Donald, siete días antes
- Javier Bustillos Zamorano - Saturday, 25 Apr 2026 22:50
ESCENA 1
(Jardín de la finca Mar-a-Lago. Donald y Benjamín están sentados, frente a frente, muy cerca uno del otro; hablan muy bajo, con la evidente intención de no ser escuchados. De rato en rato sus rodillas chocan por los movimientos nerviosos de Donald. He aquí un fragmento de la conversación traducida del inglés.)
DONALD. (Con mano temblorosa le pide a Benjamín que pare de hablar) Bibi, Bibi, calma, calma, entiendo tu preocupación, pero…
BENJAMÍN. ¡No, no lo entiendes! ¡Nuestros intereses vitales están en riesgo!
DONALD. Esperemos un poco más, sólo te pido eso, unas semanas más; sus instalaciones atómicas fueron destruidas; nunca tendrán un arma nuclear.
BEJAMÍN. ¡Pero ellos nunca dejarán de intentar asesinarte, Donald! No olvides que la última vez estuvieron muy cerca de lograrlo.
DONALD. (Se toca la oreja y sonríe) Vamos, Bibi, tú sabes bien que eso fue un…
BENJAMÍN. ¿Montaje?
DONALD. Sí, hombre, y de lo más estúpido, fue una idea estúpida.
BENJAMIN. Entonces, eso de que estaban reclutando gente para atentar en contra tuya…
DONALD. Estábamos en campaña, Bibi. (Benjamín se mueve incómodo en su silla; impaciente, se golpea las piernas con las palmas de las manos)
BENJAMIN. ¡Entonces hazlo por nosotros! ¡Debemos destruir sus misiles balísticos! ¡Aniquilar su armada y su capacidad de armar a sus aliados! ¡Terminemos de una vez con ellos! (Donald trata de decir algo.) Escúchame: el próximo sábado Ali y sus principales colaboradores se reunirán en un sitio que ya tenemos ubicado; con un solo bombardeo de tu ejército y el mío los mataríamos a todos y decapitaríamos al régimen.
DONALD. Pero estamos en negociaciones, Bibi…
BENJAMIN. Descabezado el régimen, sus habitantes harán el resto; habrá una revuelta que pondrá de cabeza al país, Donald y tú tendrás el camino libre para tomar su petróleo; harás lo que quieras y nosotros por fin dormiremos tranquilos. Donald, esta es la oportunidad que estábamos esperando, seríamos unos imbéciles si no lo hacemos.
DONALD. Eso de la revuelta, sabes bien que no es seguro; ellos tienen controlado todo. (Benjamín quiere hablar, pero Donald lo ataja con un ademán.) Bibi, tengo en mi escritorio un informe de inteligencia que asegura que no están fabricando ninguna bomba nuclear; al contrario, que sus intenciones de negociar son auténticas…
BENJAMIN. ¡Te están engañando, Donald! ¡No hay en el mundo un servicio de inteligencia más avanzado que el Mossad! ¡Y el Mossad dice lo contrario! Te están viendo la cara de imbécil.
DONALD. Eh, Bibi, calma, haré como que no oí eso; ven, bebamos algo (trata de incorporarse pero Benjamín lo detiene con un movimiento brusco del brazo).
BENJAMIN. Escúchame, imbécil, el Mossad sabe hasta de qué lado duermes. Sabe de tu enfermedad, sabe lo que te espera, pero sobre todo sabe tu pasado. ¿Nos vamos entendiendo?
DONALD. Epstein.
BENJAMIN. Fue uno de nuestros mejores agentes y tenemos todo para hundirte, Donald.
DONALD. (Se recarga en su sillón; mira desafiante a Benjamín.) Yo también sé lo que hace el Mossad en mi país.
BENJAMIN. ¿Te refieres a Kirk? Sí, nosotros lo mandamos matar. ¿Y?
DONALD. (Se incorpora violentamente.) Esta conversación acabó, señor primer ministro.
BENJAMIN. (También de pie.) No, señor presidente, esto recién comienza. Pasado mañana tendrá en su escritorio una cinta de video que seguramente le traerá gratos recuerdos. Inmediatamente le llamaré por teléfono para esperar su respuesta final. (Inclina enérgicamente la cabeza y abandona el jardín sin despedirse. Donald vuelve a sentarse, visiblemente agotado.)
ESCENA 2
(Oficina presidencial, siete de la mañana. Donald introduce un pequeño disco en su reproductor y ve su imagen, más joven, con más pelo y más delgado. Está acostado en una cama, en bata, y una persona de aspecto infantil, delgada, pequeña y rubia le hace sexo oral obligada por él que la sujeta del pelo. Se ve y se oye lo siguiente:)
DONALD. Hazlo bien, maldita sea, usa la lengua.
NIÑA. No, por favor, no…
DONALD. ¡Hazlo! (De pronto, hace una mueca de dolor y aparta con violencia a la niña.) ¡Estúpida! ¡Saquen de aquí a esta maldita perra! ¡Me mordió la muy estúpida! ¡Sáquenla! (Entran a la habitación dos personas y se llevan a la niña, mientras Donald se encamina rápido hacia el baño.)
DONALD. (Que ha sacado el disco del reproductor y secado el sudor de su frente. Suena el teléfono, es su secretaria que le dice que Benjamín está en la línea. Tembloroso, toma el auricular.) Buen día, señor primer ministro, quiero decirle que estoy de acuerdo con lo planeado. En este preciso momento llamaré al jefe de mi ejército para que junto al suyo iniciemos el bombardeo… l