Anécdotas / Gabriela Mistral y el Día del Maestro
- Beatriz Gutiérrez Müller - Sunday, 10 May 2026 03:13
ESTA CARTA ES un homenaje a usted, doña Clofis, por el día del maestro. La suya es toda una vida entregada a la enseñanza.
El 3 de diciembre de 1917, en México, se instituyó el Día del maestro con un decreto mediante el cual don Venustiano Carranza declaraba el 15 de mayo “día oficial”, se suspenderían actividades y “en todas las escuelas se organizarán ese mismo día festividades culturales que pongan de relieve la importancia y nobleza del papel social del maestro”.
A los pocos años de ese ordenamiento llegó a México la maestra chilena Gabriela Mistral para sumarse a la gran cruzada educativa del presidente Álvaro Obregón. Hubo un ligero descontento del presidente de su país, Arturo Alessandri, quien, ante la invitación presidencial mexicana, opinó que “había otras chilenas más inteligentes y dignas de ser invitadas a semejante labor”. Comentando al respecto, en una carta a Obregón el secretario de Educación, José Vasconcelos, aseveró: estoy “más convencido que nunca de que lo mejor de Chile está en México”.
Arribó el 22 de julio de 1922. Durante dos años se sumó a las “misiones culturales” que se echaron a andar por todo el país. Y así, Mistral conoció el alma de los mexicanos, pues caminó serranías y veredas junto con otros maestros, como ella, y artistas, artesanos, pedagogos, así como escritores a fin de exaltar la educación pública, ofrecer espectáculos culturales y ella, muy en concreto, animar a las mujeres a comenzar sus estudios.
En ese lapso de residente (dos años) escribió libros y columnas
en periódicos, dio conferencias, hizo programas radiales para niños, preparó materiales para docentes e impulsó bibliotecas. Sobre éstas, el 4 de agosto de 1922 declaró: “Las bibliotecas son otra forma de escuela. Para mí fueron la única. No tuve la suerte de los felices a quienes el pensamiento es ofrecido como una copa colmada.”Desde muy joven, de diecisiete años, tenía claro por qué era tan necesario que las mujeres fuéramos a la escuela. Ella colaboraba para La Voz del Elqui, en Vicuña, Chile, y allí se pudo leer su artículo titulado “La instrucción de la mujer”. No hay ni una palabra para desperdiciar, pero tomo unos fragmentos que creo le causarán admiración, teniendo en cuenta que data de 1906 y que por esos años las jovencitas no escribían en periódicos este tipo de reflexiones:
“La mujer instruida deja de ser esa fanática ridícula que no atrae a ella sino la burla; deja de ser esa esposa monótona que para mantener el amor conyugal no cuenta más que con su belleza física y acaba por llenar de fastidio esa vida en que la contemplación acaba. La mujer instruida deja de ser ese desvalido que, débil para luchar con la miseria, acaba por venderse miserablemente si sus fuerzas físicas no le permiten ese trabajo. Instruir a la mujer es hacerla digna y levantarla. […] Es preciso que la mujer deje de ser mendiga
de protección y pueda vivir sin que tenga que sacrificar su felicidad con uno de los repugnantes matrimonios modernos; o su virtud con la venta indigna de su honra.” (Gabriela Mistral en La Voz del Elqui, Santiago de Chile: Dirección de Bibliotecas, 1992).
Vaya, vaya… No es poca cosa. 1906 contra 2026. Qué gran lucha y congruencia la de la ilustre Gabriela Mistral. Su lema era: “Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra.” ¡Chaíto nomá’ maestra querida!.