Anécdotas / La detención de Gandhi, 1922

- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 28 Mar 2026 20:40 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Estoy segura de que a usted le gusta la figura de Gandhi y su pensamiento. Le pregunto, doña Clofis, ¿qué es lo que más le llama la atención de él? En ello he pensado desde hace días. Me pregunto: ¿cómo serán recordados personajes de la historia presente dentro de cien años?

Gandhi fue el genio de la no violencia como estrategia política. Su propuesta, condensada en la expresión Satyagraha (“fuerza de la verdad” o “insistencia en la verdad”) iba de la mano con la no cooperación, la resistencia no violenta, la huelga de hambre y la desobediencia civil, esta última, exaltada como derecho ciudadano. No era para menos. De aquel lado del Atlántico apenas si comenzaban a abrir los ojos después de la primera guerra mundial: pobreza, hambruna, conflicto, masacres, represión, enfermedades… Era la postguerra y los tiempos de la India británica.

Por ello, sorprendió al mundo entero que el líder Mohandas K. Gandhi fuera detenido al finalizar febrero de 1922. “El occidente no tiene a alguien tan amado como lo es Gandhi en la India”, se lee en un artículo de la publicación capitalina El Maestro. Revista de Cultura Nacional a los pocos días. En ese número reprodujeron su discurso ante el procurador, el 18 de marzo del mismo año, así como también sus palabras improvisadas antes de que se terminaran de acomodar juez, testigos y parte en la sala de procesos para escuchar la acusación y sentencia.

Gandhi aceptó ser culpable de sedición y la noticia dio la vuelta al mundo. Esto, querida amiga, es admirable porque lo que vemos en nuestros días es que todos se declaran inocentes de cuanta cosa se les imputa y la justicia impone sentencias ocurrentes bajo leyes excepcionales de dudoso sustento.

Vestido con su khaddar, túnica de algodón que aligera la agobiante humedad tropical de la costa india de cara al Mar Arábigo, declaró: “Acepto los cargos del Procurador General que se refieren a mi humilde persona. Creo que ha procedido con entera justicia en sus acusaciones y comentarios. […] Reconozco mi desafección hacia el sistema de gobierno existente; desafección que ha llegado a convertirse, en mí, en una verdadera pasión.”

Siguió: “El señor Procurador General tiene razón cuando dice que como hombre de responsabilidad que ha recibido una esmerada educación y que tiene experiencia en los negocios del mundo, debí tener presente las consecuencias de cada uno de mis actos realizados. Yo estaba consciente de ello […] y si en este momento se me pusiera en libertad, yo repetiría esos mismos hechos. En caso contrario, faltaría a mi deber.”

No satisfecho con tales revelaciones, retó al persecutor: “La única solución que se le ofrece a usted, señor Juez, es esta que propongo inmediatamente: renunciar a su empleo o aplicarme la pena máxima. Si cree que el sistema de gobierno y la ley que usted ayuda a administrar son justos para nosotros, no espero de usted el primer sacrificio; pero cuando yo haya terminado mi declaración, tal vez usted comprenderá ligeramente lo que en mi pecho se agita para haberme hecho llegar al peligro en que me encuentro.”

Gandhi compurgó dos de seis años de prisión por insurrección. Tuvieron que liberarlo porque tuvo apendicitis. Resolvió en ese momento abandonar las lides políticas, para meditar y cultivar su intensa vida espiritual. Pero, en 1927, ante nuevas discriminaciones raciales, decidió salir de su cartuja y volver a enfrentar al imperio británico. Comenzaron con más fuerza las acciones de desobediencia civil y la no violencia. Al final, el noble pueblo indio logró el cometido luego de muchas décadas: se convirtió en nación independiente el 15 de agosto de 1947.

El líder “Mahatma” (el alma grande) no ocupó ningún cargo ni fue presidente o primer ministro. Pero se fue de este mundo tras ser asesinado el 30 de enero de 1948 a manos de un fanático religioso l

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