Artes visuales / El Galeón de Manila. Una historia de globalización

- Germaine Gómez Haro germainegh@casalamm.com.mx - Saturday, 21 Mar 2026 20:58 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Un capítulo fascinante de la historia del Nuevo Mundo ligada a Europa y a Oriente es la que vinculó a los tres continentes durante la época virreinal a través del intercambio cultural y comercial que abarcó de 1565 a 1815, uno de los fenómenos más enriquecedores de la humanidad. La exposición El Galeón de Acapulco-Manila. Somos Pacífico, que se presenta en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, aborda la historia de este comercio transpacífico que influyó en la vida cotidiana, el arte, el pensamiento y la construcción de la cultura criolla y mestiza, que es el fundamento de nuestra identidad mexicana. A través de unas trescientas piezas, la muestra reúne material cartográfico, instrumentos de navegación y libros que ilustran la ciencia del viaje naval, así como una vasta selección de pinturas, esculturas, tejidos, objetos suntuarios, imágenes devocionales y mobiliario de la Nueva España, en diálogo con espléndidas obras de arte provenientes de colecciones privadas e instituciones de Singapur y Filipinas. El recorrido da inicio con la presentación de piezas de origen mesoamericano y su contraparte del archipiélago que hoy llamamos Filipinas, que dan cuenta del complejo sistema de rutas comerciales que ya existían en ambos lados del mundo antes de la llegada de los españoles. Se presenta el único modelo a escala del Galeón de Manila basado en datos históricamente correctos que existe hasta hoy. Así comienza el viaje imaginario que marcó la ruta Acapulco-Manila del legendario galeón, también conocido como la Nao de China, y el tornaviaje que fue el trayecto de regreso desde Asia, descubierto en 1565 por el navegante y fraile agustino Andrés de Urdaneta. El barco que regresaba a América venía cargado de productos valiosos: especias, sedas chinas, porcelanas, lacas, marfiles, biombos, tejidos y bordados filipinos, un bagaje de obras de arte y productos exóticos que circularon en la Nueva España y dieron lugar a la rica fusión cultural que fue la base del barroco mexicano y de nuestra identidad colectiva. Disfrutamos a lo largo de la exhibición ejemplos excelsos de piezas de ultramar en diálogo con las obras creadas en nuestro territorio como resultado de la hibridación cultural: la loza de Talavera poblana que denota la presencia de nuevos imaginarios decorativos, como dragones, flores orientales, el ave fénix, personajes chinescos, así como las tallas religiosas de marfil indo-portuguesas e hispano-filipinas, cuyos hermosos rostros de santos, vírgenes, Cristos y Niños Dios también ostentan marcados rasgos asiáticos; el mobiliario con incrustaciones de marfil, hueso y concha nácar; las pinturas de enconchados, los biombos de tradición japonesa y china, platería y objetos litúrgicos, y la figura de la china poblana, símbolo de la identidad mestiza mexicana.

Los viajes y tornaviajes del Galeón de Manila dieron lugar a un fenómeno tan enriquecedor que, durante esos doscientos cincuenta años Ciudad de México se convirtió en uno de los centros más cosmopolitas del mundo, donde confluyeron Asia, América y Europa. La exposición tiene como eje los estudios recientes sobre la primera globalización y el Pacífico como espacio cultural compartido. Hoy en día se plantea el barroco novohispano como un fenómeno global, un estilo mestizo, con carácter original y no subordinado a la Península. Aquí recuerdo a mi querido amigo, el ilustre historiador del arte barroco mexicano Guillermo Tovar de Teresa, a quien le oí decir en repetidas ocasiones: “España será la Madre, pero yo me quedo con la Hija”, ese México barroco que nos deslumbra en todos sus libros. En pleno siglo XXI, gracias a la globalización transpacífica en la etapa virreinal, los mexicanos somos barrocos de pensamiento y esencia. Esta muestra es una gran oportunidad de lanzarnos a la travesía transoceánica a través de obras excelsas de nuestro arte barroco novohispano y su contraparte oriental l

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