Cinexcusas / Tres asuntos tres
- Luis Tovar @luistovars - Saturday, 21 Feb 2026 20:32
Avándaro: el eterno retorno
(II y última)
Autos, mota y rocanrol (José Manuel Cravioto, 2025) narra el antes, el durante y el inmediato después del mítico festival Rock y Ruedas en Avándaro, celebrado los días 11 y 12 de septiembre de 1971. Basado en las memorias de Justino Compeán, uno de los organizadores, el filme se centra en el proceso que hizo pasar al evento de una carrera automovilística con un preámbulo musical que se pretendía pequeño, a una monumental tocada rocanrolera considerada como “el Woodstock mexicano”, con notables consecuencias en nuestra vida social. Como bien se sabe, Avándaro fue satanizado –“orgía de jipis mariguanos” fue lo menos que dijo la pacata prensa de aquellos tiempos– y dio pie a una censura total que prohibió, durante muchos años, la realización de conciertos de rock en México. El filme se apega en alto grado a la información de dominio público –cuáles y cuántas bandas tocaron, qué empresas y por qué fueron patrocinadores, el probable número de asistentes, la reacción de pobladores y autoridades– y, en esencia, lo único que añade es el punto de vista intramuros, por decirlo así, de los organizadores. Debido a ello, el tono va de la conveniencia a la complacencia, en general dejando fuera la percepción y la mencionada trascendencia colectiva en términos sociales y, sobre todo, políticos.
Los apoyos y las leyes
El pasado lunes 16 se publicó en el Diario Oficial de la Federación lo que se anunció un día antes: habrá nuevos estímulos fiscales a la producción cinematográfica en México, que se suman a los apoyos ya establecidos. En palabras del colega Sergio Raúl López, que le ha hincado el diente al tema, “esta es una herramienta para la mediana y gran industria, para que los grandes proyectos no se vayan a otros países”, en virtud de las cantidades y las modalidades involucradas en el nuevo estímulo que, por cuestiones de dimensión, deja fuera no sólo al cine considerado independiente, sino prácticamente a la totalidad de los cortos y largos filmados por connacionales; para estos últimos sigue habiendo Focine, Eficine, ECAMC y otros programas. Poco antes del anuncio oficial, por su lado una buena cantidad de firmantes, igualmente miembros de la comunidad cinematográfica y audiovisual, demandaron algo que en este espacio se ha dicho desde hace muchos, muchos años: si lo que se quiere es darle al cine mexicano la verdadera posibilidad de competir con el extranjero en general y el estadunidense en particular, lo que se necesita es sacar al cine del TMEC o, más específicamente, consignarlo en ese tratado en calidad de lo que siempre ha sido y en 1994 se obvió: una industria cultural que debe ser protegida, es decir, que no debe ser tratada como una simple mercancía más. Mientras eso no suceda, no habrá estímulo ni modificación legal que baste, y punto.
Adiós a un gigante
También produjo y dirigió, pero a Robert Duvall, fallecido el domingo pasado a los noventa y cinco años, se le recordará por siempre como el extraordinario actor que fue. Debutó en Matar a un ruiseñor (1962), la clásica con Gregory Peck, participó en un centenar de filmes y ganó montones de premios, incluido el Oscarito, pero es unánime reconocerlo sobre todo por dos personajes: el Tom Hagen de El padrino y El padrino II, así como el coronel Kilgore de Apocalipsis Now, todas en la década de los años setenta del siglo pasado. Ni el gélido e impertérrito consigliere de Don Corleone, cumplidor a rajatabla de órdenes y discreto casi hasta la invisibilidad, ni el militar matarife de sombrero ranger y gafas oscuras, aficionado al surf que busca buenas olas en Vietnam mientras asesina poblaciones enteras, serían los mismos de no haber contado, para existir, con la notable capacidad de Duvall para apropiarse del personaje, darle voz y carácter propios y hacerlos verosímiles en grado máximo. Descanse en paz un gigante de la actuación l