Cinexcusas / Jim Jarmusch o la sutileza (I de II)
- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 25 Apr 2026 22:27
Con algo más de siete décadas de vida –el pasado mes de enero cumplió setenta y tres años–, podría decirse que el estadunidense Jim Jarmusch ya alcanzó la edad biológica que, en términos espirituales, parecía tener desde que era apenas un joven de veintitantos. A favor del aserto hablan las piezas “seminarrativas abstractas” escritas en su etapa universitaria, así como sus primeros filmes, Vacaciones permanentes (1980) y Más extraño que el Paraíso (1984), con la que se dio a conocer mundialmente.
La primera, filmada con propósitos de titulación en la Graduate Film School de la Universidad de Nueva York donde Jarmusch estudió durante cuatro años, a la institución no sólo le pareció indigna para graduarlo, sino que fue bastante maltratada por una crítica que se reveló –cuándo no– tan torpe y ciega como suele ser cuando se halla frente a la obra de un cineasta sui generis, apartado con voluntad y argumentos de los caminos fáciles e hipertrillados. Tuvieron que transcurrir años, y sobre todo tuvieron que llegar los reconocimientos a un cine sólido, propositivo, de honda inteligencia y personalísimo, para que esa crítica miope se diera cuenta de que ahí, en esas Vacaciones permanentes y como quiere la frase clásica, ya estaba el germen de lo que vendría después.
Ese “después” no tardó sino cuatro años y llegó con el título Stranger Than Paradise (Más extraño que el Paraíso, 1984), ganadora de la Cámara de Oro en Cannes ese mismo año pero, más que eso, reconocida de inmediato como excelente muestra de lo que, en aquellos mediados de los años ochenta, apenas comenzaba a ser llamado cine independiente, es decir, uno por completo ajeno a las fórmulas hollywoodenses, ayuno de actores y actrices famosos, de producciones despilfarradoras pero, más que nada, de historias convencionales y finales edulcorados, edificantes y tranquilizadores. A cambio, Jarmusch propuso –y seguiría haciéndolo en sus siguientes filmes– una mirada que va del absurdo a una rara ternura sobre personajes y situaciones que, con todo y ser absolutamente cotidianas y no aparentar ningún interés, reflejan entera la paradoja de existir a la sombra de un desencanto vital sin embargo no exento de humor y, al final y algo tímida, una gota de esperanza o tal vez dos.
Con Down by Law (Bajo el peso de la ley, 1986), Mystery Train (El tren del misterio, 1989) y Night on Earth (Una noche en la Tierra, 1991), Jarmusch accedió a esa categoría que muchos cineastas anhelan y otros, más pragmáticos y preocupados por famas del todo superficiales, prefieren evitar: la de director de culto, es decir, aquel cuyo cine no es ni taquillero ni rimbombante pero en cambio es seguido, buscado, apreciado, pero sobre todo pensado y reflexionado. Así era ya desde esos finales de los ochenta, y en los noventa la tendencia se fortaleció en virtud de Dead Men (Hombre muerto, 1995), protagonizada por el entonces no tan célebre ni tan quemado Johnny Depp, así como por la inaudita combinación de trama policíaca y filosofía Ghost Dog: The Way of The Samurai (Ghost Dog: el camino del samurai, 1999), con un Forest Whitaker deslumbrante en su papel de cultísimo sicario.
Lo que sigue de la filmografía jarmuschiana, hasta entonces privilegiadora de un blanco y negro que mucho aporta a la profundidad y la sutileza no sólo formal, consolida una obra a la que ya le quedan lejanas y muy chicas toda suerte de críticas de espíritu pobre, de ésas que se concentran en lo vistoso y lo exitoso. Cada vez más experimental y auténticamente independiente, son de Jarmusch esa delicia fragmentaria de feliz título, Coffee and Cigarettes (Café y cigarrillos, 2004), Broken Flowers (Flores rotas, 2005), The Limits of Control (Los límites del control, 2009), otra combinación atípica de thriller y filosofía, así como la vanguardista y vampiresca Only Lovers Left Alive (Sólo los amantes sobreviven, 2012).
De todo eso proviene la mesura, la sutilidad, la elegancia y la belleza de Father, Mather, Sister, Brother (Padre, madre, hermana, hermano, 2025), de la que se hablará aquí. (Continuará.)