Tomar la palabra / Louise Michel, heroína máxima (I de III)
- Agustín Ramos - Saturday, 21 Mar 2026 21:03
Napoleón III, que tuvo su 18 Brumario el 2 de diciembre de 1851, quería tener su Austerlitz. Por eso, desde el principio, llamaba victoria
a sus derrotas.
Louise Michel, La Comuna de París. Historia y recuerdos.
1. Canta, oh musa…
En el siglo XIX La Comuna de París era una institución político-administrativa equiparable a municipios como Chalchicomula, Oax., Tlaxcalantongo, Pue., y Acapulco, Gro. Y pese a ser tan corriente y común, o quizá justísimamente por eso, terminó partiéndole el esquema a la verdad histórica, para convertirse en un referente genuino: La Comuna de París de 1871 (este sí con mayúsculas y en negritas).
Tal ruptura ocurrió después de la ocupación de la capital francesa por los vencedores de su recién finiquitada guerra con Francia y tras la huida, a Versalles, con todo y sus hilachas soldadescas, del gobierno derrotado. En otras palabras, bajo el acecho invasor prusiano y con el asedio ojete de los entreguistas tránsfugas, La Comuna de París no tuvo de otra que tomar el destino en sus manos (tomar el cielo por asalto, dijo un filósofo a quien este episodio también le rompió parte del esquema).
No fue, ni de lejos, un rayo en cielo sereno. Fue la respuesta popular, en buena dosis espontánea y, sin embargo, muy coherente y esperable, al desastre militar, político y social, cultural y moral, que estremecía a Europa desde por lo menos 1848, y que se agudizó en Francia a partir del golpe de Estado de Napoleón III (o Napoleón el pequeño, como dijo Victor Hugo).
Ya se habla poco, casi nada, del comunismo libertario, en el que predomina la militancia anarquista, también llamada ácrata o libertaria a secas. En cambio, está de moda hablar del capitalismo libertario, esa llanta de la carcacha capitalista renovada por la vulcanizadora chapucera del neoliberalismo. Y no es casualidad que un subnormal, como Javier Milei, se autoproclame libertario, ni que en México la basura de la peor clase se disfrace de liberal o de anarquista.
Por eso creo necesario volver a hablar, otra vez, una más, de La Comuna de París, lugar común por excelencia, episodio que encarnó, como ningún otro admitido hasta la fecha por la verdad histórica de la dizque civilización occidental, el valor, las ideas y la voluntad de quienes practicaron, desde el 18 de marzo hasta el 28 de mayo de 1871, el comunismo libertario.
Una figura cumbre de esta militancia es la musa del poema “Louise Michel”, escrito por Victor Hugo siete meses después de que la Comuna fuera ahogada en sangre; poema al que luego tituló “Viro Major”, que puede traducirse como “Héroe Máximo” o como “Más grande que los hombres”, nombre con el que aparece en el poemario póstumo Tout la liyre. Y otro que se inspiró en la misma mujer para escribir, en “tres estrofas y un envío”, “Ballade en l’honneur de Louise Michel”, fue un tal Paul Verlaine. Ahí nomás, humildemente.
Como se sabe, el principio de La Comuna de París se registra alrededor del 18 de marzo de 1871, en la periferia de las colinas de Montmartre. El contexto, ya se dijo, lo formaron dos pinzas de la barbarie capitalista, terrorista y aterrorizada, los invasores al asecho y los aborígenes al asedio del último baluarte francés contra la ocupación externa y la capitulación interna.
El antagonista del monstruo engendrado por la guerra franco prusiana fue el populacho consciente, la plebe organizada, la ciudadanía igualada, la comunidad a secas. El hecho, los hechos, también son conocidos, aunque quizá no con la exactitud ni la justicia que merecen. Pero, ¿quién carajo era Louise Michel y qué pitos tocaron ella y otras mujeres en La Comuna de París? (Continuará.)