Galería / Manuel Manilla, posible creador de La Catrina
- José Rivera Guadarrama - Saturday, 28 Mar 2026 21:08
cmás allá de su pura imagen gráfica, representa uno de los elementos simbólicos mexicanos más conocidos a nivel internacional; al mismo tiempo, esa imagen recreada en las festividades del Día de Muertos reafirma nuestro sincretismo mexicano. Esa importancia ha generado, además, extensos debates sobre su significado, sobre qué o cuáles aspectos la hacen ser tan recreada y utilizada durante esas fechas, sin dejar de lado el origen o el creador de esa calavera elegante convertida en una figura distintiva, preponderante y festiva. No se sabe con exactitud la fecha de su nacimiento, tampoco los historiadores logran ponerse de acuerdo respecto a quién es el creador de La Catrina.
Se dice que fue Manuel Manilla (1830-1899) quien comenzó a dibujar unas calaveras parecidas a La Catrina mientras trabajaba en la imprenta de don Antonio Vanegas Arroyo, en donde laboró alrededor de diez años. Se tienen contabilizados cerca de seiscientos grabados realizados por ese ilustrador originario de Ciudad de México, de quien no hay abundantes datos biográficos; tampoco se conoce el nombre de sus padres, hermanos u otros familiares. Lo único exacto es el año de su muerte, ocurrida en 1895, a causa de tifus.
En unos de sus cientos de grabados destaca el titulado Calavera tapatía, donde se puede apreciar un esqueleto masculino tomando tequila y fumando un cigarro. Esta obra de Manilla es una de las primeras representaciones humanizadas que hizo de la muerte, y es un recurso característico en gran parte de sus trabajos.
La producción artística de Manilla estuvo mal interpretada durante mucho tiempo, sobre todo porque el término “popular” en buena parte de los siglos XIX y XX era hasta cierto punto despectivo, se consideraba como de baja calidad, como una especie de artesanía que no llegaba a obtener el grado de arte. Pero, siendo estrictos, su capacidad creativa lo coloca como uno de los grabadores más importantes de la historia de nuestro país.
Algunos de los primeros esqueletos hechos por Manilla aparecieron en un poemario titulado Calaveritas del amor; recreaban temas de desamor, de pasiones exaltadas y, sobre todo, eran recurrentes durante la celebración del Día de Muertos.
A la imprenta de don Antonio Vanegas Arroyo llegó a trabajar otro importante artista allá por el año de 1888. Se trata de don José Guadalupe Posada (1852-1913), quien se unió al taller y ahí trabajó hasta su muerte. Se cuenta que ahí vio por primera vez las abundantes ilustraciones y grabados de calaveras realizadas por Manuel Manilla.
A partir de entonces, Posada comenzó a desarrollar esos grabados de esqueletos, pero dándoles un significado más allá de la simple representación, sin que hasta ese momento se le conociera como La Catrina. Él no le puso ese nombre. En realidad, Posada la llamaba Calavera Garbancera, haciendo referencia a la gente que vendía garbanza, pero también mofándose de la clase alta que pretendía ser europea y renegaba de su mestizaje, su herencia y su cultura.
Como se sabe, quien le puso La Catrina fue Diego Rivera cuando pintó el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, ahí dibujó una calavera tal como la conocemos ahora, muy ataviada, bien vestida, y este es el momento en de donde comenzó a tomar mayor reconocimiento el nombre de José Guadalupe Posada, soslayando la influencia y la abundante obra de Manuel Mancilla.
Dejando de lado ese debate estéril respecto a quién es verdadero creador de La Catrina, queda claro que ambos son grandes artistas, sin denostar o injuriar a ninguno. Para la historia del arte de nuestro país, es más fértil destacar y emancipar sus trabajos, su creatividad y la vehemencia con que realizaban su trabajo, esa enorme herencia cultural en la cual seguiremos abrevando l