El fascismo como negación del pensamiento
- José A. Castro Urioste - Saturday, 21 Feb 2026 20:38
Los gobiernos fascistas se tildan de nacionalistas y salvadores de la nación: cierto lado de Alemania lo fue, la Italia de Mussolini, la Hungría de Orban, el discurso de Donald Trump para hacer de Estados Unidos great again. Se enfatiza el nacionalismo para atraer a la audiencia, a sus seguidores enceguecidos. Pero la historia expresa que el fascismo ha quebrado las fronteras de lo nacional (la lista de países enumerados es de por sí una prueba) y ha surgido en Europa, Estados Unidos, Asia... La Operación Cóndor fue una estrategia transnacional homicida con la participación de la mayoría de países de Sudamérica, incluyendo, entre otros, las dictaduras del Cono Sur y la del dictador Francisco Morales Bermúdez, en Perú.
En ese contexto, el componente de rechazo a las humanidades no es exclusivo de un gobierno, sino una constante que cruza fronteras, desde los ataques del gobierno de Donald Trump a las universidades y organizaciones de apoyo cultural, a las censuras de las dictaduras militares en América del Sur o las políticas contra la cultura en Myanmar. ¿Por qué ese horror y ataque a las humanidades de cada gobierno fascista?
El psicólogo austríaco Wilhelm Reich, en el prólogo a su libro Psicología de masas del fascismo, sostiene enfáticamente que “el fascismo en su forma pura es la suma total de las reacciones irracionales del ser humano” (cito aquí y más adelante la traducción de Raúl Soto publicada en su libro Textos indisciplinados). A su vez, y siguiendo a Reich, en el fascismo existe la mentalidad de un “hombre pequeño”; un sujeto que prefiere no pensar, ser esclavizado intelectualmente, y que vive deseoso de una autoridad.
Jason Stanley, sin referirse a la investigación de Reich y muchas décadas más tarde, en su libro Cómo funciona el fascismo establece un conjunto de características/estrategias que, en cierto modo, coinciden con el prólogo de Reich. Entre éstas se cuentan la construcción de la ilusión de un pasado mítico; la alteración de la realidad con grandes dosis de propaganda y antiintelectualismo, con el ataque a las universidades y al sistema educativo; la construcción paralela de una irrealidad a partir de noticias falsas y teorías conspiratorias.
En ese orden, el fascismo propone que las diferencias entre grupos se conciban como algo natural y de ese modo pretende crear una jerarquía que no tiene valor científico. Así, el grupo fascista construye un “nosotros” que supuestamente encarna las virtudes y la superioridad y un “ellos” que debe ser incomprendido, desterrado (como el constante asedio y ataque de ICE a los inmigrantes), o como sucedió con los asesinatos en las dictaduras militares de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay, o los genocidios a la población rohinyá en Myanmar y, en estos días, a Palestina. La política fascista, concluye Stanley, “es capaz de deshumanizar a las minorías”.
La negación del
pensamiento
Todas las estrategias fascistas buscan la negación del pensamiento. El conocimiento es uno de sus principales enemigos. Negar el conocimiento es un paso para deshumanizar a los otros grupos. Esa negación le permite tener a las masas enceguecidas por una autoridad que se define como absoluta. Y la negación del conocimiento es también la negación del otro; es la negación de la existencia de otras culturas, otras razas y otras formas de vida. Para el fascismo dominar significa que sus seguidores carezcan de saber y de búsqueda del saber para continuar viviendo en el contexto de la irrealidad creada por su discurso.
Las humanidades sostienen en sus diversas disciplinas el pensamiento crítico. Se promueve y se practica la capacidad de pensar críticamente. Se forja a un sujeto que cuestiona a su alrededor, se pregunta, duda de las jerarquías. Un sujeto que por su actitud y su visión quiebra con el totalitarismo. Eso genera las humanidades. Eso aterra al fascismo. La naturaleza de las humanidades obstruye los oscuros propósitos de los líderes fascistas al crear un sujeto que piensa, que cuestiona las falsas propagandas, que no anhela a un líder que se asume como absoluto y todopoderoso. Un sujeto que de por sí que no será seguidor de las estrategias descritas por Jason Stanley.
Las humanidades proponen el diálogo como única posibilidad de intercambio de una práctica surgida del pensamiento crítico. El diálogo es la forma de interacción, no la ceguera ante las noticias falsas y la teorías conspiratorias; es el punto de partida, el punto micro para la existencia de una democracia que el fascismo busca destruir.
Asimismo, ese diálogo genera la presencia del otro y la aceptación de sus diferencias. Las humanidades quiebran la visión fascista entre “nosotros” vs. “ellos”, los elegidos vs. los desterrados. En las humanidades el otro, a través del respeto del pensamiento crítico, es parte de uno mismo. El otro es parte del mismo grupo y, así, el grupo se enriquece en diversidad, visiones, comprensión, entendimiento, en un ejercicio democrático l