Galería / La música del Diablo

- José Rivera Guadarrama - Saturday, 14 Mar 2026 20:47 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp

Durante la Edad Media europea, la música sacra tuvo enorme utilidad e influencia en la consolidación de la religión católica; mediante ella se buscaba transmitir cierto grado de perfección, de sublimación, un estado de plenitud para quienes la escucharan. Dios era el grado máximo de creación y de perfección; entonces, acercarse a Él, alabarlo, debía ser una experiencia igual de divina. Se pretendía erradicar todo lo que fuera considerado malo, imperfecto, incorrecto. Sin embargo, en el terreno de la música, no todo podía ser inmaculado, ya que había un cierto tipo de notas musicales que se consideraban discordantes y se recomendaba evitarlas, no eran “adecuadas” para tocarlas en aquellos recintos sagrados.

Se trata del concepto Diabolus in musica, que se podría traducir como “el diablo en la música”, cuyas tonalidades hacen referencia al uso del intervalo de tritono, el cual, según algunas interpretaciones históricas, estaba prohibido tocar o incorporar a la música sacra, porque esos acordes hacían referencia o invocaban al Diablo.

Esta presunción de invocación a Satanás resulta un tanto tergiversada y exagerada, ya que a la fecha no hay documentos históricos que demuestren que en realidad estaba prohibido usar el tritono por contener elementos demoníacos. Esa creencia podría haberse difundido debido a que durante la Edad Media europea predominaba la enseñanza basada en el quadrivium, traducido como “cuatro vías”, que constituían cuatro disciplinas: matemáticas, aritmética, geometría y música, que se estudiaban de manera simultánea, mediante las cuales se buscaba lograr lo armónico y lo bello en su conjunto, y en lo divino representaba proporciones similares entre sí, ya que todo estaba ligado a un centro único,
es decir, a Dios.

Todo aquello que se considerara inarmónico, desagradable o que no estuviera dentro de esas disciplinas, era catalogado como pedestre y se dejaba fuera de uso. En esta categoría se colocaba al tritono, porque provocaba disonancias, generaba conflictos melódicos que dificultaban su entonación incluso para el canto, considerándolo más bien como un intervalo de sonido un tanto lúgubre, problemático.

En términos musicales, el tritono se produce en el intervalo de la Cuarta aumentada o la Quinta disminuida, que de manera natural ocurre entre las notas Fa/Si o entre el IV y VII grado de cualquier escala mayor, siendo en el II y VI grado en escala menor. Era un recurso musical que no se recomendaba usar, pero no debido a sus presuntas invocaciones al Diablo. El monje italiano Guido de Arezzo (991-1050) fue uno de los primeros en dejar anotados los problemas tonales que se producían con esa combinación. Más adelante, Andreas Werckmeister, en su obra Armonologia musica, hizo la misma observación. Fue el compositor austríaco Johann Joseph Fux (1660-1741), en su libro Gradus ad Parnassum (1725), quien describió el tritono con el concepto de Diabolus in música, pero no refiriéndose a las connotaciones diabólicas con las que muchas veces se han interpretado esos vocablos, más bien se refería a lo disonante dentro de la música.

Fux escribió “mi contra fa, diabolus est, diabolus in musica”, que después retomó Georg Philipp Telemann, agregando en 1733, “mi contra fa, lo que los antiguos llamaron Satán en música”.

Durante el Barroco, Johann Sebastian Bach utilizó el tritono en su obra Tocata y fuga. A partir de entonces, las prohibiciones o supersticiones referentes al Diabolus in musica se fueron dejando de lado, empleándolo para crear tensiones transitorias, es decir, a ser un acorde de paso, y no a tener mucha presencia en toda la obra.

La música contemporánea está llena de este recurso. Compositores como Camille Saint-Saëns, Claude Debussy y la banda de heavy metal Black Sabbath, incluidos los videojuegos, crean diferentes atmósferas rítmicas utilizando el tritono, ya sin esa carga de presunto satanismo medieval l

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