Cinexcusas / De tramas y protagonistas
- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 28 Feb 2026 21:17
Hace veintidós años, el chihuahuense Omar Chaparro ya llevaba buen rato de haber sido o seguir siendo, entre otras cosas, locutor radiofónico, esporádico actor y sobre todo conductor de programas televisivos, además de cantante con poco o mediano éxito, y en aquel 2004 debutó cinematográficamente, aunque con un papel bastante discreto, en la muy buena Puños rosas, de Beto Gómez. En la casi década y media siguiente siguió forjando su bien ganada fama de farandulero, pero no desistió del cine: con doblajes para cintas de animación, mexicanas y extranjeras, así como papeles menores, hasta que en 2016 coprotagonizó No manches Frida con la igualmente afarandulada, taquilleramente exitosa aunque más bien limitada actriz Martha Higareda. Con la producción mexicana La boda de Valentina y la estadunidense Overboard, de 2017 y 2018 respectivamente, dejaba claro que lo suyo eran las películas facilonas, predecibles, tachonadas de lugares comunes, de humor chocante cuando no de redonda cursilería, y lo remachó con la segunda parte de No manches Frida, de 2019. Ese mismo año, además de una producción española sin pena ni gloria titulada Los Rodríguez y el más allá, hizo para Netflix Como caído del cielo, en la que aprovechó su trabajo previo en torno a Pedro Infante. Desde entonces para acá, la media docena de filmes en los que participó refrendaron lo que ya se sabía: no ayudaban la factura ni el propósito de aquello en lo que, mucho o poco, había contribuido, tratándose sobre todo de comedias románticas o comedias a secas sin la menor ambición narrativa o artística, hechas para vender y nada más. Empero, y a pesar de esa escasez en contenido, el locutor/conductor/cantante/actor no se veía mal del todo; era como si Omar Chaparro pudiera actuar bien en una película decorosa, pero no quisiera.
La primera en serio
Tampoco es que se haya volcado definitivamente al cine de arte o de autor, pero La celda de los milagros (2025), adaptación de la coreana Milagro en la celda 7, bien puede contar como la primera película digamos “seria”, en la que Chaparro participa, no por cierto en calidad de comparsa de la estrella o mero figurante, sino como protagonista: aquí es Héctor, un hombre de mediana edad viudo, con una pequeña hija de unos siete u ocho años, con un evidente aletargamiento de sus facultades cognitivas que, en tiempos menos políticamente correctos, habría sido definido como “retraso mental”. A Héctor se le acusa de haber asesinado a otra niña, compañera escolar de su hija, y es encarcelado pero injustamente. El dolor rencoroso del padre de la pequeña muerta –un militar que aprovecha el poder local que detenta, como de cacique– hace a Héctor víctima de severos maltratos en prisión, y lo condena de facto a una muerte que debe ser cruel y dolorosa.
No obstante previsible, el giro de la trama cumple su cometido: con el paso de los días, su comportamiento como de niño inocente –en el que su “retraso” es fundamental– le granjea la simpatía, primero, de otro preso con el que comparte crujía, y después, como dicho compañero de celda resulta ser el atemorizante líder de los presidiarios, Héctor acaba siendo no sólo respetado sino también apreciado y defendido por la comunidad carcelaria. Al respecto, y hablando en términos de histrionismo, a Chaparro debió serle de grandísima utilidad compartir escenas con actores como Arturo Ríos y Sofía Álvares, pero sobre todo con Gustavo Sánchez Parra, que en el papel de El Tigre –el referido recluso al cual temen y con quien custodios y autoridades penitenciarias no quieren tener problemas–, dicho clásicamente, en más de un punto se roba la película.
Edulcorado y sensiblero, narrativamente el final de la historia apenas se sostiene, y en el punto álgido de la trama hay una de esas casualidades que sólo en el cine existen; sin embargo, en el marco de sus limitadas ambiciones dramáticas, La celda de los milagros cumple bien y, tal vez, marca el punto en el que Chaparro, su protagonista, se volvió un actor que valdrá la pena ver l