Ruiseñores y centinelas: Harper Lee en su centenario
- Carlos Martínez García - Sunday, 03 May 2026 02:12
El 11 de julio [de 1960] Lippincott saca a la venta un libro delicioso: Matar a un ruiseñor, de Harper Lee. Cómpralo. Va a ser todo un éxito. En él aparece un personaje llamado Dill, que soy yo, y la autora es una amiga de la infancia. Casi toda la gente que sale en el libro de Nelle está extraída de la realidad.
Truman Capote
D
esde niña, Nelle Harper Lee quiso ser escritora. Tenía el mismo anhelo que su vecino, Truman Capote, futuro autor de la novela A sangre fría. Cuando se conocieron ella tenía cinco años y medio y él siete; compartieron juegos, lecturas y tecleaban en una máquina de escribir líneas que imaginaban podrían ser publicadas en alguna revista.
Nelle vio la luz el 28 de abril de 1926. Tres años antes su pueblo, Monroeville, Alabama, pudo tener acceso a la electricidad. Su madre (Frances Cunningham Finch), a causa de la bipolaridad que padecía y por recluirse en su habitación, no fue una figura tan influyente como sí lo fue el padre: Amasa Coleman Lee, abogado muy estimado por los habitantes de Monroeville. Fue la menor de la familia, antes que ella nacieron Alice (1911), Francis (1916) y Edwin (1920).
Harper Lee creció en una familia lectora. Así lo evocó cuando tenía ochenta años: “Mis hermanas y mi hermano, mucho mayores, leían en voz alta para que no les molestara; mi madre me leía un cuento cada día, normalmente un clásico infantil, y mi padre leía los cuatro periódicos que le llegaban cada noche. Así que llegué a primer curso alfabetizada. Nosotros éramos unos privilegiados. Otros niños, sobre todo los de zonas rurales, nunca habían hojeado un libro hasta ir a la escuela”.
“La Jane Austen del sur de Alabama”
Las novelas de Jane Austen estimulaban la imaginación en la infancia de Harper Lee, tanto que anhelaba ser escritora y llegar a ser, como declaró en su adultez, “la Jane Austen del sur de Alabama”. A los quince años, en high school, la profesora de inglés, Gladis Watson Burkett, fue para Harper una guía que le abrió nuevos horizontes literarios y le enseñó a expresarse bien por escrito. En 1944 ingresó a Huntington College, en Montgomery, y en el otoño del siguiente año inicia estudios de leyes en la Universidad de Alabama. Se une al grupo que editaba las publicaciones del campus, el periódico Crimson White y la revista humorística Rammer Jammer.
En 1948, mediante un intercambio estudiantil, es aceptada para un curso de verano en la Universidad de Oxford y acrecienta su deseo de convertirse en escritora. Después de la experiencia en Inglaterra, Harper Lee continuó estudiando derecho un semestre más, pero no concluye la carrera de leyes y regresa a Monroeville.
En su pueblo natal Harper Lee trabaja de mesera en el club de golf y con lo ahorrado proyecta irse a Nueva York. Monroeville tenía poco más de dos mil habitantes, la llamada Urbe de Hierro ocho millones. Se muda a la gran ciudad en 1949 y renta un pequeño apartamento de la Avenida York número 1539. El edificio ya no existe porque fue demolido en 1967. Consigue empleo como agente de ventas de boletos de avión para Eastern Air Lines y British Overseas Airways, y lucha por darse tiempo para escribir, lo que no logra con la fluidez y los avances deseados como para proponer la obra en alguna editorial.
Casey Cep, autora de una de las mejores biografías sobre Harper Lee (Horas cruentas. La historia del libro inconcluso de Harper Lee), que se complementa bien con la escrita por Charles J. Shields (Mockingbird. A portrait of Harper Lee, from Scout to Set a watchman), señala que Lee sobrevivía en Nueva York “alimentándose a base de sándwiches de mantequilla de cacahuate, esbozaba relatos en un escritorio que ella misma se hizo con dos viejas cajas de manzanas y una puerta que encontró en el sótano de su edificio”.
