Ficción y docuficción: miradas mediáticas al narcotráfico
- Omar López Monroy - Sunday, 10 May 2026 02:23
Pactos para conocer la realidad
La relación entre ficción y realidad es una historia de larga data; quizás hoy en tiempos de distorsiones: postverdad e “inteligencia” artificial estamos ante una suerte de anillo de moebius en donde parecen diluirse los límites entre ficción y realidad. Hay una hibridación entre realidad y ficción (representación), la cual advertirnos en un texto literario, y de manera explícita en un filme de la llamada docuficcion e incluso en un documental –¿o sí es posible hacer un retrato objetivo de la realidad?
tes entre ficción y realidad. Hay una hibridación entre realidad y ficción (representación), la cual advertirnos en un texto literario, y de manera explícita en un filme de la llamada docuficcion e incluso en un documental –¿o sí es posible hacer un retrato objetivo de la realidad?En Autoficción y docuficción como propuestas de sentido. Razones culturales para la represen-tación ambigua, José Martínez Rubio problema-tiza la complejidad de los pactos de ambigüedad, ficcionalidad y referencialidad en torno a la realidad: esa suerte de materia primigenia de las historias que nos contamos. A través de estos pactos entre autor y espectador, transformados en licencias creativas, se han abordado temas tan importantes como la guerra contra el tráfico de drogas; es el caso de la novela pionera en el género del narcotráfico, Tierra Blanca, y el documental estadunidense Cartel Land.
Oferta y demanda
TIERRA BLANCA, pionera en el género literario del narcotráfico, de Leónidas Alfaro Bedolla, refiere que la pobreza puede ser un factor clave para deto-nar que una persona se dedique al narcotráfico, incluso por encima de un deber moral: “primero comer, que ser cristiano” dice un personaje de la novela. Este punto es un factor de análisis que aún se mantiene vigente, pero resulta insuficiente ante el entramado de intereses políticos que actual-mente giran en torno al narcotráfico.
Leónidas advierte el anatema mercantil del narco-tráfico: oferta y demanda: “los gringos quieren más, mucha más goma… mariguana, ellos piden, noso-tros surtimos...”. Y para que todo esto suceda como narra Bedolla, se requiere un tejido de intereses que envuelve el tráfico de drogas: redes de complicidad e impunidad que prácticamente involucran a todos los niveles del poder constitucional y fáctico en México: funcionarios, empresarios, líderes religiosos y fuer-zas armadas; aspecto nada alejado de la realidad.
Aunque esta novela deja de lado el papel de las instituciones estadunidenses de inteligencia (CIA, DEA, FBI, DIA…) que históricamente han quebran-tado la soberanía de varios países latinoamerica-nos en aras del combate al narcotráfico, sí describe decomisos de estupefacientes pactados entre auto-ridades locales y federales como una mera simula-ción, un montaje televisivo.
Distintos grados de veracidad se ven implicados en esta novela publicada en 1988, la cual nos ofrece un interesante retrato de época del complejo fenó-meno cultural del narcotráfico, aunque hoy insufi-ciente para comprenderlo.
Nada nuevo…
CARTEL LAND empieza en la noche: un grupo de hombres cocinan (así se suele decir a la fabri-cación de drogas sintéticas) lo que parecen ser “drogas duras” o sintéticas. La humareda que pro-pician debe ser visible fácilmente a varios metros de distancia, pero así lo hacen, a diferencia de los guerrilleros serranos de Guerrero de la década de los años setenta que contaban que debían cocinar por las mañanas para que el humo no delatara su ubicación. El tipo que toma la palabra refiere casi al pie de la letra una consigna: “semos de bajos recursos”, parte de la justificación para que se dediquen a este negocio, y agrega de manera un tanto pueril: “hasta que dios –no dice el nombre de su dios– quiera” ellos seguirán haciendo droga.
Esta primera escena revela la apuesta del docu-mental dirigido por Matthew Heineman: trans-mitir la idea de estar dentro del hecho (inside), de haber logrado desentrañar ese oscuro y violento mundo del narcotráfico (una investigación in situ). Esta creación audiovisual pone especial atención a la construcción de sus personajes cen-trales: un líder comunitario que decide levantarse en armas ante el vacío de autoridad en su loca-lidad, y del otro lado del Río Bravo un cazador y guardián que hace el trabajo sucio: plantar cara a los cárteles, aunque lo que más caza son personas que cruzan a Estados Unidos en busca de trabajo o escapando de la violencia que viven en sus países de origen, pero que para él solo cruzan la frontera para hacer el mal (al puro estilo de la retórica de Donald Trump).
Este documental estadunidense estrenado en 2015 no ofrece una mirada nueva en torno al narcotráfico. “Tierra de car-teles concluye que mientras los estadunidenses sigan consumiendo la droga y haya mexicanos desposeídos el problema del narcotráfico no tiene solución” refiere Leonardo García. Nada nuevo bajo el sol. En cambio, creo que termina por dar cuenta de una historia bastante conocida y empa-rentada al estilo hollywoodense: la batalla del bien contra el mal.
God bless Latinoamérica
ESTADOS UNIDOS lleva décadas maquinando operaciones para erradicar el narcotráfico, pero hasta el momento todo ha fallado, pues la droga sigue cruzando sus fronteras. En pleno siglo XXI podemos consumir series, documentales, pelícu-las o novelas que dan cuenta de una larga historia de combate contra las drogas en el mundo; esta enorme oferta y consumo puede hacernos creer expertos en el tema, pero quizás estamos más cerca de ser fans destacados.
Llegaremos a 2050 con miles de productos culturales (la mayoría audiovisuales) en torno al narcotráfico con diversas licencias narrativas y múltiples intenciones de venta y propaganda. ¿Estaremos preparados para discernir ese mare-mágnum de historias? No todo lo que se filma en alta definición nos ayuda a comprender la realidad o es un reflejo de la misma, y lo más pre-ocupante es que temas históricos vinculados al narcotráfico pueden terminar tergiversados en aras de contar una historia “políticamente incorrecta”.