Bemol sostenido / 40 años de Caballo Dorado
- Alonso Arreola @escribajista - Sunday, 10 May 2026 03:33
ARRIBAMOS AL FORO del Lago justo cuando el bombo de la batería marcaba el conocido pulso. Segundos antes de que la guitarra soltara el acorde inconfundible y de que esa voz cabalgara la memoria colectiva: “no rompas más mi pobre corazón…”. Bastó una línea para que cientos de personas, formadas frente al escenario y obedeciendo un reflejo heredado, comenzaran a repetir la coreografía que en buena parte de Latinoamérica se baila durante bodas, graduaciones, ferias, quince años y fiestas variopintas en las que hasta el más tieso termina derrotado.
Veníamos de un largo día. Horas antes habíamos estado en el Teatro Aguascalientes para ver el Ferial en su sexagésima edición. Hablamos de esa maquinaria escénica que año con año resume la identidad hidrocálida entre danza, música y artificio teatral. Afuera, efectivamente, el calor de abril azotaba con terquedad mineral. Empero, bastó una visita al Pabellón del Vino en la Feria de San Marcos para reanimarnos y arrancar hacia el concierto de Caballo Dorado, banda que este 2026 celebra cuatro décadas de existencia.
Nunca los habíamos visto en vivo. Sólo conocíamos algunos de sus éxitos. Nadie allí esperaba, lectora, lector, que nuestra pluma les dedicara palabra alguna. Estas letras son producto de una de las más gratas sorpresas musicales que hayamos tenido en los últimos… ¿años? Originarios de Chihuahua, los hermanos Navarro, junto a los hermanos Gameros, dieron una cátedra de interpretación y desarrollo escénico. La mezcla de su ser norteño con el country fronterizo y el espíritu del rock and roll texano, exhibieron una identidad diáfana.
Más de veinte discos, incontables giras, nominaciones, premios y, sí, esa rara inmortalidad que concede la cultura popular cuando una canción deja de pertenecer a sus autores y pasa a manos de la gente. Hablamos de “Payaso de rodeo”, tema que hace mucho mutó de grabación a ritual. Más allá de la nostalgia, sin embargo, lo verdaderamente impresionante sucedió en el tinglado. Todo sonaba limpio, firme, articulado. Ello se transmitía a un ingeniero ejemplar: cada instrumento ocupaba su sitio con potencia y naturalidad. Eso que tantas bandas jóvenes, sustentadas en doblajes y secuencias, nunca conocerán. Después del concierto, afortunadamente, terminamos en camerinos compartiendo una cerveza con ellos, conversando sobre guitarras Telecaster, amplificadores viejos, pedales digitales y la obsesión artesanal por esa tímbrica que desarrollan quienes han pasado media vida rodando en carretera. Apareció también el tema de la inteligencia artificial y, por supuesto, estuvimos de acuerdo: ninguna máquina podrá reemplazar el carácter moldeado bajo las luces de las ferias mexicanas, lejos de los likes y los seguidores comprados al mejor postor.
Uno estaba en silla de ruedas tras caerse del caballo; otro se lastimó fuertemente el pulgar en plena presentación; otro hablaba de su recuperación tras derrames y trombosis… Pero allí estaban todos, sonrientes, disfrutando con una tranquilidad bien plomada, dispuestos a seguir domando al aire. ¿Momento destacado? La aparición de George Navarro, hijo de Jorge y sobrino de Freddy, quien se sumó al grupo para confirmar linaje con guitarra y luego con violín en mano. También cantautor, en 2022 ganó el reconocimiento a Nuevo Vocalista Texano del año. Búsquelo y, sobre todo, no deje pasar la oportunidad de ver a Caballo Dorado en vivo, si se le cruza relinchando en el camino. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.