La otra escena / Silvia Peláez, literatura y escena permanentes
- Miguel Ángel Quemain / quemain@comunidad.unam.mx - Sunday, 10 May 2026 03:18
EL PRÓXIMO 16 de mayo, el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón lo recibirá Silvia Peláez (1959, Cuernavaca, Morelos), por su trayecto-ria de más de tres décadas en la escena mexicana, como ensayista, crítica de teatro, periodista cultural, docente, con-ferencista, investigadora y libretista de ópera. Una trayectoria deslumbrante y muy rica que se puede consultar amplia-mente en el sitio web de la escritora (https://silvia-pelaez.com/), y también en un proyecto español de difusión que pone al alcance del público un catálogo muy significativo de la obra de Peláez, accesible con una breve justificación del interés de conocer el trabajo. Se trata de Contexto Teatral (https://www.contexto-teatral.es/) que hace posible un conjunto de artistas españoles de la escena, y que forma parte de un reconocimiento gene-roso y leal de la escena latinoamericana.
Ahí hay una definición del espíritu artístico de Peláez: su agudeza y madurez crecientes, su valentía para asumir temas que en los tiempos que corren muchos escritores tienen que pedir permiso para no incomodar a los bien pensantes. Peláez no necesita permiso para tratar la diversidad sexual, la violencia familiar, la migración, la corrupción, la lucha de los sexos, el entorno amoroso y la familia, y abordar vidas significativas.
Eso indica también la conformación de un jurado de artistas que saben dar y recibir. Subrayo el caso de Estela Leñero (CDMX, 1960) que está en la misma tra-yectoria que la premiada, también reco-nocida en 2025 por el trabajo que tiene en común con Peláez, la investigación, la docencia, el tallerismo y, en Estela Leñero, una vida dedicada a la difusión del teatro en radio y a través de la crítica en las páginas culturales de la revista Proceso. Quien recibe el premio el año anterior es jurado al año siguiente.
En treinta años este premio lo han recibido sólo cinco mujeres: Elena Garro (1994) fue la primera, seguida de María Luisa Puga, Luisa Josefina Hernández (2000), Sabina Berman (2008) y Bárbara Colio ( (2017). En esos treinta años, el pri-mero fue Sergio Magaña, y trienta años después, Martín Zapata. Fue declarado desierto en tres ocasiones.
Me parece pertinente señalar lo ante-rior porque en los últimos diez años lo han recibido cuatro hombres y ocho mujeres. Quienes lo han recibido son escritoras muy influyentes y de gran relevancia e influencia en nuestro teatro. La escritora viva más importante de la escena mexicana es Berta Hiriart (que dirige, gestiona y lucha por hacer enten-der lo significativo de sus ideas y sus pre-ocupaciones teatrales para las infancias y los jóvenes). Faltan productores para esos temas.
También están las ya mencionadas Bárbara Colio y Estela Leñero, y Ximena Escalante y Maribel Carrasco, quien ha recibido un reconocimiento creciente hace apenas unos años. A ese paso, en este afortunado sexenio de mujeres, seguramente lo tendrá Conchi León, otra autora, gestora, directora y actriz, para seguir aplaudiendo lo que estuvo siem-pre rezagado.
Hay que decir que, en los últimos quince años, a los escritores y directores de escena que han modelado el premio también debemos atribuirles una inda-gación verdaderamente importante para entender la diversidad sexual, emocio-nal, genérica, de presencia de las infan-cias y del mundo de la vejez, y me refiero a David Olguín, Jaime Chabaud, Flavio González Mello, Luis Mario Moncada, LEGOM, Pilo Galindo, y Edgar Chías.
Hay deudas importantes en esas for-mas de dramaturgia que también son la gestión y la traducción: Otto Minera y Boris Schoemann son dos ejemplos. Otro ejemplo: Juan Villoro, lejos de la escena pero con una obra dramática ori-ginal muy superior a las propuestas que entregaron Carlos Fuentes, García Ponce y Salvador Elizondo. Antonio Zúñiga es otro buen ejemplo. No hay un solo premiado en lenguas originarias en casi curenta años. Muchos desafíos.