Anécdotas / El bandido Rochette

- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 24 May 2026 02:38 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

¿Cómo está, doña Clofis? ¿Le gusta este tiempo de jubilación? ¿Puede leer todo lo que había prometido? Me resulta simpático preguntarlo porque solemos apilar libros “para cuando tenga tiempo” y cuando llega ese preciado día, el estante no se desocupa.

En eso de entrometerse en papeles viejos, me encontré con unos recortes de periódico que hablaban del “bandido Rochette”. Me dispuse a averiguar más para contarle alguna historia que tiene una dosis de suspenso. De un lado para el otro logré reconstruir estos hechos. Póngase cómoda.

A principios del siglo XX, un muchacho de pocos recursos económicos, pero con deseos de trabajar, logró ser contratado por el Banco Berger de París. Ahí debió aprender bastantes cosas por los acontecimientos en los que se vería envuelto en el futuro. Sin embargo, la institución quebró y Henri Rochette se quedó sin empleo. De manera súbita apareció en Madrid con 41 mil francos en el bolsillo; buscó socios, los halló pronto y fundaron, en 1904, la sociedad anónima Crédito Minero. Sin embargo, la policía francesa detectó que había estafado a muchos clientes en su país natal y lanzó alertas para detenerlo. Georges Claretie, por entonces asiduo asistente a juicios en la corte parisina, tuvo ocasión de conocerlo porque fue finalmente detenido el 23 de marzo de 1908 y hubo de comparecer. En su libro Drames et comédies judiciaires. Chroniques du Palais (Dramas y comedias judiciales. Crónicas de Palacio), de 1910, cuenta que el individuo tenía una pinta de “empleado de almacén con su traje dominguero. Pero oídle hablar. Su palabra es clara, precisa, y siempre tiene el vocablo justo, la expresión debida. Y su voz es agradable y se comprende ya la seducción […] Es un auténtico timador de gente ilusionada en alguien que cree ‘genio financiero’, cegada por la esperanza de ilusorias especulaciones”.

El “bandido Rochette” logró escapar de Europa y ¿qué cree? ¡Se instaló en la capital de la República! Sin que se conociese su pasado judicial, ofreció invertir 40 millones de pesos para erigir una vía férrea en Zacatecas a través de la empresa Ferrocarriles del Centro de México. Todo iba bien hasta que el gobierno mexicano, en 1912, fue notificado de que la República Francesa solicitaba su extradición. De manera sorprendente, el caso del banquero comenzó a acaparar renglones en la prensa capitalina. Con ese sabor a escándalo, circularon descripciones suyas, conjeturadas visitas, supuestas cartas, etcétera. Unos decían haberlo visto disfrazado paseando por el Centro Histórico o que había viajado por el tren desde la estación Buenavista. Jamás me hubiese imaginado leer lo siguiente, en la edición del 17 de enero de 1913 en El País: en una nota afirmaron que alguien que era él o se hacía pasar por él, en un castellano afrancesado, amenazó por teléfono a quien contestó en las oficinas: “Soy Rochette y quiero advertirles: cuídense ustedes de seguirme difamando porque tomaré venganza cruel. No solamente perseguiré [al periódico francés] Le Matin sino también a ustedes. Tengan mucho cuidado de seguir publicando mi nombre en su periódico.”

¿Qué tal? No sé cuándo, pero es un hecho que el “bandido Rochette” huyó de México porque, se deduce, la policía estaba a punto de capturarlo. Y no he podido hallar nada más sobre él. Se me ocurre aconsejarle que se cuide del teléfono. Una amenaza semejante es para temblar… No hay que contestar números desconocidos. Nunca se sabe. Lo otro es tener cuidado con los de buen verbo que nos prometen ganancias meteóricas. Que goce de buena salud, doña Clofis, nos escribimos y leemos pronto l

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