El mixteco, la lengua de la lluvia
- Mario Bravo - Saturday, 25 Apr 2026 22:17
Entrevista con la poeta mixteca Celerina Sánchez
Pies descalzos
‒¿Cuándo comenzó a escribir poesía?
‒Tenía catorce años e imitaba la rima de Gabriela Mistral. Escribía en español porque no tenía conciencia de quién era yo: iba descubriendo este mundo y en mí hubo un tremendo choque de cultura. En mi lengua, tu’un savi [lengua de la lluvia], no existe la palabra mixteco, sino que nos autonombrábamos pueblo pobre [ñuu nda’vi]. Después, a mis trece o catorce años, supe que nos llamaban mixtecos. En mi comunidad existe una carretera, pero nunca conviví con niños que hablaran español. Así te creas un imaginario sobre el otro mundo. A mis nueve años, cuando migramos hacia la cabecera distrital, creí que encontraría un mundo diferente y bonito. El racismo lo conocí en la primaria: yo no tenía zapatos, iba descalza y me pisaban los pies, me jalaban las trenzas, y no sabía por qué… ¡sólo sentía ese rechazo! El racismo no es algo que entiendas, sino que lo sientes.
Violencias
‒¿En qué parte del cuerpo se siente el racismo?
‒En todo el cuerpo. Primero, sientes mucho enojo… ¿por qué alguien pisa tus pies y te empuja? ¿Por qué te jalan las trenzas y rompen tu cuaderno? Después la tristeza se vuelve contra ti, no sabes qué pasa en tu mundo y aparece la depresión. Te enseñan no a odiar al otro, sino a odiarte. Entendí que los otros eran diferentes, superiores, porque no hablaban mi lengua y yo no hablaba la suya. Cuando alguien me golpeaba o rompía mi cuaderno, no podía acusarlo con el maestro porque no sabía cómo decirle… Eso te va minando. Conmigo misma fui sumamente violenta a causa de mi pensamiento y mi físico.
Ni loca ni sola
“A los dieciocho años me casé. A veces, mi compañero me preguntaba por qué era tan ridícula como para escribir poesía”, evoca Celerina. Y agrega: “Me cambió la vida leer Si me permiten hablar, de Domitila Barrios. Después leí Así me nació la conciencia, de Rigoberta Menchú. Esos libros me permitieron conocerme más y verme a mí misma con otros lentes. También, los comunicados del EZLN fueron impactantes y reconfortantes. Pensaba: ‘¡No estoy loca ni estoy sola!’”
Oralidad y escucha
‒Cuando escribe poesía, ¿piensa las palabras en tu’un savi o en español?
‒Hoy trato de que surja en tu’un savi. Mi último libro está totalmente escrito a partir del tu’un savi y después lo traduzco; antes esto se hacía a la par porque era muy complejo ir escribiendo e ir leyendo la lengua: el tu’un savi no se parece, en absoluto, al español. ¿Cómo representas los tonos, los glotales y las nasalizaciones? Me urgía ir buscando parte de la lengua… por eso estudié Lingüística en la ENAH.
La traducción
‒Para usted, del tu’un savi al español… ¿qué pierde y qué gana su poesía?
‒La traducción me permite repensar cosas. A veces gano, a veces pierdo… sobre todo en ciertos términos. Hay una palabra que no puedo traducir: cuerpo. En mi lengua queda muy bien porque no tengo problema para designar eso de lo que quiero hablar. Ahí gana la poesía con la traducción; pero, al traducirlo al español, debo escribir cuerpo porque eso se entiende desde esa lengua.
‒En español, la poesía está encapsulada en un libro y en la figura del poeta… ¿En tu’un savi dónde habita la poesía?
‒En la comunidad. Te pierdes si no puedes interactuar con ella. Trabajo desde la oralidad: así creé el proyecto Natsiká/Viaje, el cual hago con música. La gente no lee tu’un savi porque muchos somos analfabetos. Incluso me han cuestionado quién, entonces, lee mis materiales en tu’un savi. En español cualquiera lee mis libros porque hasta los indígenas sabemos leer en esa lengua.
Hija de la lluvia
“En los pueblos ñuu savi, nuestros mitos
fundacionales nos hacen ver que somos de la naturaleza, y no que la naturaleza es nuestra: somos hijos de la lluvia, hijos del rayo, hijos de la nube, hijos del sol, hijos del venado, hijos de la mar… Eso está metido en la lengua tu’un savi y brota. Soy hija de la lluvia, pues mi mito fundacional es lluvia y agua. El ancestro del ancestro está metido en el lenguaje y sale a la hora en que escribes.”
Flor en el asfalto
‒Usted escribió: “Soy como la flor/ que nace en la montaña/ flor silvestre/ que se aferra a la vida/ en este pueblo de asfalto.”
‒En esta ciudad, a veces, hay una florecita asomándose entre la rendija del concreto.
‒La vida se abre paso… Y la poesía, ¿también lo hace?
‒Más que nunca. La poesía nació con la humanidad. Pienso en un ancestro al mirar el río o la montaña: ahí está la poesía.
‒Hoy en día, a usted, ¿qué le da la poesía?
‒La libertad