Glosar un epitafio: la palabra de Leopoldo María Panero
- Miguel Cansino Assens - Saturday, 11 Apr 2026 21:39
Para una exploración de la poesía y la personalidad, al mismo tiempo compleja y maravillosa y seductora de Leopoldo María Panero, poeta español nacido en 1948, hay que señalar que su poesía tiene esa particularidad y decir que es única para estos tiempos. Sus poemas son la fuente para conocer su verdadera biografía literaria y, por su lectura, se despliega un camino de exploración y nombra la vida terrenal, y recuerda esa fuente con un tono religioso que dejó marcado por su escritura y como ejemplo de su osadía poética. Por azar o destino, su nombre, para bien, está presente en la antología Los novísimos de la poesía española, de José María Castell. Cómo señalar que una primera lectura fue por influencia de un poeta como Pere Gimferrer. El nombre de éste era más familiar por lecturas que llevan al encuentro de su amistad con Octavio Paz; hay que recordar que tenía que ver con la vida del poeta mexicano que se leía y exploraba para finales del siglo XX por los de esta generación, así que fue imposible no ir a las páginas de esta antología, después de que se publicaron las cartas de Gimferrer que mandó a Paz en la etapa temprana de su vida literaria. La antología de Los novísimos, por fortuna, incluye poemas de Leopoldo María Panero y su nombre fue una verdadera revolución lírica. Sus versos, hay que decirlo, son un ejemplo contundente. ¿Cómo aclarar que sus poemas al instante eran de una osadía poética que trastocaba el fondo de la presencia imaginativa? Hay que hacer que la exploración suceda.
Para explorar parte de su vida y su trayec-
toria, la clave está en la obra Leopoldo María Panero. La locura lleva al verso, de Raquel Capurro, que termina por ubicar que su locura, mezclada con aquella personalidad tan avasalladora como sobresaliente para la poesía entre siglos y su nombre entre estos dos mundos, la locura y la poesía, se vuelven un ejemplo imborrable. Cómo aclarar con regocijo verbal: no hay poeta equiparable a Leopoldo María Panero, pero hay que invitar a seguir su huella, explorar su escritura y enlazar su nombre con la obra de autores como Mallarmé y de la tradición romántica, como Novalis y Hölderlin, hasta destacar la autonomía de su presencia entre los de su propia generación y, al decir esto, no es menor, ya que casi todos hoy día son autores relevantes y ninguno como Panero.
Para cuando Panero contaba veinte años, ya estaba presente en los anales de la nueva generación. Algunos críticos de aquel tiempo consideraron sus poemas originales entre los nuevos novísimos. Pero no es todo: es pertinaz, prolífico, y hay que señalar que no se limita a la poesía: escribe cuentos, practica la traducción y la escritura periodística. Dicen con razón sus estudiosos que abreva su mayor experiencia y la relación de su obra propia con la locura. Desde muy joven padeció hasta su muerte cierta discontinuidad mental y fue declarado un “paciente crónico”; por eso estuvo viviendo en distintos hospitales psiquiátricos de los que podía oficiar, aseguran; dijo alguna vez con humor que se consideraba un guía de turista. En esta biografía, la de Raquel Capurro, al menos existe una guía ejemplar, y los caminos de su poesía quedan visibles como la mayor osadía de su poética. ¿Cómo recordar que fue Panero también un lector implacable de autores como distantes en la literatura, pero fundamentales, como Freud, Lacan y las antipsiquiatrías?
El terreno de la escritura es el centro de un autor que murió en 2014. La manera más cercana es
leer su poesía y, de forma radical, como lector, afrontar su poesía. Así sea por un poema. Por lo pronto, uno de estos desafíos es descifrar su presencia en la tradición de los clásicos castellanos, que para estos tiempos, obviamente, es un maestro.
El poema invocado en el título, “Glosa a un epitafio (Carta al padre)”, es sí, un homenaje a su padre. Poco diré del poema, pero al citarlo ya estoy diciendo las primeras líneas como reflexión. Aunque no sea un poema fácil. ¿Acaso la poesía de Mallarmé es fácil? Se ha dicho con razón que Panero es de la estirpe de autores complejos, y es dueño de una escritura que en la poesía moderna nombra su presencia por “Glosa a un epitafio”. Aquí están sentándose las bases para la exploración que, por su destino o destinatario, es el reflejo de la carta al padre, complicadísima. Al dar como segundo título, hay que recordar que está invocando a Kafka, y Panero tuvo influencia marcada. Lo cierto es que se avizora complejidad triple, única o múltiple. Así que estas señales, más que su explicación, son la invitación a escudriñar con deleite y tal vez asombrarse por sus versos. Para entender finalmente que el poema es complejo y su escritura, un ejemplo seductor, o descubrir la personalidad casi total de Panero y sentir viva toda esa personalidad y sentir la biografía que encierra su poesía.