Anécdotas / Lírica a Juárez

- Beatriz Gutiérrez Müller - Saturday, 21 Mar 2026 20:56 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Querida doña Clofis: al fin recibí su carta. Me alegra tantísimo que ambas hayamos retomado la tradición de elegir una hoja, el bolígrafo o lápiz, escribir el destinatario, encontrar el sobre, acudir al mensajero o la oficina de correos y etcétera. Veo que mejoraron sus plantas, pero, sobre todo, las flores. En marzo inicia la primavera, hay que aprovechar. A mi vez, le cuento, me aboqué a buscar el sitio idóneo para las macetas pequeñas,
las que ya conoce, en el entendido de lo que conversamos antes: necesitan aire atmosférico, luz, calor y electricidad. Les ha favorecido.

Ahora quiero hacerle llegar algo lírico, sentimental, romántico en todo sentido. Por ser conmemorativo el 21 de marzo como el natalicio de Benito Juárez, uno de nuestros próceres más eméritos, me fui a consultar una revista española que ya me había topado antes: la madrileña Álbum Ibero-Americano en su edición de marzo de 1906 porque, ese año, don Porfirio Díaz acordó, junto con el Congreso Federal, fijar como efeméride nacional no la defunción (18 de julio de 1872) sino el nacimiento (21 de marzo) de tan ilustre personaje, cuando se cumplía el centenario de su nacimiento (1806). Nacer es luz, morir es apagarse. Metafóricamente hablando, la intención era celebrar la vida de don Benito Juárez.

Pues bien. Por unos años habían radicado en México don Francisco de P. Flaquer y su esposa Concepción Gimeno de Flaquer. De vuelta a su tierra natal, España, llevaron a cabo un gran paso: editar la bella revista que le he mencionado, la cual contiene fotografías, litografías, grabados, las colaboraciones de excelentes autores y muy buenos, oportunos y bien escritos artículos. Y claro, no pasó desapercibido el centenario del natalicio de don Benito para este matrimonio que, como acaba de leer, pasó por acá de 1883 a 1890. En su “Crónica europea y americana”, el 22 de marzo de 1906, don Francisco lo distinguió con estos requiebros: “Nosotros, que hemos vivido varios años en aquella hermosa y hospitalaria tierra, que consideramos nuestra segunda patria, tributamos sinceramente ferviente homenaje al insigne patricio mexicano […]. De todos los ámbitos de aquella importante República resuenan himnos de alabanza al gran patricio, que, incansable en su propósito, supo dar la libertad a su pueblo rechazando invasiones extranjeras y haciendo la unidad nacional.” ¿No le parece hermoso el texto? ¡Hablar de “patricios” todavía en el siglo XX, qué resonancias épicas produce!

Y doña Concepción, a su vez, dejó estas inspiradas expresiones: “Lacedemonia debe sus mejores leyes a Licurgo, Roma a Justiniano, España a Alfonso X y México a Juárez. Si la gran nación mexicana no tuviera un Xicoténcatl, defensor de la República de Tlaxcala; un Nezahualcóyotl, que dio esplendor a la monarquía acolhúa; un Nezahualpilli, que despertó el espíritu de justicia, y un Cuauhtémoc, creador de héroes; bastárale para su gloria ser patria
de Juárez.”

Para que no se me quede entre manos lo siguiente, pues va de salida un propio con correspondencia hacia allá, le dejo estos panegíricos versos del periodista y poeta mexicano Manuel Ramírez Varela, que fueron publicados bajo el título “A Juárez” en la revista de los Flaquer: “Nos diste fuerzas supremas/ iguales a las de Atlante;/ nos diste aliento abrasante/ para fundir las diademas;/ lanzaste mil anatemas/ sobre viejos servilismos,/ y hasta en los reveses mismos,/ de la suerte ante el furor,/ nos diste alas de cóndor/ para salvar los abismos.”

¡Loas al prócer, como pregonaban los romanticistas! ¡A la Patria, con mayúscula, y a la Amada, añadían! Reciba un eufórico abrazo, vibrante y patriótico, como resultó, inducido por la lectura de estos autores l

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