De Montgomery a Mineápolis, de King a los no reyes: derechos civiles en Estados Unidos

- David Brooks y Jim Cason - Saturday, 14 Mar 2026 20:23 Compartir en Facebook Compartir en Google Compartir en Whatsapp
La historia de la lucha en favor de los derechos civiles en Estados Unidos es larga y compleja, y ahora ha adquirido especial relevancia dada la política neofascista y de supremacía blanca que dirige el gobierno de Donald Trump. Este espléndido artículo repasa esa historia y, en consecuencia, da contexto a la actual situación de los derechos no sólo civiles, sino también raciales y económicos que están bajo asedio en el llamado “país de las oportunidades y la libertad”.

 

Durante dos meses, Mineápolis fue invadido por fuerzas paramilitares federales enmascaradas y sin identificación en una ofensiva antiimigrante, empleando violencia física –incluso asesinando a dos ciudadanos, secuestrando a padres e hijos y usando gases y golpes no sólo contra inmigrantes sino contra todo opositor– y otras tácticas de intimidación masiva. La organización de resistencia civil no violenta por miles de habitantes los derrotó.

Fue el primer revés público del gobierno de Donald Trump, quien tuvo que ordenar el retiro de gran parte de los hasta 3 mil agentes (cinco veces el tamaño de la fuerza policíaca municipal de esa ciudad) y su misión fue cerrada; incluso el jefe de la Patrulla Fronteriza que dirigió el operativo fue destituido de su cargo y abandonó el estado.

Ahora Mineápolis es símbolo e inspiración de un creciente movimiento nacional de oposición no sólo a las políticas antiimigrantes de Trump, sino contra el asalto frontal a los derechos y libertades civiles del país. Pero lo de Mineápolis no es nuevo, sino parte de una larga historia de lucha social por derechos básicos en Estados Unidos, con un particular antecedente en el movimiento de derechos civiles encabezado por afroestadunidenses en los cincuenta y sesenta, y que desde entonces tiene eco en casi todo movimiento social posterior. Desde los sesenta hasta hoy en día, el legado de la lucha por los derechos civiles está presente en las luchas de la liberación de las mujeres, los derechos indígenas, los derechos latinos y los derechos gay en los setenta y ochenta, en el movimiento ambientalista y de los granjeros en los ochenta, como el altermundista de los noventa y el de Ocupa Wall Street y otros a inicios de este siglo, seguido por el Movimiento por las Vidas Negras Importan hasta hoy, en lo que empieza como un movimiento en defensa de los inmigrantes como parte de un movimiento más amplio en defensa de la democracia misma.

En el contexto estadunidense, el concepto de los derechos civiles tiene una definición en evolución. Frecuentemente se recuerdan como ejemplo mundial las declaraciones de los derechos básicos en la Constitución con que nació esta república hace 250 años. Pero se menciona menos que ese mismo documento fundacional también aceptaba la esclavitud (fue escrito por algunos dueños de esclavos, incluyendo George Washington y Thomas Jefferson), y sólo otorgaba el voto a hombres blancos con propiedad. Todo los otros derechos civiles –para las mujeres, minorías, trabajadores y más– fueron obtenidos como resultado de luchas sociales.

Hoy día, muchos de esos derechos están bajo ataque por el gobierno de Trump y sus aliados, quienes buscan anular las conquistas sociales del movimiento de derechos civiles en todos los rubros –el derecho al voto, a la educación, en el empleo–, no sólo cancelando todas las normas y leyes contra la discriminación racial, sino hasta re-escribiendo la historia de esa lucha y sus razones. La ofensiva antimigrante es parte integral de esa agenda, al afirmar explícitamente que lo que no es blanco y todo lo “extranjero” están “envenenando la sangre” de Estados Unidos.

Las primeras protestas

El inicio del movimiento de derechos civiles tiene sus raíces en la resistencia y las rebeliones contra la esclavitud. De hecho, algunos líderes afroestadunidenses acusan que las fuerzas federales de control migratorio (ICE) operan de cierta manera como los que cazaban a esclavos prófugos en el siglo XIX. El gran intelectual y exesclavo afroestadunidense Frederick Douglass fue un líder abolicionista que, al igual que Martin Luther King Jr. más de cien años después, vinculó la opresión dentro de su país con el proyecto imperial de esta nación (en su periódico North Star publicó el primer editorial en contra de la guerra de Estados Unidos contra México en 1846. Y vale recordar que el famoso “ferrocarril subterráneo” –los operativos clandestinos para que afroestadunidenses se escaparan de la esclavitud al huir hacia el norte– también tenía una ruta hacia el sur, a México. Los derechos civiles empezaron a abarcar no sólo la igualdad racial, sino también los derechos a la educación, trabajo y al voto.

