Anécdotas / El enigma de la jacamacha

- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 25 Apr 2026 22:29 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Le contaba, doña Clofis, en una anterior carta, que había localizado una receta del siglo XVII en un diccionario chino, radicado éste en un importante acervo europeo. Como acostumbro hacer con estas misivas que le envío, las comparto de pronto con alguien que esté en casa o de visita, para conocer su opinión, si tiene alguna idea o duda, no sé, este intercambio se fortalece cuando hay más de un lector, ¿no es así? ¿Usted comparte nuestras cartas con alguien de la familia? Me parece que sí; al menos eso me dio a entender su hijo Lucas ahora que vino a Ciudad de México. Es buen muchacho. Quiere ser arquitecto, me estuvo contando sobre sus clases, su felicidad por lo que va aprendiendo… Siéntase orgullosa de él.

(¡Suspiro!) En ésas de compartir me hallaba cuando un querido, qué va, queridísimo compañerito de la vida, botánico por afición y experiencia tropical, me hizo notar que la jamaica no es como refiere aquella receta manuscrita de hace unos cuatrocientos años. No hay árbol en México, repitió insistente, que sea tan alto como un álamo, del cual se obtenga una resina curativa y cuyas flores parezcan peonias. Se armó una buena discusión. Yo argumentaba: “eso dice la receta”. “Sí, de acuerdo ‒replicaba‒ pero insisto en que no hay, que yo sepa, un árbol con esas características.” Híjole, me quedé pensando… A mi vez, reiteré: “Eso dice la receta, ¿qué quieres que haga?” Y lo que sigue ya ni le cuento para no agobiarla… Se armó tremendo debate entre nosotros y hasta salió a relucir el Códice de la Cruz Badiano, Libellus de medicinalibus indorum herbis (1552) –libro escrito en náhuatl por el médico indígena Martín de la Cruz y traducido al latín por Juan Badiano– y el Códice Florentino (siglo XVI), mejor conocido como Historia general de las cosas de la Nueva España, obra a cargo de fray Bernardino de Sahagún. Fue el nuestro un debate ríspido que luego pasó a ser una discusión fuerte, y mire cómo son las cosas, todo por una receta que reportaba que en Nueva España llamaban “jacamacha” a una planta curativa. Para zanjar este problemón, concedí a mi reclamante que averiguaría más, aunque coincidió conmigo en que, como sea, la jamaica, de la manera curativa que fue descrita en aquella receta escrita en italiano, es seguro que resulte paliativa de inflamaciones y, usada como cataplasmas en zonas afectadas, calientitas, como otras compresas, de seguro aliviará afecciones. México es un país con una milenaria tradición herbolaria.

Pienso que el autor anónimo de aquella receta la escribió de oídas, quizás. Es algo que no podremos saber nunca, como tantas otras cosas. De hecho, y créame que he estado busque y busque, doña Clofis, no hay ningún árbol tan grande como un “álamo” en México que florezca en rojo como las peonias… ¿o usted conoce uno? De lo que hallé, el único es el framboyán, que alcanza los ocho metros de altura. Y sí, en algunas regiones, las florecitas se usan como remedios para dolores reumáticos o tos. Lo malo es que, para nada, de éste se obtiene una resina. Los dos que hallé que crecen tan alto como un álamo y de los cuales nacen pétalos, pero verdes, son el cedro rojo (cedrela odorata) y el palo mulato (bursera simaruba). Esto, en el país. A saber en otras regiones del mundo.

Finalizo con algo que, tal vez, usted ya conocía: con toda seguridad, ahora sé que la jamaica no es originaria de México. Llegó a América a través de las famosas travesías de la nao de China desde el siglo XVI. Lo bueno es que aquel autor de la receta no estaba errado en algunos usos. Hoy, los médicos la recomiendan para estabilizar la presión arterial y provocar diuresis, esto es, que soltemos líquidos retenidos y éstos aceleren la excreción de tóxicos corporales; asimismo, es coadyuvante en la intención de bajar de peso porque contribuye a disminuir el colesterol. Por último, es una aliada del estrés. Ya sabe, doña Clofis, en el mundo actual todo gira alrededor de la nerviosidad, la pandemia de nuestros tiempos. ¡Bebamos jamaica, se ha dicho, mientras sometemos nuestros nervios con tantos sucesos que están ocurriendo en el mundo!¡Bebamos jamaica por el puro gusto de ser amigas! ¡Por Lucas, el futuro arquitecto.

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