La flor de la palabra / Las ausentes
- Irma Pineda Santiago - Sunday, 24 May 2026 02:43
Oaxaca se caracteriza porque el 69.1 por ciento de su población se considera indígena y el 4.9 por ciento se considera afromexicana, lo que incrementa también la posibilidad de que la mayoría de las personas desaparecidas o no localizadas en este estado sean de estas poblaciones. Sin embargo, no podemos precisar números porque, como en muchas otras situaciones, ser una persona indígena o afromexicana, y más aún ser mujer, es hablar de la carencia de datos desagregados, es estar condenada a la invisibilización, a la negación, al olvido.
Contra este olvido se atreven a luchar dos periodistas: Diana Manzo y Juana García. Diana, binnizá de la región del istmo, donde los vientos azotan con tal rudeza que obligan a ser fuerte, y Juana, ñuu savi de las montañas de la mixteca, donde las caminatas y el frío forjan el carácter, son mujeres que se han destacado por su escritura en diversos medios de comunicación, donde han presentado importantes reportajes, entrevistas, columnas e infinidad de historias que abren una ventana para asomarnos a las realidades de un estado tan diverso y complejo como Oaxaca. Ambas decidieron unirse para contarnos las historias de siete mujeres indígenas y una afromexicana, con la intención de darles una voz que resuene fuerte en todos los rincones del mundo, desde el libro Las ausentes.
En este libro podemos conocer a Adolfa, Andrea Itzel, Mayra, Itzel, Obdulia, Sandra Estefana, Yeimi Zulen y Yesenia. Sus edades van de diecisiete a los cuarenta años, es decir, mujeres en plena juventud que fueron desaparecidas entre 2015 y 2024. De casi todas se desconoce el momento exacto de su desaparición, no hay testigos, no hay registros en cámaras de videos, no hay rastros, o eso es lo que dicen las autoridades que deberían investigar y buscar a estas jóvenes. De algunas las mismas familias sospechan un posible tema de trata de personas; de otras era conocido su activismo social y comunitario, lo que hace pensar en posibles represalias por alzar la voz y denunciar a violentadores de mujeres y de comunidades.
Las familias que las buscan, que cocinan sus platillos favoritos para sentirlas cerca, son hablantes del chinanteco, mixe, tuun savi o been zá, algunas hacen denuncias públicas, presionan a las autoridades y a los funcionarios para que les den respuestas, otras apenas lograron poner una denuncia por desaparición, ya que no sabían a dónde ir a denunciar, a quién recurrir para buscar a su persona querida. Algo en lo que todas las familias coinciden, además del amor por las mujeres que les fueron arrebatadas y el profundo dolor que sienten, es en la violencia que sufren de parte de las instituciones cuando acuden a ellas y las autoridades se niegan a atenderles, les miran con desprecio por su color de piel y por no hablar bien español.
A este racismo se suma la revictimización de las mujeres desaparecidas y sus familias. Las autoridades se niegan a realizar los debidos procesos de investigación y búsqueda, ninguna de las madres que buscan a sus hijas ha tenido acceso a intérpretes en las lenguas originarias que hablan, gastan sus pocos recursos en contratar abogados y hacer ellas mismas las búsquedas, mismas que tienen que abandonar cuando el dinero ya no alcanza. Es decir, la infamia absoluta por parte de quienes deberían cuidar, proteger y apoyar a la población.
Las ausentes, de Diana Manzo y Juana García, se hace necesario para recordar y nombrar a cada una de las mujeres desaparecidas, para acompañar el dolor de las familias, para sensibilizarnos con una tragedia que podríamos estar viviendo cualquiera de nosotras, y también para exhibir la insensibilidad de las instituciones, la violencia que algunos funcionarios ejercen contra la población indígena o afromexicana, y revelar la terrible infamia con que actúan las autoridades cuando se es mujer, indígena, morena y pobre.