En las primeras protestas por derechos civiles para los afroestadunidenses en los años cincuenta, no se sabía que estaba por estallar uno de los grandes movimientos que transformaría a Estados Unidos, como relató el historiador Howard Zinn en entrevista con La Jornada en 2004. Cuando Rosa Parks se sentó en la sección para blancos de un autobús público en Montgomery, Alabama, y fue arrestada por este acto de desobediencia civil, para muchos marcó el nacimiento del movimiento de derechos civiles afroestadunidense en este país. No fue un acto, como se suele contar, espontáneo –de hecho, hubo un par de antecedentes y ella no era sólo una mujer cansada, sino una activista capacitada en el famoso Centro Highlander en Tenesi–, sino parte de una estrategia social. El boicot al transporte público de 50 mil afroestadunidenses de esa ciudad –entre los organizadores había un reverendo de veintiséis años de edad llamado Martin Luther King– fue parte de las protestas, pero nadie esperaba que detonara lo que vino después.

Luther King: la revolución de los valores
y la Campaña de los Pobres

En la narrativa oficial el concepto de derechos civiles se limita a la lucha por la igualdad racial, usando como su máxima expresión el famoso discurso “Tengo un sueño” del reverendo Martin Luther King Jr. en 1963. Hasta la fecha, para muchos tanto dentro como fuera de Estados Unidos, el mensaje de King fue sólo ése. En las escuelas, en los actos oficiales tanto de conservadores como liberales, las referencias a King se quedan en 1963 y “el sueño”.

Pero ese no fue el mensaje final de King. Asesinado en 1968 cuando estaba en Memphis expresando su solidaridad con una huelga sindical de los trabajadores de basura, King ya había incorporado a su visión la justicia económica y social, o como él lo resumió: “el problema del racismo, el problema de la explotación económica y el problema de la guerra están todos
enlazados”.

Su discurso más importante y más peligroso –con el cual muchos de sus compañeros en la lucha de derechos civiles lo abandonaron por no limitarse exclusivamente al tema de la igualdad racial y atreverse a criticar al sistema político, económico e imperial de su país– lo ofreció en la Iglesia Riverside el 4 de abril de 1967, exactamente un año antes de su asesinato.

“Sabía que nunca más podría alzar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los ghettos sin primero hablar claramente sobre el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno”, declaró King al pronunciarse en contra la guerra en Vietnam, ofreciendo su visión antiimperial y vinculando la lucha de los oprimidos dentro de este país con sus contrapartes alrededor del mundo.

“Estoy convencido de que si vamos a colocarnos del lado correcto de la revolución mundial, nosotros como nación tenemos que realizar una revolución radical de valores. Tenemos que empezar rápidamente el giro de una sociedad orientada sobre las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y computadoras, el motivo de ganancias y derechos de propiedad son considerados más importantes que la gente, los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo son imposibles de ser conquistados…” http://kingencyclopedia.stanford.edu/encyclopedia/documentsentry/doc_beyond_vietnam/

King nunca titubeó en su compromiso absoluto con la no violencia como la única estrategia no sólo para los derechos civiles, sino para salvar al mundo de la autodestrucción, aplicando la filosofía radical cristiana mezclada con el legado de Gandhi. Otros líderes, entre ellos el gran Malcolm X, las Panteras Negras y Angela Davis, proponían la necesidad de defender a sus comunidades y promover el cambio radical, incluso con el uso de las armas o, como decía un lema famoso, “por cualquier medio necesario”. Ese debate continuó, pero ambos, tanto los promotores de la vía no violenta como los que no descartaban el uso de la violencia revolucionaria, fueron perseguidos, detenidos y varios asesinados.

La última gran iniciativa de King fue la Campaña de los Pobres, continuando la evolución del movimiento que encabezaba con uno de justicia económica y social y abriendo el abanico de alianzas y coaliciones progresistas. [https://www.jornada.com.mx/2018/04/04/politica/002n1pol].

Jesse Jackson: justicia económica, racial, social y ambiental

Después de su muerte, el reverendo Jesse Jackson fue el puente más importante entre el movimiento encabezado por su mentor King y los movimientos sociales del último medio siglo. Mientras otros líderes que trabajaron con King buscaron limitar el enfoque del movimiento a los derechos civiles raciales, Jackson, quien falleció el 17 de febrero de este año, promovió una visión amplia de justicia económica y social convocando a afroestadunidenses, blancos, latinos, cristianos, musulmanes y judíos. Fue presencia constante en huelgas sindicales y uno de los primeros líderes en exigir que el Partido Demócrata defendiera los derechos del pueblo palestino.

Su Coalición Arcoiris, explicó el senador Bernie Sanders, “sentó los fundamentos para el movimiento progresista moderno, el cual continúa la lucha por su visión de justicia económica, racial, social y ambiental”. Jackson se lanzó dos veces como candidato presidencial, en 1984 y 1988, ganando el voto de millones de demócratas y con ello sacudió las cúpulas políticas y económicas
del país.

