejaba de ser sarcástico con aquellos que viven de la cervantina y lopezportillesca nostalgia por Marcel Marceau.

Muchos lo vimos, lo aplaudimos, lo entrevistamos y nos dijo con su enorme sabiduría que la pantomima era el arte de decirlo todo sin utilizar la palabra. Y muchos le creyeron y adoptaron la pantomima como un ejercicio de guantes blancos, bastón corto, bombín, cara blanca y labios negros, anticipándose sin saberlo a lo más crudo del butoh. Creyeron que la pantomima era un híbrido entre el cine silente de Chaplin y la cara blanca bajo los rizos de Marceau.

Marcel Marceau es uno de los mejores recuerdos de los adolescentes que nacieron al filo de los años setenta y tuvieron oportunidad de verlo. Todavía no llegaban los tiempos en los que se presentan en el Zócalo los artistas que el pueblo no puede pagar. A Marceau lo aplaudieron de rodillas, de cabeza y de pie después de haber soplado, inflado y desinflado una margarita, o de pasar debajo de un cordón imaginario, o de chocar contra una puerta de cristal y encontrar la entrada deslizándose con sus manos blancas por una pared imaginaria.

El recuerdo de Marceau es muy bonito, pero su paso por México no fue suficiente. Tuvimos como formador a Jodorowsky, pero tampoco fue suficiente. El sarcasmo de Ibarra es importante para entender que no podemos confundir, para usar una metáfora de la repostería, los gansitos marinela con los profiteroles de Popelini l

Versión PDF