Nelle pudo completar ocho cuentos que llevó a distintas revistas como Tomorrow, Harper’s Bazar y The New Yorker. Los editores de las publicaciones los rechazaron y permanecieron inéditos durante más o menos siete décadas, hasta que en 2025 las piezas literarias fueron reunidas en el libro The Land of Sweet Forever, volumen publicado en español con el título La tierra del dulce porvenir. En los cuentos aparecen personajes y escenarios que después, con ciertas modificaciones, Harper Lee incluiría en Ve y pon un centinela y Matar a un ruiseñor.
Ve y pon un centinela: el inicio y la larga espera
En diciembre de 1956 Harper Lee debió quedarse en Nueva York, ya que no tuvo vacaciones, lo que le impidió viajar a Monroeville. Sus amigos Joy y Michael Brown la invitaron a pasar con ellos el día de Navidad. En el tiempo de intercambiar obsequios Nelle entregó los suyos a la pareja y vio el regocijo de ambos hijos de los Brown al desempacar los regalos. Cinco años después, en la revista McCalls, en el número de diciembre de 1961, la escritora en ciernes evocaría el difícil momento en que pensó no recibiría presente alguno. Pero sucedió que Joy le dijo a Harper que no se habían olvidado de ella, que mirara bien el árbol navideño y encontraría su regalo. Nelle Harper lo hizo y halló un sobre con su nombre. Lo abrió y había una nota que decía: “Tienes un año fuera de tu trabajo para escribir lo que quieras. Feliz Navidad.” Desconcertada preguntó de qué se trataba el asunto. Le dijeron que habían tenido un año con buenos ahorros y querían darle a Harper lo equivalente a doce meses de salario, para que sin preocupaciones monetarias se pusiera a escribir la novela varias veces postergada.
Lo que Harper llamó un milagro de amor hizo posible que se dedicara con vehemencia y entusiasmo a escribir. El intenso trabajo comenzó a dar frutos y en el primer mes de 1957 Nelle Harper Lee entregó al agente literario Maurice Crain cincuenta páginas de la novela que tituló Go Set a Watchman (“ve y pon un centinela”), un segmento de Isaías 21:6. El versículo completo dice, “Porque el Señor me dijo así: Ve, pon un centinela que haga saber lo que vea.” En semanas sucesivas, hasta finales de febrero, llevó a la oficina de Crain un promedio de cincuenta páginas en cada visita.
La novela estaba situada en Maycomb, a donde, tras vivir un lustro en Nueva York, regresa Scout, mediante un largo viaje por tren, a la edad de veintiséis años, para visitar el pueblo y familia que la formaron. En la realidad Nelle Harper tenía tres años de residir en la urbe neoyorquina. Varios personajes de Ve y pon un centinela los recrea Harper Lee en Matar a un ruiseñor con muchos menos años; la trama no es la misma ya que Atticus, su padre, en lugar de actuar favorablemente en favor de los derechos de la población afroamericana, en el primer libro se muestra contrario a los cambios que afectan el statu quo y tiene opiniones racistas, lo que deja en shock a Scout y a punto de vomitar, al constatar la hipocresía no solamente de su padre sino de los blancos en Maycomb, que justificaban el segregacionismo contra la población afroamericana.