Entre los herederos de Jackson hoy día hay diversos legisladores progresistas, desde el senador afroestadunidense Ralph Warnock, de Georgia, al diputado federal Jesús Chuy García. “El reverendo Jackson nos enseñó muchas lecciones, entre ellas, que la participación política es vital para mejorar las condiciones de la comunidad”, comentó García ante la noticia de la muerte del dirigente. “Sus campañas presidenciales de 1984 y 1988 fueron transformadoras, no sólo para nuestros hermanos y hermanas de la comunidad afroamericana, sino para todos los estadunidenses que creen en una sociedad más inclusiva. Fungí con orgullo como delegado de Jackson en ambas convenciones demócratas, representando a Illinois. Su discurso de 1988 me inspiró profundamente a no rendirme jamás en nuestra búsqueda de la justicia.” [https://www.youtube.com/watch?v=4MHZBbkFiog]

Jackson abrió el camino para la elección del primer presidente afroestadunidense, Barack Obama –él mismo lo reconoce. Pero una y otra vez se ha comprobado que la ruta electoral no puede ser la única vía del movimiento progresista social, tal como lo demuestra la coyuntura actual donde Trump y sus aliados, incluyendo la Suprema Corte, están minando el derecho al voto de minorías al destripar la Ley de Derechos del Voto de 1964, que marcó un triunfo del movimiento de derechos civiles de los sesenta.

Corrientes de resistencia

Las protestas en Mineápolis contra ICE, las cuales se han multiplicado por todo el país, y son parte de algunas de las manifestaciones y marchas en defensa de la democracia contra la agenda derechista de Trump, son las expresiones de protesta más grandes de la historia de Estados Unidos, y están conformadas por una amplia gama de fuerzas nuevas y viejas alrededor del país, todas herederas de las luchas por derechos y libertades civiles de las ultimas décadas. Están nutridas por organizaciones de derechos civiles junto con las de defensa de inmigrantes, de la comunidad gay, de derechos laborales y de estudiantes. Algunas son parte de las corrientes de resistencia del movimiento de derechos civiles [https://www.jornada.com.mx/2026/01/26/mundo/023n1mun].

Estas incluyen a líderes como Bryan Stevenson, el abogado contra la pena de muerte, quien fundó el Equal Justice Initiative en Montgomery, Alabama –una de las cunas del movimiento de derechos civiles–, y quien ha empleado la historia de la represión y brutalidad contra los afroestadunidenses como una herramienta de organización social en cientos de comunidades a través de este país.

También está el reverendo William Barber, quien resucitó la ultima iniciativa de King, la Campaña de los Pobres, para crear un movimiento multisectorial y multirracial por la justicia económica, incluyendo derechos laborales, vivienda, salud y salarios dignos.

A la vez, los inmigrantes encabezan, como siempre ha sido en Estados Unidos, una vertiente de la lucha por los derechos civiles. Muy frecuentemente son vanguardia en torno a la lucha por salarios y condiciones laborales dignas, educación, salud y cultura. Fueron clave en formar sindicatos, lograr la jornada de ocho horas que nació en Chicago –lo cual se celebra alrededor del mundo cada Primero de Mayo–, así como las luchas más conocidas de los jornaleros en los campos agrícolas que dan de comer a Estados Unidos. En 2005 y 2006 se movilizaron, en dimensiones sin precedente (fueron millones), tomaron las calles de Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Houston y más, contra medidas antimigrantes que finalmente derrotaron. Más recientemente, formaron la primera resistencia contra las medidas antimigrantes de Trump en Los Ángeles, Portland, Chicago, Atlanta, Nueva York y Mineápolis, entre otras, y ahora son parte del gran mosaico de resistencia nacional.

Uno de los desafíos históricos para los movimientos de derechos civiles y humanos en este país es que, a pesar de los esfuerzos de Jackson, Barber y otros, son repetidamente divididos por temas singulares en lugar de un movimiento multitemático, y también una y otra vez son subordinados a prioridades electorales en torno al Partido Democrata y, con ello, el enfoque es sobre pragmatismo electoral en lugar de transformación social.

Pero las protestas que estallaron contra las redadas de ICE, los ataques contra universidades, bibliotecas y centros e instituciones culturales, y la política corrupta que favorece a los intereses de los más ricos, están tejiendo nuevos movimientos vinculados con algunos añejos. Y lo que demostró Mineápolis, donde ciudadanos blancos suburbanos –dos de los cuales fueron asesinados por agentes federales– se unieron con inmigrantes latinos y africanos, junto con sindicatos e iglesias, estudiantes, pequeños comerciantes, artistas y otras organizaciones sociales, es que no sólo lograron enfrentar de manera no violenta al gobierno federal, sino que lo han hecho retroceder por primera vez.

Como comentó Zinn a La Jornada: “Históricamente ha sido como sucede, que los movimientos de alguna manera han llegado sobre las espaldas de los anteriores. El feminista del siglo XIX llegó sobre la espalda del surgido contra la esclavitud”, y así con el movimiento de derechos civiles, llegando hasta hoy en día, visible en las movilizaciones de defensa de inmigrantes, en defensa de las libertades civiles y de las mayorías contra el uno por ciento más rico en un país cada vez más oligárquico l

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