Cinexcusas / El mole de Valdés y Chaparro
- Luis Tovar @luistovars - Sunday, 10 May 2026 03:08
PARAFRASEANDO AL CHEF Gusteau de Ratatouille –quien sostenía que “cual-quiera puede cocinar”–, también puede afirmarse que cualquiera puede hacer una película, pero en ambos casos hay un enorme “pero”: de que puede, puede, pero cómo queden guiso y película es muy otro cantar.
Después de haber hecho un montón de comerciales, algunos videoclips, dos o tres cortometrajes y haber sido asistente en Salvando al soldado Pérez, a Rodrigo Valdés le dio por debutar como largome-trajista de ficción. Si se tratara de comida y no de cine, fue algo así como haber preparado muchos hot dogs y dorilocos, y sentirse listo para cocinar un mole oaxaqueño.
No queda claro a quién culpar de la idea original –sólo es un decir, pero de algún modo hay que nombrar las cosas–, si a Djamel Bennecib, a Matt Bosack, a Yalun Tu o a Daniel Krauze, curiosamente acreditados en IMDB no como guionistas sino por “escritura”, o si éstos fueron contratados por Amazon MGM Studio, quizás igual que el propio Rodrigo Valdés, para que los primeros cuatro pergeñaran un argumento y el último lo dirigiera. El resultado lleva por título el originalísimo Venganza (2026), un mole menos que mediocre por nota-blemente convencional en términos thri-llerescos aunque, eso sí, según dicen los que saben, el más costoso de su género hecho en México. El rol principal corre a cargo del aparentemente indetenible Omar Chaparro, quien de este modo vuelve a sus andadas en un cine cuyo rasgo más notorio es una paradoja: pre-digerido e indigesto.
No sería raro que Bennecib, Bosack y Tu –calca mediante de los cientos de filmes por el estilo que nauseabundan pantallas chicas y grandes– hayan con-cebido la base del pobrísimo argumento: érase una vez un soldado de élite bueno, justo e incorruptible, al que los malos le matan a la esposa inmediatamente después de que él jurara limpiar de lacras la institución a la que pertenece, que decide cobrar venganza y al hacerlo descubre, oh sorpresa novedosa, que los tales malos son ni más ni menos que algunos de sus superiores en el ejército, enojados con él y resueltos a que no lleve a cabo la limpieza prometida.
Tampoco sería raro que al hijo de Enri-que Krauze, único mexicano en la pla-nilla “escritura”, le haya sido encomen-dada la tropicalización de tanta escasez argumental aunque, a decir verdad, la venganza del soldado viudo podría suce-der en cualquier otro lugar del planeta, pues el único dato que da fe de dónde se localiza la historia es visual y ni siquiera suficiente: cada dos por tres hay una toma paisajística en cuyo fondo se ve, clarito como en un anuncio, un logotipo del banco BBVA.
Se ignora cosecha de quién será la bri-llante idea de hacer que el soldado ven-gativo, al que se creía muerto o al menos ya inofensivo, convenientemente se saque el gordo de la Lotería, cosa que le viene muy bien a la trama para que pueda com-prarse un arsenal digno de Terminator, necesarísimo para meterse al mismísimo cuartel general del Ejército y sustraer al muy maloso mando militar que ordenó el asesinato de la esposa, y que le alcance para luego comprarse otro arsenal porque el primero se lo estropean. Se ignora también si fue cuota de género o necesidad mercadotécnica lo que motivó a la “escritura” a decidir que la mala más mala de todos los malos fuese una mujer –Paola Núñez, lamentable–, quien recibirá su merecidísimo y muy sensacionalista castigo y, en fin, se ignora si todos estos despropósitos guionísticos, todas esas persecuciones de manual, irrupciones a saco ídem, peleas cuerpo a cuerpo recon-traídem, descensos en rappel innecesarios pero dizque vistosos, primerosplanos de cuchilladas en el muslo y balazos en la cabeza… ninguno mejor hecho de lo que puede verse en La ley y el orden o cual-quier otra serie policíaca del montón; se ignora, pues, si los ingredientes de este molito sin chiste hacen de Rodrigo Valdés el cineasta que afirma quiere ser: uno influenciado por Stanley Kubrick, los her-manos Cohen, Paul Thomas Anderson y demás. Imposible rubricar estas líneas con un “buen provecho”.