La flor de la palabra / Los sitios sagrados

- Irma Pineda Santiago - Sunday, 10 May 2026 03:15 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

LO SAGRADO, EN la cosmovisión de los pueblos indígenas, está profundamente vinculado con la naturaleza, con los mitos de origen de la cultura, con las historias de la creación del mundo, la identidad y el amor por la tierra y esa memoria resguardada por los ancianos que se representa a través de diversas ceremonias y rituales en determinados lugares, como cuevas, manantiales, árboles o espacios construidos especí-ficamente para la veneración de las deidades que controlan la naturaleza, como Tláloc a la luvia; Cozijo a los rayos y las nubes, o Ixchel a la fertilidad de la tierra y de las mujeres.

Sin embargo, el crecimiento poblacional, las migraciones, la modernidad que ha desvinculado a las nuevas generaciones de los relatos de los ancianos, hacen que los sitios sagrados se vayan olvidando. Se olvidan los rituales que los alimentaban, incluso los puntos geográficos donde se ubican. Con esta preocupación, el investigador Cristofer Fuentes se  acercó a la cultura zapoteca y, con la compañía y apoyo de personas de la comunidad, de las cofradías de las Velas (festi-vidades dedicadas a algún santo católico o deidad ancestral), con los mayordomos, campesinos y ancianos, se dedicó, con esmero y paciencia, a preguntar, recorrer y documentar cada uno de los espacios que fue encontrando como puntos impor-tantes de veneración para los binnizá y que se ubican en el territorio de Juchitán, Oaxaca.

Con la información obtenida, Cristofer Fuentes realizó un mapa que tituló Lidxi Ca Bido’. Los sitios sagrados de Juchi-tán, que incluye once lugares que solían ser visitados por la gente, en fechas especiales, para rendir tributo a la deidad ahí establecida o para recordar la importancia de venerar a la madre tierra y a la naturaleza. Además de encontrar estos puntos de referencia religiosa, también documenta que varios de estos sitios actualmente están en deterioro, abandonados, porque se ubican en terrenos de propiedad privada y los due-ños no permiten el acceso, o porque los dueños y la gente que solía visitar estos sitios ha cambiado de religión, o porque los ancianos ya no son escuchados para conocer la importancia de estos sitios sagrados, lo que genera también que estos luga-res dejen de tener sentido en la vida cotidiana de los binnizá y, al no tener vinculación con estos espacios que representan las cosas importantes de la cultura, se pierde la identidad, el sentido de la comunidad y el amor por lo que somos y lo que nos rodea.

Lo grave de perder la memoria de nuestra cultura y los sitios sagrados es que, al no tener amor por ellos, tampoco nos importará cuidarlos y defenderlos, y es por ello que varios pueblos, como el juchiteco, los han perdido y actualmente están cercados por los parques eólicos establecidos en el Istmo de Tehuantepec, que limitan su acceso a la población y que desde tiempos ancestrales han sido visitados en largas procesiones que la gente realiza desde la ciudad a varios kilómetros de distancia, como una forma de rendir culto a lo sagrado, que es la naturaleza misma, la tierra y la vida, que a fin de cuentas debería ser la religión de todas las personas.

Porque lo sagrado para los pueblos indígenas no es sólo la cruz, sino los nacimientos de agua, el mar, la ceiba, el lagarto-raíz, los cerros, los dueños del monte, los guardianes de la tie-rra, por mencionar algunos ejemplos. Hoy más que nunca es necesario volver a iluminar esa memoria que palidece, por-que necesitamos reconocer y volver a amar los sitios sagrados y todo lo que representan, las raíces, la identidad, las redes comu-nitarias, entre muchas otras cosas. Por eso agradecemos que el investigador Cristofer Fuentes haya hecho el mapa Lidxi Ca Bido’. Los sitios sagrados de Juchitán, porque los mapas no sólo permiten las georreferencias, también sostienen la memoria del tiempo y el espacio, y pueden ser una herramienta importante para el fortalecimiento de las culturas.

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