Galería / Mark Twain y su máquina de escribir
- José Rivera Guadarrama - Sunday, 24 May 2026 02:49
A medida que avanza la tecnología, hay objetos que en su momento fueron esenciales para el desarrollo de su tiempo, pero que se van quedando obsoletos o pasan a formar parte de un nostálgico recuerdo. Uno de ellos es la máquina de escribir mecánica. Es probable que las nuevas generaciones de escritores nunca hayan usado una para escribir determinada línea o párrafo, y menos para entregar alguna propuesta a sus editores.
Durante el siglo XIX, la máquina de escribir representó una transformación en la forma de elaborar y entregar documentos, ya que previo a ella la escritura se realizaba de puño y letra del autor, y muchas veces la caligrafía era complicada de leer, predominaban las manchas de tinta en el papel y era más tardado el proceso de entregas. Por lo tanto, aquella evolución aumentó la velocidad de escritura, mejoró la legibilidad y uniformidad del texto, cambiando las prácticas comunicativas y administrativas de esa sociedad burocrática y comercial.
Uno de los primeros escritores de la historia de la literatura en entregar una obra escrita en su totalidad con máquina de escribir fue Mark Twain. Aunque aquí hay una confusión, ya que él mismo dice en su autobiografía de 1904 que se trató de Las aventuras de Tom Sawyer. Sin embargo, de acuerdo a estudiosos del tema, en realidad fue Vida en el Misisipi, que son ensayos.
Con esos aparatos raros y recientes, Mark Twain no se sentía muy cómodo. Así lo asegura en sus memorias, incluso afirma que tuvo varias máquinas de escribir y que muchas de ellas las regresó al fabricante, debido a que se ponía de mal humor por los continuos errores que cometía al momento de teclear. Para evitar enojarse, contrató a una asistente para que le ayudara a mecanografiar sus textos.
A partir de entonces, otros autores de esos años también comenzaron a usarlas, como Henry James, autor de Otra vuelta de tuerca, quien igual que Twain prefirió ser ayudado por una experta para teclear sus notas. A ellos se sumaron Thomas Hardy, George Meredith, John Galsworthy, entre muchos otros.
Uno de los diseños más usados fue creado por Christopher Latham Sholes, editor, periodista y político estadunidense, quien elaboró un primer prototipo que fue patentado el 23 de junio de 1868. Años más adelante, en 1873, vendió los derechos a una empresa que tenía más posibilidades para fabricar gran cantidad de unidades: la compañía de armas y máquinas de coser Remington, en Nueva York.
De esta manera, en julio de 1874 salió al mercado el primer tiraje de unidades de las Remington, con teclas que accionaban palancas dispuestas en semicírculo que marcaban las letras sobre una cinta impregnada de tinta; además, tenía una parte que se movía de derecha a izquierda cada vez que se apretaba una tecla y un rodillo en donde se colocaba el papel. Esos primeros modelos sólo tenían letras mayúsculas. Sus variantes fueron integradas con el paso de los años. Christopher Latham Sholes también ideó el acomodo del teclado QWERTY, que ha permanecido hasta los actuales teclados digitales de computadoras, tablets y teléfonos celulares.
Otra marca muy utilizada fue la italiana Olivetti, produciendo modelos más compactos que usaron diversos artistas, músicos y escritores, como Leonard Cohen, Bob Dylan o Sylvia Plath, siendo la Lettera 22 una de las preferidas y de mayor demanda en el mercado.
A estas alturas de nuestro siglo, la tecnología ha sustituido las máquinas de escribir por computadoras y portátiles digitales, y ha dejado de lado el característico sonido de las teclas al presionarlas, prescindiendo de la cinta con tinta que iba llenando de letras las hojas de papel, las cuales había que reemplazar por otras un vez llegado al final del documento. Su uso ha quedado en un nostálgico recuerdo l