Tomar la palabra / Louise Michel, heroína máxima (III y última)
- Agustín Ramos - Saturday, 18 Apr 2026 21:46
La Comuna de París les enseñó a los bolcheviques a triunfar.
Andy Willimott
3. Más pedagogía, menos vanguardia
En enero de 1871, con Francia derrotada y el grueso de su ejército hecho prisionero, el régimen vencido acata las exigencias de Prusia y se refugia en Versalles, dejando París a merced de un invasor que ya no tiene obstáculos ‒ni militares ni administrativos‒ para tomar la capital francesa; sin embargo, se conforma con sitiarla; en parte por complicidad con el régimen que se ha rendido, pero sobre todo porque la entidad gubernamental más cercana a la gente común, la comuna, rechaza la rendición y resiste con sus propios cañones.
Entre quienes defienden la ciudad ‒y la patria‒, tanto del extraño enemigo prusiano como del gobierno que ha capitulado, está la oficial del batallón 61 de infantería de Montmartre, Louise Michel, una de las mujeres que, en el amanecer del 18 de marzo de 1871, da la voz de alarma cuando un pelotón de Versalles intenta llevarse los cañones apostados en el distrito montmartrense.
Desobedeciendo órdenes, los soldados rehúsan disparar a la ciudadanía insurrecta y se pasan al lado de las barricadas del pueblo, en donde campean la pluralidad y el internacionalismo (hay húngaros, rusas, polacos, italianas, españoles…). Los representantes de la comuna asumen el poder. Pero, pese al clamor generalizado, se niegan a marchar contra el entonces casi inerme régimen de Versalles. Antes bien, para formalizar su autoridad, organizan las elecciones más democráticas de toda la historia europea, con campañas proselitistas ejemplares.
El 28 de marzo, con plena legitimidad, se instaura La Comuna de París. Entre otras medidas ‒que siguen siendo modelo de política social‒ reduce la jornada de trabajo, impide la usura y el rentismo, separa a la Iglesia del Estado, obliga la educación laica y gratuita, sustituye al ejército con milicias ciudadanas, deroga la burocracia mediante revocación sumaria y pagando exactamente el mismo salario a gobernantes y a trabajadores...
El cerco extranjero a París es pasivo. El hostigamiento apátrida, en cambio, es violento de principio a fin, y socava la resistencia popular con bombardeos indiscriminados y continuos desde los suburbios. Así, conforme Prusia libera rehenes castrenses, Versalles acumula poderío armado (y financiero, con las reservas y los activos resguardados en la sede del Banco de Francia, un tesoro millonario que los comuneros ni siquiera pensaron tocar).
El 28 de mayo de 1871, a las cuatro de la tarde, luego de setenta y dos días de “dictadura proletaria”, un comunero dispara su último cartucho antes de ser acribillado en una calle de Belleville… Aunque la metralla persiste, la última barricada de París ha caído. Empieza la degollina.
‒Hay que detenerlos con fuego ‒grita entonces Louise Michel.
Las conflagraciones, más esta confesión exasperada, dan pie a la calumnia de que las comuneras incendiaron París con petróleo. “No hubo petroleras ‒declara más tarde Louise‒, hubo mujeres luchando como leonas. Yo grité: ¡Fuego! ¡Fuego contra esos monstruos!” Aparte, quienes causan los mayores incendios no son las comuneras sino los militares, con bombas incendiarias, y los rentistas y los comerciantes, prendiendo fuego intencional a sus negocios para cobrar indemnizaciones.
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Los soviets, consejos obreros de Rusia, aprovechan la enseñanza de La Comuna de París para la primera revolución triunfal de la clase trabajadora, que culminó en Petrogrado en 1917 y comenzó también ahí, en 1905, el mismo año de la muerte de una mujer que siempre ‒hasta su último día‒ fue y será maestra, Louise Michel