Oda a La guerra y la paz

- Vilma Fuentes - Saturday, 28 Mar 2026 20:29 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
Dos grandes obras cuyo tema es la guerra, a saber, La iliada, de Homero, y La guerra y la paz de León Tolstoi, son convocadas aquí para, a través de la literatura, otorgar profundidad a la condición humana que aflora en los conflictos bélicos a lo largo de la historia humana.

 

La literatura en Occidente se inicia con la crónica de una guerra cantada por Homero: la guerra de Ilión. El aeda griego narra las proezas de los combatientes de los dos campos que se enfrentan. Los héroes existen en ambos lados. No es cuestión de reducir a nadie. Le sobra razón a Homero: de sobajar a los guerreros de Ilión, ¿qué gloria podrían tener los vencedores aqueos? El valor y el heroísmo son esenciales a la grandeza y el canto de la Ilíada no existiría sin ellos. Aquiles es tan osado como lo es Héctor. Menelao es tan valiente como Paris.

Una cuestión primordial es la causa de esta guerra. Esa causa es una mujer. La más bella del mundo conocido: Helena. Pero Helena no es libre, es la mujer de Menelao. Su rapto por Paris, un príncipe troyano, ha desatado la guerra. El marido de Helena, Menelao, rey de Esparta, solicita la ayuda de su hermano, el poderoso Agamenón, rey de Micenas, quien convoca a las tropas de aqueos para combatir a los troyanos y rescatar a Helena.

La historia del rapto de Helena se inicia en el Olimpo, durante una querella entre diosas: Hera, Afrodita y Atenea, quienes se disputan ser la más bella a causa de la “manzana de la discordia”, fruta arrojada por la divinidad que lleva este nombre y busca vengarse de los dioses que olvidaron invitarla a la boda de Peleas y Tetis. Para decidir quién es la más hermosa se acude al juicio de un ser humano: Paris. Cada una de las divinidades promete al príncipe troyano una recompensa. La de Afrodita, que le promete el amor de Helena, la mujer más bella de la Tierra, convence a Paris. Ligero detalle, olvido o descuido: Helena es la mujer del príncipe Menelao. La diosa no da importancia a esta unión, ¿qué importancia puede dar una divinidad a la unión de dos seres humanos, simples juguetes de los pasatiempos celestes?, y entrega a Paris la bellísima mujer. Menelao, la leyenda no precisa si amoroso u ofendido, convence a su hermano Agamenón, miembro de la familia de los atridas y rey de Micenas, de lanzar una guerra contra Troya para recuperar a su mujer.

La guerra no es sólo el combate entre griegos y troyanos, es el enfrentamiento entre el Oriente y el Occidente, punto neurálgico donde comienza la Historia de Occidente. La que seguimos viviendo. La nuestra.

Los troyanos son vencidos. Pero esa misma Historia nos enseña que no hay derrotados definitivos en ningún conflicto. Queda siempre un sobreviviente para vengar a los vencidos. Así, Eneas, hijo de Afrodita, se encamina con su padre a espaldas al lugar donde fundará Lavinia, origen de Roma.

Más de veinte siglos después del conflicto conocido como la “guerra de Troya”, otro enfrentamiento bélico dará origen a otro monumento literario e histórico bajo el temerario nombre de La guerra y la paz. Su autor, León Tolstoi, describe en sus cuentos y novelas la vida del pueblo ruso en la época de los zares. En sus ensayos reprueba los poderes civiles y eclesiásticos, por lo que la Iglesia ortodoxa rusa lo condena a la excomunión. Después de su muerte, sus manuscritos son destruidos por la censura zarista.

De una familia perteneciente a la gran aristocracia rusa, Tolstoi reside en el campo hasta sus ocho años, cuando su familia se traslada a la ciudad. En esta época, León es apodado “Liova riova”, que significa León el Llorón, a causa de su gran sensibilidad. Muy pronto escribe un diario personal. Su belleza misma lo entristecía, a la vez que se sentía desolado por un físico ingrato: “Soy feo, torpe, intolerante, tímido… Pero hay una cosa que prefiero al bien: es la gloria… Soy tan ambicioso que si debiera escoger entre la gloria y la virtud, creo que escogería la primera.”

Después de tres años de matrimonio y un tercer hijo, al terminar de escribir La guerra y la paz, León confiesa en su diario: “Bruscamente, mi vida se detuvo. No tenía deseos. Sabía que no había nada que desear. La verdad es que la vida es absurda. Llegué al abismo y vi que ante mí no existía más que la muerte. Yo, hombre sano y dichoso, sentí que ya no podía vivir.”

Hasta el final de su vida, Tolstoi es víctima de dilemas interiores que lo torturan. Las relaciones con su esposa son igualmente difíciles, marcada por las disputas familiares y por la decisión de Tolstoi de desheredar a sus hijos.

La guerra y la paz es un fresco magistral de las clases superiores rusas, durante la época de la invasión de Rusia por Napoleón. Relato con un telón de fondo histórico, Tolstoi sumerge a sus lectores en una época acabada, pero que él reanima con una escritura que toca el fondo de la vida a través de los personajes que pueblan esta novela. La guerra y la paz recupera existencias que, si bien tuvieron lugar en otros tiempos, reviven bajo la pluma de Tolstoi, volviendo inolvidables a su Natacha Rostova, su Pierre Bezújov o su Andréi Bolkonski, quienes nos arrastran con su irresistible carisma a un viaje que perdura en la memoria como la propia vida.

Si guerra y paz se perpetúan a lo largo de los siglos, sólo su escritura les da un sentido que
subsiste a la desaparición
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