Bemol sostenido / Willie Colón, todo tiene su final

- Alonso Arreola @escribajista - Saturday, 21 Mar 2026 21:06 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

La escena final ocurre en Manhattan, dentro de la catedral de San Patricio, en el Midtown de Nueva York. En ese vasto espacio el silencio de un trombón está a punto de disolverse con la estridencia de los colegas que esperan afuera. Se trata del funeral de Willie Colón, arquitecto de la salsa urbana. Cuando su féretro sale, estalla la murga transformando solemnidad en despedida de calle y fiesta. Y claro, el gesto no es casual. Su inspiración fue colectiva, puente directo hacia los barrios del Caribe.

Fallecido el 21 de febrero a los setenta y cinco años tras ser hospitalizado por problemas respiratorios, su ausencia convocó a personalidades de la comunidad latina e integrantes históricos de la salsa neoyorquina; viejos colegas de la Fania All Stars, cómplices amorosos que crecieron bailando sus discos o gente de la política que supo apoyarlo en sus polémicos ideales. Porque Colón no sólo fue figura musical.

Por décadas participó en la vida pública de la Gran Manzana, asesorando en proyectos culturales y colaborando con distintos alcaldes en programas vinculados a la comunidad latina. También apoyó campañas y asumió posiciones cuestionables sobre la política migratoria, el futuro de Puerto Rico y la vida latina en Estados Unidos. Esa dimensión cívica estuvo presente en discos que describieron barrios y desigualdad con una mirada que hizo de la salsa una crónica social.

Como compositor, Colón fue uno de los fundadores de la modernidad salsera. Su catálogo supera los cuarenta álbumes. Firmó su primer contrato con Fania Records siendo muy joven. En 1967 publicó El Malo, álbum que inauguró su asociación con el gran Héctor Lavoe. Más tarde llegarían obras decisivas como Cosa Nuestra, La Gran Fuga y, claro, Siembra (1978), grabado con Rubén Blades; uno de los álbumes de salsa más vendidos de la historia (sí, el de “Pedro Navaja”). Lastimosamente, tras un malentendido financiero, la relación entre Willie y Rubén se desmoronó durante más de dos décadas, lo que no impidió al panameño publicar una sentida condolencia por su otrora amigo.

Otras de sus asociaciones destacadas fueron las que tuvo con Celia Cruz y Tito Puente, así como con artistas provenientes de territorios disímbolos. Verbigracia: David Byrne, con quien exploró cruces entre la salsa, el pop y el rock experimental en el mítico disco Rei Momo, allí donde el británico debuta como solista acercándose a nuestro continente.

Como instrumentista no fue un virtuoso del trombón, empero, su sonido era inconfundible. Prefería líneas cortantes y densas con un timbre áspero para enfatizar el carácter rítmico dentro del conjunto. Como compositor y director combinaba arreglos sencillos, secciones contundentes y un sentido dramático heredado del son cubano o del jazz urbano. Su repertorio podía sonar callejero y sofisticado
a un tiempo.

Willie Colón nació en 1950. Fue hijo de inmigrantes. La identidad “nuyorican” se le hizo orgullo creativo. Por un tiempo fue demócrata y apoyó a Hillary Clinton y Barack Obama. Luego vino lo malo, lo incomprensible. Hablamos de su reciente apoyo a Donald Trump y al estulto movimiento MAGA. Algo por lo que muchos lo consideraron traidor en Puerto Rico. Se extrañará el brillo de su trombón, no así su voz en los mapas de la política. Descanse en paz. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos. l

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