Galería / Hiragana, el sistema de escritura inventado por mujeres
- José Rivera Guadarrama - Saturday, 28 Feb 2026 21:24
Dentro de las escrituras más complejas del mundo se sitúan las orientales, sobre todo en Japón, donde se utilizan tres sistemas de escritura: hiragana, katakana y kanji; este último se originó a partir de caracteres chinos y es logográfico, es decir, representa significado más que sonido. Estos caracteres son complejos y pueden tener múltiples pronunciaciones, lo que permite expresiones con mayores matices.
En la Antigüedad, los kanji eran utilizados sólo por hombres. Durante los años 794 a 1185, considerado el período Heian, el aprendizaje de la escritura y la caligrafía era exclusivo para la nobleza y la corte imperial; en algunos casos las cortesanas recibían un poco más de educación, pero se limitaba a temas relacionados con el hogar y un poco de religión; algunas de ellas lograban aprender a escribir su nombre, pero no se les permitía nada más. El kanji era considerado el sistema de escritura de uso exclusivo para hombres, algo muy masculino, de hecho se le llamaba otokode, es decir, “mano de hombre”.
Sin embargo, a la par de esas restricciones durante aquellos siglos, las mujeres comenzaron a crear otro tipo de escritura. Algunas de ellas pertenecían a la corte, eran muy inteligentes y buscaron adquirir mayores niveles educativos, al mismo tiempo que iban perfeccionando el sistema de escritura que prevalecía en aquella sociedad, creando uno más fácil de usar y adaptado a los matices del idioma japonés.
Esta transformación gradual condujo a la creación de un conjunto distintivo de caracteres fonéticos más fáciles de escribir y más adecuados para representar con mayor precisión el idioma japonés. De esa evolución y adaptación incesante surgió la forma de escritura conocida como hiragana. A partir de entonces, las mujeres del período Heian comenzaron a escribir sus anotaciones, diarios, cartas y documentos en hiragana. Este sistema de escritura se conocía como onnade, que se podría traducir como “mano de mujer”, en oposición a los kanji.
Al principio, el hiragana constaba de alrededor de noventa caracteres diferentes, pero con el tiempo fueron reduciéndose hasta el conjunto actual de cuarenta y seis caracteres básicos, conocidos como gojuuon. Este sistema organiza los caracteres según sus sonidos silábicos, comenzando con los cinco
sonidos vocálicos: a, i, u, e, o, y combinándolos con sonidos
consonánticos.
En esa forma de escritura destacan dos grandes obras literarias realizadas por mujeres: se trata de Genji Monogatari, traducida como La historia de Genji, publicada en el siglo XI, de la autora Murasaki Shikibu, y la otra es Makura no soshi, traducido como El libro de la almohada, escrito en el año 1002 por la autora Sei Shonagon.
En la actualidad, el hiragana tiene muchas aplicaciones y usos dentro de la cultura japonesa, complementándose con el kanji y el katakana. Debido a su desarrollo e importancia, se enseña desde el primer año de escuela, ya que eso propiciará que los jóvenes puedan leer y escribir en japonés. Esta forma de escritura también es parte considerable de la enseñanza de ese idioma para los no nativos, reflejando la importancia cultural e histórica de la evolución de la escritura en general.
Es así como la escritura permite que sea considerada una tecnología efectiva de la comunicación, incluso como un suplemento necesario de la oralidad, también como una herramienta auxiliar de la memoria, de la representación del habla, además de las implicaciones que tiene en cuanto a la capacidad de modificar nuestros mismos procesos cognitivos, nuestros mismos modelos de racionalidad l