La otra escena / Mi deseo: la maternidad a prueba
- Miguel Ángel Quemain quemain@comunidad.unam.mx - Saturday, 28 Feb 2026 21:23
Mi deseo. Cabaret postmortem de una mujer que anhela darle vida a un cuerpo dentro de ella o quizá matarlo, escrita, dirigida e interpretada por Stefanie Izquierdo, es una puesta en escena sostenida en su proyecto de maestría en Dirección Escénica y de licenciatura en Escenografía, de la Escuela Nacional de Arte Teatral.
Se trata de un texto dramático provocador, de una riqueza literaria que articula un conjunto de operaciones poéticas que le permiten asociar, comparar, oponer y metaforizar sobre el tema de la maternidad en múltiples formas, mismas que polemizan con estados muy sugerentes de lo femenino frente al propósito reproductivo, sea subrogado, activistamente abortivo, cancelado o con una serie de imágenes sobre el cuerpo proliferante de una mujer que sangra, y que invita a la escena a la vulva sedosa, coloradita, brillante, dentada, jugosa, pero que, paradójicamente, la libra de la pesada carga de la genitalidad que en apariencia separa y distingue a los sexos.
Pude leer la obra aún inédita y me permitió un mirador extra de la puesta en escena; vislumbrar ahí una buena parte de las polémicas contemporáneas del psicoanálisis y la antropología sobre la variedad de registros que le permiten sobrevivir a muchas mujeres en la selva patriarcal, neoliberal, estandarizada en modelos de belleza que siguen generando graves patologías.
Hay en el texto de Stefanie Izquierdo una visión periférica y a la vez convergente sobre el devenir de lo legal (la conquista de derechos consagrados), de la inclusión, que responde a un numeroso volumen de logros desde el activismo feminista, que se resuelven en este laberíntico monólogo, unipersonal, o como se quiera llamar a este despliegue protagónico acompañado por la explosión de la música en escena que hilvana una serie de piezas “flotantes”, y que hacen del escenario un espacio onírico y de la memoria, de la memoria de la entraña, de la visceralidad ‒que ya referí cuando aludí a la sangre y desde luego a todas las sorpresas liquidas que guarda el cuerpo femenino cuando se decide a la creación contingente de múltiples identidades.
La traducción sobre la escena de esta serie de ideas es fascinante. Izquierdo se decantó por fecundas escisiones estéticas que nos permiten pensar la obra no como unidad sino como una entidad compleja y valorar lo que propone la dramaturga (Premio Dolores Castro, 2021 y Premio Independiente de Joven Dramaturgia, 2022), y que es una serie de ideas literarias, de ficcionalización profunda del ánimo de la actriz que se mira a sí misma dirigirse y escribirse en una colocación/descolocación de un cuerpo que se desconstruye hasta el útero mismo, radiografiado en esa ginecomagia de lo absolutamente rojo y el rosario de focos colgantes, como si fueran las cortinas móviles de un circo, de un cabaret, o definitivamente un rosario anal de bolas tailandesas o chinas que aderezan la topología de un cuerpo que retiene y expulsa.
Un cuerpo que muerde y succiona, como sugiere la aparición de un inflable que representa o ilustra, o es el mismísimo Bebé, con su frágil pie de látex, y que está sobre la escena con la fallida pretensión de dar órdenes sin saber que es una fantasía onírica bajo las órdenes estrictas de la no madre aún, que hace prescindible cualquier pene que intente colocar el azar en ese vientre “donde se atesoran los genes cancerígenos de mi madre”, y también los desfigurados rasgos de un mundo autorreferencial que logra poner a distancia con humor, en el orden de lo paródico y también de lo grotesco.
Mi deseo... rompe el orden genérico asfixiante y consigue no parecer ni hombre ni mujer, y “hablar de la mutación” para no hablar del hombre ni de la mujer, ni del deseo en general. Habla, eso sí, con un pene adentro, que es el sexo del hijo que vive suspendido en su vientre virtual. Teatro Salvador Novo del CENART, este domingo, a las 18 horas. Entrada libre l