Anécdotas / La receta en el diccionario
- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 18 Apr 2026 21:43
Es verdad que el que busca encuentra, aunque no necesariamente aquello que cortejaba. En un archivo muy importante del mundo tuve a bien solicitar para consulta –porque el índice registraba como palabra correlacionada la flor de la “jamaica”– un volumen que, además de no tener nada que ver con la hibiscus sabdariffa, ni siquiera un dibujo, me llenó de asombros. Era de un grosor considerable, escrito a mano; calculo que data del siglo XVII, pero en chino. Recuerdo que era un diccionario. No entendía nada de nada, pero bien me daba cuenta de los sinogramas, esto es, de los caracteres que en ese idioma representan palabras, no letras, como en las lenguas occidentales.
¿Y qué hizo usted? Me preguntará, doña Clofis… En los primeros momentos, admirar… Estaba elaborado con papel arroz; la caligrafía a mano, con tinta china, era extraordinaria; perfecta. Pasaba las páginas y no hallaba ni una “c” o una “j” (de jamaica, por ejemplo). Lo tuve un buen rato entre las manos, sorprendida, y si bien nada tenía que ver con mi pesquisa, a cambio, me consideraba una de las afortunadas en hojear esa obra de arte con guantes de látex y cubrebocas, que son obligatorios en estos sitios. Luego, decidí hacer un amable reclamo a la bibliotecaria en la lid de que los mejores repositorios del mundo se jactan de tener una clasificación perfecta, de peritos. Ella optó por notificar a un par de archivistas versados en chino y la mesa donde colocamos el volumen se convirtió, en poco, en un laboratorio. Ya se hablaban ahí varias lenguas (chino, italiano, inglés, español), todos tocaban el manuscrito con el debido respeto, y buscaban a la “jamaica”… El momento era fantástico porque, sin querer, a consecuencia de reprochar una “mala clasificación”, se apersonó un cuarto erudito de mayor jerarquía archivística a intentar descifrar el enigma… No recuerdo cuánto tiempo estuvimos sin quitar el ojo del volumen, haciendo comentarios multilingües. Alguien sacó una lupa, otro fue al catálogo que había en una computadora y sí, la codificación correspondía a los folios tales y cuales del índice “UrbLat”. La luz se hizo, como en los experimentos, cuando alguien se fijó en un sobre pequeño, adherido a la segunda de forros.
¿Se imagina qué contenía el diminuto papel dentro del sobre? ¡Nada menos que una receta médica, en italiano, preservada en un diccionario del idioma chino de la época barroca!
Por supuesto la voy a compartir. Es para los achaques. La hoja dentro del sobre, que no cuenta con fecha ni registro autoral, nos informa que en Nueva España esa flor es conocida como “jacamacha”. A la letra tenemos que es “una resina extraída, cortando un árbol grande como álamo, que es muy oloroso; su fruto es rojo como semilla de peonia. De esta resina o goma usan mucho los indios en sus enfermedades, y especialmente en las inflamaciones generadas en cualquier parte del cuerpo”. Como remedio se aplica a la manera de “cataplasma y quita toda suerte de dolor causado por humor frío o ventoso”. En el ombligo de una mujer, los resultados son sorprendentes: la compresa “deja la matriz en su lugar, y es tanto su uso en las mujeres, que la mayor parte se consume para este efecto, prohibiendo y eliminando todo tipo de ahogamientos y dolores de madre y reconfortando el estómago”.
Si le duele la cabeza, la cadera o el nervio ciático, doña Clofis, en aquella hojita le recomiendan repetir la operación: hierva la jamaica, escurra el agua, manufacture las compresas envueltas en un paño y “su efecto milagroso hace lo mismo en los dolores de articulaciones en cual sea la parte del cuerpo, mayormente si son causados por humores fríos o mixtos. En heridas de articulaciones o de nervios puesta sola esta resina las sana porque se ha generado mucha experiencia sobre ella y prohibiendo el espasmo”.
¡Salud y buena vida, amiga querida!
P.D. Un amigo que es cuasi botánico me hizo la observación de que la planta de la jamaica en nada se parece a un árbol del tamaño de un álamo con frutos rojos como semilla de peonia y que crezca en México. Le prometí averiguar, para eso estamos l