El agente literario Maurice Crain valora que Ve y pon un centinela merece transitar hacia una posible edición y envía el material a la oficina de J.B. Lippincott, quien la cita para conversar acerca del escrito y hacerle saber observaciones para su posible publicación. La editora Theresa von Hohoff, vicepresidenta en Lippincott, se interesa en lo producido por Harper Lee, a la vez que la orienta con sugerencias para darle consistencia y entrelazar mejor las historias de los personajes para que no fueran “una serie de anécdotas”, sino una novela bien estructurada. Y en efecto, Von Hohoff tenía razón, porque Ve y pon un centinela es una narración costumbrista, donde están descritos los prejuicios normalizados por la población blanca de Maycomb, prejuicios que son puestos en tela de juicio por la nativa “contaminada” con la diversidad de Nueva York. La de Scout es una voz que clama en el desierto, pero los habitantes de Maycomb están plenamente convencidos de que viven en un paraíso amenazado por una mayoría minorizada: los afroamericanos. Ve y pon un centinela quedó en el archivo; finalmente fue publicada en 2015.
Matar a un ruiseñor: el éxito
inmediato
Los consejos editoriales de Hohoff significaron para Lee denodados esfuerzos de reescritura, y en la tercera versión del mecanuscrito le cambió el título por el de Matar a un ruiseñor. La nueva versión es aceptada en noviembre de 1959 e inicia el proceso de formación y diseño del libro. Por fin, el 11 de julio de 1960 la obra de Harper Lee llegó a librerías. La editora Theresa von Hohoff le advirtió: “Nelle, no te sorprendas si solamente vendes dos mil ejemplares, o menos. La mayoría de libros de los novelistas primerizos lo hacen.”
En el mismo mes de su publicación Matar a un ruiseñor apareció entre los diez más comprados según las listas del New York Times y Chicago Tribune. En los siguientes seis meses rebasó el medio millón de copias vendidas. En la primavera de 1961 estaban en curso traducciones a francés, alemán, italiano, español, holandés, danés, noruego, sueco, finlandés y checo. En el primer año la obra de Lee rebasó los dos y medio millones de ejemplares vendidos, y un año después cerca de cuatro millones y medio. Hacia 2020, según Casey Cep, la obra en inglés alcanzó cuarenta millones de libros vendidos.
En 1961 Harper Lee se hizo merecedora del Premio Pulitzer. En 1962, el 25 de diciembre, día de Navidad, tuvo lugar en Hollywood la premier de la película Matar a un ruiseñor; el papel de Atticus lo hizo Gregory Peck. En la ceremonia del Premio Oscar, el 8 de abril de 1963, correspondió a Sofía Loren leer el nombre del reconocimiento al mejor actor: Gregory Peck, quien subió al escenario con el reloj de bolsillo que como regalo le hizo llegar la autora de la novela y que había pertenecido a su padre. Harper Lee seguía la ceremonia desde Monroeville en casa de una amiga, debido a que ella no tenía televisión, porque, declaró, “interfiere con mi trabajo”.
La trama de la novela: un universo despiadado
Matar a un ruiseñor, obra magistral que desnuda al supremacismo blanco y la cerrazón de quienes creen defender principios cristianos, tiene hoy plena vigencia cuando al amparo de una pretendida superioridad moral se hacen denodados esfuerzos por divinizar intereses más bien políticos y económicos. El abogado Atticus, al optar por defender a un afroamericano, Tom Robinson, falsamente acusado de violar a la mujer blanca Mayella Ewell, pone en evidencia todo el entramado social que respaldaba la opresión sufrida por la descendencia esclava. El pequeño pueblo de Maycomb es puesto en el microscopio y lo que se muestra
es un universo despiadado, en el cual, como
señal de esperanza, unos cuantos resisten al afán de deshumanizar a los considerados diferentes por parte de quienes detentan el poder.
Nelle Harper Lee ya no publicó más después de Matar a un ruiseñor. Trabajó en documentar el caso del ministro bautista Willie Maxwell, sospechoso de haber sido el autor de seis asesinatos de personas de su entorno familiar y cobrar los seguros que él mismo había gestionado. Tenía el título de la posible obra: El reverendo. Trabajó diez años en el proyecto y decidió abandonarlo. Murió a los noventa años, en su pueblo en vilo, Monroeville, el 19 de febrero de 2016.